Capitulo 18: ‘Ofensivo’

En la primera foto que vi en 2020 salía mi pana Andrés con Robert Ergas de ciego en plena Concepción. En la última aparecía el mismo Robert Ergas besando un trofeo: había salido campeón del Clausura en Paraguay con Olimpia. Meses antes salió campeón del Apertura en Uruguay con Rentistas. Para que luego digan del 2020. El peor año de la historia o no sé qué. Robert Ergas se descojona del 2020 y de lo que se le ponga por delante. Bicampeón sin jugar por lesión mientras en el Carlos Belmonte Nahuel Arroyo le homenajeaba emulando aquella ruleta que lo hizo inmortal un mediodía de Feria. Empieza fuerte 2021. Cómo promete 2021.

Al dar entrada a Nahuel, Menéndez hizo un cambio ofensivo; a mí desde luego me ofendió muchísimo. No fui el único, ni entre los aficionados ni entre la propia plantilla. Cuando anunció que vendría un entrenador capaz de agitar el vestuario, Toni Cruz no nos engañaba: en apenas tres jornadas, aunque seguimos hundidos en la miseria, ya hay jugadores que se animan a contestar con indirectas tuiteras a las perlas del míster en sala de prensa. No tardó Liberto en recoger cable y borrar, pero la hemeroteca, igual que los números del Albacete, no engaña ni perdona. A excepción de Álvaro Jiménez, los extremos de Mauro Pérez —ese Cid funesto que sigue lastrando al club meses después de dimitido— vagan entre el ostracismo, el ridículo y el quirófano, pues había que cubrir la cuota anual de lesionados crónicos del Cádiz como quien paga un impuesto revolucionario por la mano de Bodiger. No es la única demarcación en la que ocurre. El peor Albacete de la historia es un zurcido de elementos supuestamente profesionales en el que unos parece que pueden y no quieren, otros quieren y por desgracia no pueden y muchos, demasiados, no saben. No se puede deshilachar todo el trapo y empezar a tejer desde cero, pero del mercado invernal cabe esperar algún remiendo. Tana, canario de seda despedido por Las Palmas acusado básicamente de ser un golfo, es el primer refuerzo de este Albacete plagado de futbolistas de esparto. No tendrá muy difícil ser titular y brillar mientras pueda trotar sin asfixiarse y le apetezca superar el tópico «talento excepcional traicionado por su mala cabeza». Las discotecas, de momento, permanecen cerradas. Un drama para muchos empresarios locales, quizá una señal del cielo para Tanausú.

 

El Albacete sumó contra el Málaga un punto que en la situación actual es sinónimo de nada. En una inversión de los papeles habituales, fue el Alba quien igualó, de penalti y en apenas dos minutos, el gol rival; aquí la tradición albacetista sí se había respetado al máximo con el arriesgado pase atrás de Fuster que la desidia y la lentitud de Kecojevic terminaron de convertir en asistencia para Jairo. El Málaga, plagado de canteranos, se fue creciendo al comprobar la insultante facilidad de crear peligro por la parcela en la que Eddy y Caballo, un día más, perpetraban sus habituales crímenes contra el deporte. Karim provocó una última falta que bien podría haber transformado en derrota un empate que supo a eso mismo. El Albacete debería ganar la mitad de los veintidós partidos que le quedan y empatar alguno que otro —o lo que es lo mismo, firmar números de play-off y casi de ascenso directo— para alcanzar una puntuación de permanencia. No sé si le puede exigir algo así a un equipo que a duras penas ha sumado 15 puntos en 20 jornadas. Sí se le puede exigir descender, llegado el caso, habiendo conservado un mínimo de dignidad, habiendo presentado una mínima batalla. Esto es, de hecho, lo único que exige ya una afición demasiado cansada de todo.

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