Capítulo 10: ‘Take me home, country roads’

Estas semanas precedentes hemos tenido una vorágine informativa inaudita sin precedentes. Desde la dimisión de Bartomeu hasta las elecciones del Imperio Yankee. Ambas cuestiones se pueden relacionar con el presente y el pasado de nuestro amado club: el Albacete Balompié. El motivo por el que algunos lunes estoy más serio, sobre todo si los chavales han hecho un partido vergonzante. No es el caso de esta semana. Ahora iré con el partido del viernes.

Bartomeu y su Junta han dimitido para no enfrentarse a la vergüenza torera de una moción de censura. La moción de censura es una figura perfectamente válida en nuestras democracias en caso de que una mayoría parlamentaria crea que el Gobierno de algún país no cumple con sus funciones.

 

La única vez que un Presidente del Albacete se ha enfrentado a una moción de censura fue en el verano de 2009. Ubaldo Gónzalez Garrote, conquense de familia chinchillana, se enfrentaba a Rafael Candel en una moción de censura, tras dos años en los que nuestro club se enfangó en demasiadas disputas con demasiada gente. Algunos incluso que elevaron a este club al cielo en los años 90. Garrote salió perdiendo, en resumen. Pero en Aupaalba.es no me corresponde a mi escarbar en el pasado del Alba. Yo lo hago en otro sitio.

Esta semana visitaba el templo el Club Deportivo Leganés. Leganés es una ciudad especial para mí. Si hay un equipo al que quiero que le vaya bien en cualquier categoría, son lo pepineros. Ciudad dormitorio madrileña, siempre a la sombra de capital. Hasta los años 50-60, un pueblo lleno de huertas de pepinos. Fue entonces cuando la burguesía madrileña y los empresarios industriales dijeron “necesitamos mano de obra barata, campesina a ser posible”. Y allá que fuimos manchegos, andaluces y extremeños a levantar Madrid.

Mi historia de simpatía con el Leganés comienza en el año 2000. Un día de verano vino a Villamayor una familia con dos hijos: Paco y Juan. Ellos madridistas yo… bueno, no. Por aquella época, el barrio dónde vivía era un hervidero de chavales que jugábamos hasta las 3 o 4 de la madrugada. En esas conversaciones fue dónde le fui tomando cariño al club blanquiazul. Cada vez más, durante cada verano quería saber más del equipo del que hablaban con pasión. Para ellos el Leganés era el mejor club del mundo, aunque después eligieran el Madrid. Ahí fue dónde tuve mis primeros debates sobre fútbol que en nada tenían que envidiar a los de “El Chiringuito de Jugones”; programa que mi “religión periodística” me impide ver. Pero esa es otra historia.

El Leganés tiene más cosas en común con nuestro ‘Alba’ de lo que parece: Daniel Grinbank fue su ‘Calabastro’ particular. Llenó el equipo de argentinos de dudosa calidad y bajaron en 2003, aunque la desaparición del Compostela les allanó el ascenso virtual en los despachos. Bajaron en 2004, ya sin remedio. De Grinbank nada se supo y tanto el cómo Pekerman se largaron. El que lo sufrió fue el club y tardaron 10 años en volver a categoría profesional. Si, en el 2014 tuve doble alegría.

Yendo por fin al fútbol del viernes, en primer lugar decir que Aritz López Garai se pegó un tiro en el pie. Algunos cuando vimos la alineación pensamos ilusos de nosotros ¡Lo de Cartagena fue un espejismo! ¡Sale con tres defensas! La realidad supera a la ficción, los tres defensas se convirtieron en cinco. El partido fue un partido: anodino, soso, insulso, pesado… pongan ustedes los sinónimos que quieran.

Garai traicionó a su propia filosofía. Yo que soy un enamorado del fútbol de la escuela holandesa de Rinus Michels en los 60 que llevó al summun Johan Cruyff en los 90, y Pep Guardiola en el final de la primera década de este siglo, no entiendo que hizo el baracaldés. No entiendo el no uso de jugadores técnicos como Chema Nuñez y Fuster. Vale no son ni Erling Haland ni Kylian Mbappé pero en partidos trabados como el de viernes necesitamos algo de “magia”. Entiéndase “magia” como hacer algo más con el balón que pegar pedradas desde el centro de la defensa o centros a ninguna parte desde la línea divisoria. A ver si se recupera Carlos Isaac pronto y añade profundidad y sentido a las jugadas por banda

El partido fue como el conteo de las elecciones americanas: lento, impreciso, con incertidumbre. Precisamente la incertidumbre era lo que te mantenía pegado a la pantalla, porque si llega a ser por las ocasiones en ataque… Eso y que juegan los que representan a tu tierra, sino lo hubiese quitado a la media hora.

Para no pegarle tantos palos a Aritz veré el vaso medio lleno: jugábamos con uno de los aspirantes al retorno a Primera, que tiene en sus filas a dos jugadores ‘Diamanka’. Para quien no me haya leído antes (es un pecado, perdonable, pero pecado) un jugador ‘Diamanka’ es uno que por su calidad me gustaría que vistiera la camiseta del ‘Alba’. El Lega tenía principalmente dos: Gaku y José Arnaíz.

Tengo una anécdota de José Arnaiz: hace unos años con el Patrocinio de Talavera jugó en mi pueblo: nos golearon 1-6 e hizo dos o tres jugadas yéndose de tres.

Lo mejor del fútbol modesto es el ‘tercer tiempo’ con los jugadores. Hablas de los rivales que nos han visitado o de los pueblos que visitaban. Además tanto a jugadores como a aficionados, el partido del sábado nos sirve para poner un punto de orden en nuestras vidas. La vida es eso que pasa entre ‘tercer tiempo y tercer tiempo’. O lo era antes de la COVID-19

El Leganés si hubiese tenido 100% de efectividad se hubiese ido con un 0-2; si el larguero del talaverano que me impresionó aquel día hubiese entrado, y si un tiro hubiese más centrado en vez de irse a la izquierda. Pero en el fútbol no valen los “y si…”

Leganés y el Club Deportivo Leganés representan bellos recuerdos en mi vida. Las horas nocturnas despreocupadas en las que sólo pensabas en jugar y divertirte. Los amigos que ya no ves y que al igual que tú como en la canción de “Celtas Cortos” ‘20 de abril “Ya no queda casi nadie de los de antes, y los que hay, han cambiado…”

Una patria chica que no sé cuándo voy a pisar. No sé cuándo voy a volver a ver esas llanuras tan nuestras. No sé cuándo se me va a llenar de Orgullo Manchego el pecho al ver la Iglesia en la lontananza. No sé cuándo voy a ir al templo a veros a vosotros, mis hermanos futbolísticos. Darle unos cuántos besos y animar por la situación del Funda a todas sus compañeras, pero especialmente a Vanesa Lorca (y tomarme unas cervezas; el tercer tiempo, ya sabes Vane)

Me siento identificado con la letra que cantó John Denver en 1971 cuya letra dice (adaptada, claro)

Caminos rurales

Llevadme a casa

Al lugar dónde pertenezco

Castilla La Mancha, tierra amada

Llevadme a casa, caminos rurales

Cuando termina cada verano siempre me siento como Harry Potter en el final de “La Piedra Filosofal”, cuando Hermione le pregunta “Se hace duro volver a casa ¿A que sí?” “Yo no vuelvo a casa, no lo creo”.

Y con esto me despido de mi esquina, vuestra esquina, hasta la semana que viene.

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