Medinaceli Blues 3×31: ‘Cuando todo esto acabe’

El Albacete ha sido el Juan Palomo de su merecidísimo descenso. Evocando aquel gag de Los Simpson, a este equipo dan ganas de decirle «¿No puedes estar noventa minutos sin hacer el ridículo?», pero sabemos la respuesta, no, no puede; por eso ya se presenta en cada jornada que le queda simplemente a descubrir cuántos minutos dura, por eso es tan fácil jugarle y ganarle al Albacete, por eso ha perdido más de la mitad de sus partidos, por eso ya da todo igual. Porque no hay que hacer nada, sólo esperar. Cuando el momento llega, el rival marca y gana, como un cupón de gasolinera, y al aficionado sólo le queda adivinar quién la ha cagado en esta ocasión. Y así el Alba se derrota solo, así se desciende solo. Es verdadera autarquía.

Y bien, entonces ¿cuántos minutos esta vez? En La Rosaleda fueron pocos, apenas veinte, por suerte para los que ya no tenemos ganas de adornar el paripé. Existe, claro, la opción de directamente renunciar a completarlo, pero prefiero que mi reducido círculo social despeje sus dudas sobre la clase de persona con la que tratan. Hay pocas cosas que celebrar en la temporada del 80 aniversario, desde luego el ascenso del Funda parece que no será una de ellas y el del filial se ha complicado tras palmar en Toledo. Si no hay nada que celebrar, reuniré todo el odio, el asco y la rabia que sean posibles viendo los ocho partidos restantes del Alba para así provocarme tal explosión de alivio el 30 de mayo que no me quede más que salir a la calle a festejar como un título el final de esta mierda. Sí, será como meterse los dedos; todo lo concerniente a este año resulta muy desagradable, los símiles se imponen de forma natural.

 

Tras la desidia exhibida en Málaga, el debate principal entre la parroquia se centra en la cuestión de un cuarto y último entrenador, que podría formularse así: ¿Debe el club tratar de mandar un último mensaje de interés por salvar el año a la desesperada, de cara a la afición y a los propios jugadores, aunque bajo cuerda ya se esté trabajando en el proyecto futuro? Supongo que, si la propiedad decide morir con Menéndez —cada día más abatido y ya casi avergonzado al decir esas cosas que el guión no escrito del fútbol le obliga a decir—, será el reconocimiento tácito de que dan la temporada por finiquitada. Pero los designios de Kabchi, como los de cualquier entidad superior que todo lo domina y todo lo dispone sin hacerse ver, son ciertamente inescrutables. Ah, de algo hay que hablar cuando la pelotita no da más de sí.

El coronavirus state of mind se ha impuesto en el presente de la afición del Albacete: noto que cualquier cosa que leo o que yo mismo pienso sobre nuestro club parte de la premisa «Cuando todo esto acabe». Y es lo más normal, porque este presente no hay quien lo aguante y la única salida la ofrece la imaginación, aunque en el fondo sepamos que nada nos asegura que las cosas realmente vayan a ir mejor «cuando todo esto acabe». Pero es cierto que ahora eso no importa demasiado, que nos conformamos con poder volver al campo, con ver a los nuestros, con arrancarnos el embudo de la garganta y dejar de tragar mierda después de más mierda. Nos conformamos con lo justo. Un domingo que amanece soleado, precioso, pura exaltación primaveral, terracita, compañía —«paraísos de perfil bajo», según descripción de Pantomima Full—, la promesa de tantos planes cuando todo esto acabe, el impulso de levantarte y abandonarlo todo porque son casi las dos y juega el Albacete contra el Mirandés y eres exactamente esa clase de persona.

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