Medinaceli Blues 3×32: ‘Postemporada’

Mientras aparece un nuevo monotema que lo sustituya, el monotema de esta semana es la Superliga, Florentino, el apocalipsis cíclico del fútbol, todo eso. Dice Florentino que lo atractivo de este deporte es que jueguen los grandes. Bueno. Lo atractivo del fútbol son muchas cosas, y desde luego el Albacete-Mirandés no fue una de ellas. Lo atractivo del fútbol es, para mí y no sé para cuántos más, que la pasión que levanta no reside tanto en la estética y el espectáculo como en la identificación. El fútbol es bicéfalo: como fenómeno, levanta pasiones; como industria, mueve mucho dinero. Las dinámicas del capitalismo concentrado parecen conducir desde hace un tiempo a la implantación de modelos como el de la Superliga a corto-medio plazo. Esto producirá múltiples choques: culturales, generacionales, sentimentales, objetores de conciencia, en fin; por otra parte, el mismo terremoto mediático que nos agita estos días no es sino el fruto de la colisión tectónica entre los bloques enfrentados por el control del negocio del fútbol. Por ello, y volviendo a la cuestión de la identificación, no siento la menornecesidad de tomar partido por magnates como Florentino,ni por instituciones probadamente corruptas como la UEFA, la FIFA y sus prebostes, ni por señores feudales de la televisión. El asunto está lejos de ser resuelto. Yo me identifico con el Albacete Balompié. Primero, porque es el equipo que escogí hace muchos años. Segundo, porque soy albaceteño. Tercero, porque a menudo son muy malos; ahí la cosa se vuelve totalmente personal. Lo más atractivo del fútbol no son pachangas como el Albacete-Mirandés, cierto. Lo atractivo de este deporte es que una banda como el Albacete le pueda ganar los dos partidos de liga al Mirandés. Y, si hay una competición de nueva creación capaz de quitarme el sueño ahora, no es la Superliga. Es la Primera RFEF.

Contaba Luis Castelo en su tertulia que el vestuario se ha conjurado para afrontar las últimas ocho jornadas como una temporada nueva, una temporada aparte, una temporada salvable. Dado que no es aún pretemporada, por más que fuera ese el sabor del Albacete-Mirandés, pero tampoco parece ya temporada propiamente dicha, podría hablarse de postemporada. Una liga de ocho partidos de los que el Albacete deberá ganar seis, quizásiete —ya va uno, en cualquier caso—, o, evocando las palabras del profeta: volver a ser «el equipo que más puntúa de las últimas jornadas». La otra vez que consta que este vestuario se conjurase fue para salvar la cabeza de López Garai. No llegó a durar ni una semana. Igual conviene conjurarse antes. O no. Yo qué sé.

 

El Rayo, que a diferencia del Mirandés sí se está jugando algo y sí que tiene aún temporada propiamente dicha por delante, espera al Albacete en lo que se siente como el enésimo duelo entre ambos equipos de los últimos años. La vida es eso que sucede entre Albacete-Rayo y Rayo-Albacete, unidad de tiempo que más o menos equivale al paso (con su consiguiente destitución) de dos entrenadores por el banquillo del Lugo. En esta ocasión, el ambiente se asemeja más que nunca al de 2011, cuando el Alba de Mario Simón llegó a Vallecas tras ganar al Salamanca y colocarse a siete puntos de la permanencia a falta de diez jornadas. Obviamente, algo como lo de aquella tarde de abril es difícil de repetir —a favor del Albacete, me refiero—. Pero lo atractivo del fútbol, más allá del aliciente de ver a Neymar, Haaland, Mbappé y Lucas Vázquez enfrentándose veinte veces en un mes, es precisamenteque la épica y la lírica siempre se presentan cuando menos se las espera, y casi siempre sin importar lo mucho o poco de lo que puedan servir después. El domingo Pedro Sánchez remontó él solo para el Hércules el 1-0 inicial del Cornellà con dos goles olímpicos. Hasta entonces llevaba cero. Y cero asistencias. ¡Qué lateral derecho se inventóLucas Alcaraz!

You must be logged in to post a comment Login

Deja tu comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.