Capítulo 3: ‘No son gigantes’

Hemos bromeado demasiadas veces con la comparación entre el Albacete Balompié y una banda terrorista, de hecho los fines de semana Ernesto ya directamente me pregunta a qué hora es “el terrorismo” esta vez, el partido del Alba ya es “el terrorismo” y punto; cría fama y échate a dormir. Pensaba en ello porque Septiembre Negro, amén de un nombre cojonudo para un grupo terrorista, quizá sea también la mejor manera posible de referirse al inicio de temporada de nuestro equipo, nuestra banda, nuestro oscuro objeto de desvelo. Con los casilleros de puntos y goles a favor aún por estrenar después de tres jornadas no se duerme demasiado bien. Pero de momento conservamos cierto humor. Para muestra otra broma, recurrente estos días (en exceso coyuntural, abocada por tanto a un rápido olvido), que plantea nuestra evidente mejoría de resultados: 3-0, 0-2 y 1-0, ¡lo tenemos todo de cara para sumar el primer empate a cero! Ah, siempre hay algo positivo, decíamos, aunque sea trate de un positivo por coronavirus en la plantilla. Humor ramplón, humor negro, como septiembre y como Boyomo. Porque, después de todo, es cierto: siempre hay algo positivo. En Fuenlabrada perdimos otro partido y otro buen puñado de ganas de ver fútbol, pero pudimos haber ganado un central.

Flavien-Enzo Boyomo, la última esperanza blanca en bicicleta o bien la prueba de lo peligroso de una situación que da pie al debut de un chico de 18 años fichado para el equipo filial, fue en efecto de lo poco que la afición consiguió rescatar entre el amasijo de frustración general. A Sandoval le bastó ordenar atención máxima a las segundas jugadas y cubrir a Álvaro Jiménez para neutralizar el paupérrimo plan del Albacete. Con un centro del campo inexistente (Silvestre prófugo de toda responsabilidad, Fuster castrado en la banda, Núñez en el banquillo) y sin mayor desarrollo que el envío indiscriminado de misiles tierra-aire hacia dos puntas más suplementarios que complementarios cuyos sueldazos Nescafé no hacen, al revés de lo que parece creer Alcaraz, que ocasiones y goles se materialicen por ciencia infusa, el Alba aguantó el tirón frente a un Fuenlabrada que demostró superioridad en cualquier aspecto individual y colectivo. Así y todo, se escamoteó un penalti claro que pudo cambiar el rumbo de la noche. O no. Ya da igual, pues lo que sí se pitó fue una falta lejana que Pathé Ciss transformó en gol, EL gol. Más allá, el vacío. Minutos interminables, cambios que no cambiaron nada, almas en pena, preguntas, decepción. Un debutante adolescente con buenas maneras pero mucho camino por recorrer todavía como única incidencia a destacar en un conjunto aturdido y paralizado. Sería fantástico si casi todo lo demás no fuesen malas noticias y una profusión de partes de bajas propia de una guerra. Sería esperanzador si no existiesen tantos frentes abiertos.

 

Aunque la plantilla permanezca incompleta, ¿no hay en ella recursos para proponer un plan de juego algo más elaborado e inteligente? ¿No es acaso posible recuperar esa intensidad que caracterizó las actuaciones más dignas del Alba de Lucas, esa presión en campo rival, esa concentración en el propio? ¿Son gigantes todos nuestros adversarios de esta Liga, como han parecido hasta ahora Espanyol (esperable), Ponferradina y Fuenlabrada? ¿Seremos siempre molinos nosotros, tan lentos, tan antediluvianos, tan previsibles? Puede que a este Albacete le falte fichar uno o dos mediocentros, un delantero rápido y diferente, y puede que sigamos esperando eternamente la curación milagrosa de Gorosito para que la zaga vuelva a tener un caudillo, puede, puede; sólo el beneficio de la duda que debe acompañar los comienzos de cualquier cosa actúa como dique de contención frente al alarmismo, el miedo y los nervios que vuelven a acechar detrás de cada semana de malos resultados y peores sensaciones. Entretanto el beneficio de la duda agota sus últimas semanas antes de ceder definitivamente el sitio a la sequedad de los hechos, apenas podemos hacer otra cosa que fantasear con fichajes trascendentales en la última hora del mercado, con ganar al Oviedo… o con Boyomo reescribiendo el mito de la tierra que lo acoge, un Boyomo a lomos de su bicicleta embistiendo a los rivales mientras les grita a su entrenador y compañeros “¡No son gigantes, sino simples futbolistas!”. No, no son gigantes. Y algunos, por ejemplo, no son más que cabrones con pintas. Como Iban Salvador.

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