Capítulo 11: ‘0-0=+1’

Cumplidos 645 años de la concesión del privilegio de villazgo por parte del primer marqués de Villena, el Albacete sigue en puestos de descenso. Como ser humano que ha pasado la mayor parte de su vida rebuscando el nombre de su equipo en la mitad baja, cuando no en el fondo, de la tabla clasificatoria (antaño en el teletexto o los papeles, hogaño en imágenes de Twitter o alguna aplicación de Android), habito en una constante impresión de inmutabilidad. No parece que la temporada 20/21 vaya a ofrecer ya ninguna sorpresa a este respecto, realidad de sobra asumida desde el primer momento, desde la renovación de Lucas Alcaraz. La ilusión bajo cero, la pasión intacta a pesar del destierro indefinido de las gradas, el único objetivo la salvación, como siempre. Pocas veces quedaron más claramente dispuestos los naipes sobre la mesa en menos tiempo. Acogimos escépticos pero con renovado gusanillo los primeros partidos de la era López Garai. Hubo dos victorias balsámicas y otros dos empates con sabor desigual. Nuevas pinceladas atisbaban un camino diferente al transitado hasta la fecha, un camino mejor y más productivo, incluso más divertido. Llegó la debacle de Cartagonova y Aritz pareció caer cautivo del miedo. Después de que un recién ascendido le barriese del escenario, contra el recién descendido optó por rizar el rizo y añadió un defensa central más a su esquema, mermando el mediocampo —en particular la banda izquierda, donde la ausencia de algún futbolista como Liberto brilló para mal más que nunca— y aislando ¡todavía más! a Zozulya. ¿Se defiende mejor con más defensas? Algunas veces. Pero ya sea con cuatro, con cinco o con once tipos colgados del larguero en sentido homenaje al mamífero de nuestra heráldica, ayuda bastante que el rival no acierte a dirigir sus disparos entre los tres palos y la madera te guiñe el ojo en el momento justo. López Garai arregló su desaguisado táctico en el descanso sentando a Boyomo y creyó oportuno no mover ya el banquillo hasta los minutos de la basura. De este modo, con un defensa menos y un centrocampista más, el Albacete defendió igual pero también atacó igual. Pasado el círculo central, sólo Álvaro Jiménez, corriendo contra el mundo, encarando un pepinero tras otro con toda su voluntad pero menos gasolina en cada acometida, daba alguna señal de vida local en campo del Leganés, condenadas al desvanecimiento ante la ausencia de socios. Fuster y Chema sumaron cero minutos entre ambos. Zozulya peleó, como cada semana, su propia guerra contra zagueros y árbitros y debió ver a su yo del pasado rematando a gol esa falta botada por Jiménez a la que su yo del presente no llegó por un par de centímetros. Todos lo vimos. Nadie, puede que tampoco él, se sorprendió ya. Tampoco cuando llovió del cielo una falta en la frontal en el último minuto del descuento y Jiménez la estrelló contra la barrera. Como si fuese Manaj y en ese lanzamiento decisivo residiera la última oportunidad de forzar la prórroga, estirar el sueño, vivir. ¿Quién la hubiese mandado para dentro? ¿Karim, tal como demostró ser capaz en pretemporada? Quizá. ¿Gus Ledes? Seguro siempre y cuando se tratase de la portería contraria. Al final, en sintonía con los más de 90 minutos precedentes, la nada. Cumplidas 11 jornadas y sumados 10 puntos, el Albacete sigue en descenso. Arañar un empate al Leganés siempre es algo, sobre todo cuando se sale a no perder. Ser el Albacete, salir a no perder un partido y, en efecto, no perderlo es cosa muy seria. Muchos otros antes que Aritz fracasaron en el intento. En fin, puede pasar por una vez. Pero convertirlo en el nuevo camino a seguir, olvidando el que se había iniciado antes de Cartagena, sería una decisión fatal.

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  1. Pingback: 3×11: 0-0 = +1 – Agorerismo mesetario

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