Capítulo 15: ‘El dado’

Los sufridos lectores de la novela de Aritz López Garai como entrenador del Albacete, aunque ya conocíamos de sobra el final desde el capítulo lucense, no esperábamos el punchline tan simbólico que nos tenía reservado el párrafo de cierre de la obra. El Albacete de Aritz, que comenzó devolviendo las victorias y los puntos al Carlos Belmonte mediante goles de defensores para sustituir la incapacidad de sus delanteros, selló su última y definitiva derrota con el gol en propia puerta de un defensor. Un giro simple, sin duda poco innovador dentro de la larga trayectoria experimental y rupturista del género Albacete Balompié, pero efectivo para sazonar con un mínimo de morbo lo previsible del desenlace.

Acabó así la novela de Aritz, un folletín de doce entregas cuyas cuatro primeras prometieron algo fresco y entretenido que se derrumbó en picado a partir de la quinta, encadenando desde entonces una sarta tan triste como aburrida de viejos tópicos y lugares comunes con personajes mediocres, planos y en muchos casos irritantes. La novela de Aritz ha dejado un regusto desagradable de tiempo desperdiciado, como ya sucedió con la breve segunda parte de Lucas. Mientras tanto, el protagonista de todo, el Albacete Balompié, continúa como un pecio encallado en la llanura abisal de Segunda. Su último punto se lo regaló el aguacero que convirtió el tapete de El Molinón en una piscina impracticable, el peor aliado posible para un equipo como el Sporting y el mejor para una banda indefensa y sin argumentos futbolísticos entrenada por un destituido en diferido. Tras pecar de obra en Cartagena y Lugo, arruinando su esperanzador comienzo, Aritz se abandonó al pecado de palabra y de omisión. El ansiado finiquito se le resistió una semana más de lo previsto, paripé de ratificación por parte de la plantilla aparte, a causa del inesperado movimiento en los despachos —se retira Mauro Pérez, entra Toni Cruz, cambio natural, canario por canario—, del compromiso intersemanal en Gijón y de la dificultad de encontrar un sustituto ajeno a la casa (la casa es siempre la opción Z) dispuesto a asumir el marrón por el sueldo que aún pueda ofrecer el club. No obstante, todo llega en esta vida, y Aritz al fin pudo respirar tras el autogol liberador de Kecojevic. Sólo le queda cobrar, justo a tiempo para las fechas navideñas donde los gastos se disparan, y esperar que Parri siga conservando su talento para colocar; ayer los balones en la escuadra, hoy los representados.

 

La silla vacante caerá en manos de un entrenador sin experiencia en Segunda División al que la dirección deportiva justificará por cualidades como «ser incansable», «tener mucho contenido» o sentir que está ante la oportunidad de su vida mientras obvia explicar lo que ya sabemos: que se recurre a este perfil porque es el único que el club puede permitirse. No hay más cera que la que arde en este Albacete Balompié que se jugará su futuro tirando un dado en el que cinco caras indican descenso y sólo una salvación. Con el coloso en llamas y descartados los bomberos habituales, recibe la manguera uno que no se ha enfrentado aún a incendio semejante. Frenar la extensión del fuego en las dos jornadas que aún depara este horrible 2020 y confiar en la capacidad de Toni Cruz para reparar la desastrosa planificación de su predecesor mediante ingeniería de bajas y altas parece una tarea titánica. Hasta las acciones más asequibles se antojan imposibles para un Albacete que ni siquiera cuando hace partidos dignos —el listón está bajo— tiene la suerte de su lado para eludir los golpes. La amplia experiencia en el fracaso nos enseña que los descensos rara vez nacen como hongos, siempre son fruto de una acumulación continuada de despropósitos a lo largo del tiempo que un año cristalizan con toda su fatalidad en mitad de una coyuntura especialmente desfavorable.

El Albacete vaga de derrota en derrota sin que se atisbe la victoria final, sino todo lo contrario. El tercer entrenador de la temporada, sea quien sea, pasará con la misma pena que los anteriores u obrará un milagro sin precedentes en la historia del club. Me da igual su nombre, su poca o nula experiencia, su capacidad presunta o probada. Sólo me importa ya el escudo. Sólo una de las seis caras del dado indica salvación. Muerta la expectativa, queda la contemplación. Olvidada la ilusión, resiste la militancia. Aúpa Alba. Por encima de todo.

One Comment

  1. Pingback: 3×15: El dado – Agorerismo mesetario

You must be logged in to post a comment Login

Deja tu comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.