Medinaceli Blues 3×30: ‘Matar el tiempo’

Y por fin se obró un milagro, aunque no el que hubiese deseado: logré ver, siglos después de la última vez, un partido del Albacete sin ninguna tensión. Bueno. ¿Ninguna, ninguna? ¿Seguro? Una poquita más, eso sí, de la que necesitó el Espanyol para llevarse los puntos del Belmonte. El líder vino, vio y venció con aún menos esfuerzo que tensión. Los goles se cayeron de maduros, casi sin querer, casi sin buscarlos. El guión previsto se cumplió quizá de la forma más ramplona posible, pero se cumplió. Las victorias de los rivales directos hicieron el resto y el Alba ya contempla la quimera de la salvación a siete puntos desde un ángulo nadir. Estamos jodidos, estamos jodidos, estamos jodidos. Este mantra repetido por Tomeu ante los micrófonos después de la derrota no es el mejor resumen posible: es el único resumen posible.

Durante la cuarentena, Raúl de Tomás publicó una foto suya sentado frente al caballete en el patio de casa, retratado como el pintor de la alegoría de Vermeer pero componiendo sobre el lienzo un dibujito que podría pasar por cualquier de esos que suelen presentar los niños a los concursos del colegio, el Ayuntamiento o la Diputación Provincial. Hubo risas, claro. En la cabeza de Raúl debía ser espectacular. Cada vez que Menéndez defiende que estamos bien, que competimos bien hasta tal o cual minuto, pienso en el lienzo de RDT. En ese dibujo simpático, amable, sin duda bienintencionado, pero que no por ello deja de ser lo que es. El dibujico de un niño. No es Vermeer. Ni siquiera se acerca a los churretones de Pollock. El Alba aún podría salvarse si gana, como mínimo, cinco de los nueve partidos que le quedan. ¡Quién sabe! El domingo por la tarde yo iba más lejos y le decía a Alejandro que podemos permitirnos perder también contra Málaga y Mirandés, porque ganando los últimos siete nos daría para sumar los míticos cincuenta puntos. Clavaos. En nuestra cabeza siempre es espectacular todo.

 

Aquellos días se hacían eternos, supongo que RDT sólo quería matar el tiempo y pintar un rato sin pretensiones y de paso posturear un poco en Instagram le pareció buena idea. Matar el tiempo, de eso se trata cuando no hay otro remedio. Siento que la mayoría de los aficionados ya sólo esperamos que nuestro equipo muera matando mientras nosotros matamos el tiempo hasta encontrar nuevos motivos, o nuevas fuerzas, para ilusionarnos. Horas antes del trámite frente al Espanyol, el Atlético Albacete arrancaba la segunda fase de la temporada en Tercera División. Se trata de una liguilla de seis equipos en la que se arrastran los puntos y demás números de la fase anterior. Nuestro filial debe jugar a ida y vuelta contra Marchamalo, Toledo y Torrijos. Este último fue el primer rival en visitar la Ciudad Deportiva y, contra pronóstico, ganó 0-1. A pesar del palo, al equipo de Mario Simón le quedan cinco jornadas y sus buenos resultados previos mantienen intactas las opciones: si queda primero o segundo ascenderá directamente a Segunda RFEF, la nueva cuarta categoría del fútbol español. Y si no, aún tendrá la última bala en forma de eliminatorias. Si los que estamos superados por la miseria de esta temporada tenemos que matar el tiempo de algún modo, podemos hacerlo viendo a esos chavales pelear por un ascenso con nuestro escudo en el pecho. Aunque no sea el ascenso que soñamos. Aunque horas antes u horas después tengamos una cita con los últimos coletazos del triste Albacete Balompié al que ya sólo pedimos que, si va a morir, al menos muera matando.

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