Capítulo 42: ‘Elige la vida’

Foto: Josema Moreno / Quesomecanico.com

Elige la vida. Elige un juego. Elige el fútbol. Elige un equipo. Elige un ídolo. Elige descubrir pronto que tu equipo no es tan bueno ni gana tantos partidos como creíste y que tu ídolo va a marcharse a otra parte sólo para ganar más dinero. Elige crecer acostumbrándote poco a poco a la decepción y la mediocridad. Elige conocer la épica chusquera pero excitante de las salvaciones agónicas. Elige un descenso. Elige dos, incluso tres. Elige reencontrar la ilusión en una categoría inferior. Elige chocar con el muro del play-off y que toda esa ilusión se despeñe por un barranco de 11 metros. Elige crear un trauma personal y dar forma a una maldición a raíz de aquel suceso en aquel lugar concreto. Elige seguir adelante, alternando unas pocas alegrías con demasiados sinsabores mientras en el mundo real que se extiende más allá de un rectángulo verde, sin darte cuenta, vas haciéndote adulto y asumiendo unas responsabilidades para las que no estás preparado.

Elige la enésima temporada que se tuerce por el camino. Elige una plantilla descompensada, cedidos que rinden por debajo de su nivel, déficit de talento y gol, espejismos de victorias mínimas que esconden problemas serios que explotarán más tarde. Elige vender lo más parecido que tienes a un goleador porque el míster no aguanta su mala cabeza apenas unas semanas antes de despedir a ese míster por los malos resultados. Elige remediar tus carencias sólo a medias en el mercado invernal. Elige avanzar dando pequeños saltitos por una cuerda suspendida sobre el vacío. Elige reconvertir a un atacante veterano en lateral derecho porque el único jugador fichado para esa posición no tiene suplente y ha costado algunos puntos decisivos. Elige hundirte a falta de dos partidos. Elige verte muerto. Elige marcar 4 goles después de no haber marcado más que 31 en todo el año para ganar en la penúltima jornada, elige salvarte de penalti en el minuto 90 de la última. Elige saldar la cuenta de tu trauma de adolescencia gracias a ese penalti aunque haya pasado casi una década y ya nada tenga que ver con entonces. Elige celebrar otra permanencia milagrosa. Elige guardar ese momento en el cajón de los negativos que serán montados y proyectadosante tus ojos justo antes de morir.

 

Elige poner el contador a cero cada verano y prepararte para el enésimo autoengaño. Elige un balón como cuerpo alrededor del que orbitan tu tiempo y tu pensamiento. Elige zambullirte en el calendario y condicionar vacaciones, fines de semana, horarios, sólo para ajustarlos lo mejor posible al curso de la temporada. Elige un perfil en una red social desde el que comentar partidos, juzgar fichajes, descargar tu ira, tu odio y tu frustración cuando algo no suceda como esperabas, compadrear con otros infelices como tú y sentirte algo menos solo. Elige jugar a ser director deportivo, ojeador, entrenador, fisioterapeuta,representante, periodista. Elige planificar la plantilla. Elige despachar finiquitos y comunicar a los tipos que no soportas que tendrán que irse a atracar otros clubes. Elige contactar uno por uno a los futbolistas profesionales que anhelas y convencerlos de que tu proyecto es especial y más apetecible que cualquier otro de la misma categoría con presupuesto casi idéntico y que tu ciudad es especial y más apetecible que cualquier otra capital de provincia de tamaño medio. Elige pensar que vales para esto tecleando en la pantalla del móvil desde el sofá o el váter, elige pensar que vales para algo.

Elige demostrar una lealtad hacia tu equipo infinitamente más sincera e inquebrantable que la que hayas podido sentir jamás por la inmensa mayoría de familiares, amigos, parejas e ideologías que te han acompañado a lo largo de tu existencia. Elige no ocultarlo y apenas lamentarlo. Elige perder el contacto con decenas de personas a las que un día quisiste y creíste importantes para ti mientras no pierdes comba de una sola noticia, un solo rumor, un solo partido en decenas de años. Elige olvidar las caras y las voces de esas personas, los lugares que conociste y las cosas que sentiste junto a ellas mientras aún eres capaz de recitar de cabo a rabo la lista de dorsales de hace 15 temporadas sin dejarte ninguno. Elige sentar la cabeza con alguien en quien despiertas la suficiente lástima o, con suerte, el suficiente amor como para soportar a largo plazotodas tus estúpidas obsesiones relacionadas con el fútbol; elige tener hijos y transmitirles tu pasión desde que sonminiaturas dóciles e impresionables –poniendo en ello más esfuerzo que en cualquier otro aspecto de su formación–para que la hereden a tu muerte igual que heredarán tus deudas.

Elige traicionar a todo el mundo, a ti mismo y todas y cada una de tus convicciones, pero jamás traicionar un escudo.Elige convertir un juego en metáfora de tu psicología. Elige atarte para siempre a ciclos de nueve meses (si nomás) que envolverán tu paso por la Tierra en una bola de nieve de insatisfacción. Elige tropezar eternamente con el desengaño. Elige aferrarte a los goles que te hicieron feliz para no dejarlo, elige ignorar que nunca serás capaz de dejarlo. Elige no aprender de tus errores. Elige poner patas arriba hasta el último rincón de tu ser en busca de un pizca de ilusión renovada. Elige encontrarla sin esfuerzo. Elige la inocencia. Elige creer a ciegas que lo mejor aún está por venir. Elige tu futuro. Elige la vida. Elige Albacete Balompié.

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