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Aúpa Alba

Capítulo 36: ‘¡TIRA!’

Foto: LaLiga.

Sufrir al Albacete en temporadas como la 2019/2020, mejor dicho, todo lo que implica hacerlo en tales circunstancias, debe ser eso a lo que se refería José María García cuando proclamaba que “la fe no la voy a perder, pero me han quitado la afición”. No hay demasiado que decir y mucho menos que contar sobre lo ocurrido en El Sardinero la noche de autos del 27 de junio. La realidad supera a la ficción y el Albacete Balompié, insaciable, devora la realidad, la ficción y a sí mismo cada vez que se presenta la oportunidad de echar un pulso a los límites de nuestra capacidad de aguante. Lo gracioso del asunto es que siempre termina perdiendo en esa última batalla. El Alba es capaz de redefinir lo que es real y lo que es posible en el planeta fútbol y es capaz de engordar los pasajes más absurdos y patéticos de su propia mitología, pero nunca, a pesar de todo lo anterior, es capaz de vencer por completo la resistencia y las tragaderas de su parroquia. El Alba es capaz de quitar la afición a la afición, pero ni siquiera el Alba puede hacer que ésta pierda la fe. He aquí el único campo en el que este equipo no ganará nunca. Quizá seamos colistas en la mayoría de aspectos de nuestra vida, pero en el mantenimiento de la fe aún estamos invictos.

En los Campos de Sport volvimos a ver, después de tanto tiempo, a nuestras principales figuras del inicio de temporada. VAR y Penalti regresaron al once, pero acusaron la inactividad. Los tiempos han cambiado, para mal o para bien, y el Albacete no puede encomendarse en exclusiva a ellos para consumar la permanencia, sobre todo porque ya tiene otros faros para guiarse. La existencia es demasiado gris y nuestro equipo demasiado limitado para permitirse el lujo de no explotar al máximo la combinación de talento que florece cuando Manu Fuster y Chema Núñez coinciden sobre el césped. Sin el primero, el segundo fue un alma en pena durante ese primer tiempo que ya forma parte de la historia negra albacetista. Obligado por la superioridad numérica y la inferioridad en el marcador, a Alcaraz no le quedó otra opción que juntar a los buenos, que suele ser el camino más corto a cualquier destino positivo. El oportuno resbalón de un defensor del Racing fue la chispa que permitió a Chema llegar hasta la pelota, rascar la cerilla dentro del área y asistir a Manu para que éste prendiese definitivamente el fuego. Lo que es el Racing ya lo hemos sido antes (y muchas veces) nosotros mismos, por eso no es difícil sentir cierta empatía pasajera al ver un equipo tan flojo, tan gafado, tan hundido y, para mayor melancolía, con Mario Ortiz como eje.

Ninguna remontada se disfruta más que las que vienen precedidas por actuaciones infames que autorizan al hincha a defecar sobre lo más sagrado, a descargar toda su ira en cualquier canal habilitado para ello, desde las redes sociales hasta la ventana. Es algo bastante tóxico, tiene incluso un punto sádico, pero en ciertas ocasiones la ira es el único combustible para soportar el horror y llegar hasta el final. Y el Racing-Albacete, hasta el gol del empate de Fuster, fue una de esas ocasiones. Seguramente lo sabio sea lo contrario, quitar el partido, negarse a que se rían más en tu cara, prevenir un corte de digestión que podría ser mortal. Pero te tragas la sangre, aprietas la mandíbula, colocas la mejilla que aún no te han acariciado en posición de recepción. Vamos, aguantaste todo un Albacete-Atlético Baleares, gritaste aquellas cosas tras el 0-1 y te callaste otras mucho peores, celebraste con la mayor rabia posible el empate de Aketxe y reventaste el termómetro con el gol de la victoria en la prórroga. Te quitaron, entonces y ahora, la afición, pero siempre tuviste la fe. Juraste en arameo y aun así te quedaste donde estabas. Necesitabas verlo. No podías apartar la mirada aunque sabías que hay pocos espectáculos más lamentables que ése en el mundo. Entonces le llegó el balón a Jiménez y gritaste “¡TIRA!”. Y Jiménez, lo sabes, te oyó. Y todo lo demás dejó de importar, al menos hasta la siguiente (la enésima) vuelta a empezar.

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