Capítulo 30: ‘La metáfora perfecta’

Un buen amigo que trabaja en TVE me escribió hace poco para comentarme que ya tenían preparada la pieza para cuando palme la pobre Carmen Sevilla. Ya se sabe cómo van estas cosas en los medios, la muerte elige sin demasiado criterio pero cuando ciertos personajes públicos entran en los minutos de añadido lo mejor es ir adelantado trabajo, pues el tiempo escasea y no es serio que a un profesional le pille el toro. ¿Cuánto tiempo ha estado cogiendo polvo en los cajones de las redacciones el obituario de Kirk Douglas, la eterna promesa de la sección de necrológicas? ¿Cuánto, catorce años? Puede que sólo el obituario de Kirk le haya aguantado el ritmo a la noticia cuya plantilla, perfectamente preparada, descansa desde hace casi más de una década en las entrañas de las redacciones de nuestra ciudad, aguardando el día de ser llamada a la luz. Es una plantilla sin imágenes, el cuerpo aún no ha sido escrito, ni siquiera el subtítulo, sólo el titular. Once palabras: EL ALBACETE BALOMPIÉ VUELVE A GANAR DOS PARTIDOS SEGUIDOS EN CASA. Once palabras para catorce años de espera. Y subiendo.

En febrero de 2006, en un tiempo en que el Homo Erectus empezaba a lograr la domesticación del fuego, Pedro Sánchez era un adolescente que asomaba la cabeza en Tercera en el filial del Alicante y Gabriel Brazão un niño de apenas cinco añitos entre millones del estado de Minas Gerais, el Albacete Balompié ganó al Eibar y días después al Sporting, dos victorias en casa, dos victorias consecutivas en el Carlos Belmonte que sumaban 4 en total y 6 jornadas sin perder. Luego nos tiraríamos 8 sin ganar, pero esa es otra historia (aunque sea la historia de siempre). En 2008 ganamos al Xerez, pero la semana siguiente empatamos con el Hércules. En 2011, ya en 2ªB, nos las arreglamos para derrotar al Cádiz, pero la semana siguiente perdimos contra el Écija. Unas jornadas después nos visitó el Sevilla Atlético, y ganamos, pero la semana siguiente recibimos al Cartagena, y fue el Efesé quien ganó. En 2015, de vuelta por Segunda, logramos lo imposible, vencimos a la Ponferradina, pero una semana después no pudimos hacer lo mismo contra el Sabadell. La temporada siguiente el Córdoba cayó 2-0 en el Carlos Belmonte, pero a los seis días el Tenerife vino para llevarse la victoria, como casi siempre. En diciembre de 2016, nuevamente en la B, nos visitó el Mensajero, era la cima del otoño mágico de Aira y arrasamos con un gran 3-0, pero inmediatamente vino el Socuéllamos y se llevó un punto de Albacete. Y subimos, y en 2017 llegó el Valladolid de Sampedro, y ganamos 2-1, pero la semana siguiente nos visitaba el Zaragoza, y el marcador no se movió. Y en diciembre de 2018 se presentó el líder Alcorcón en el Belmonte, y les ganamos aquella noche en la que Eugeni subió a los cielos, pero entonces vino Osasuna, perdón, vino Jorge Figueroa Vázquez, y no pasamos del empate.

 

Puede que la metáfora perfecta de la historia reciente del Albacete Balompié, de toda la época iniciada tras la última temporada en Primera División, sea esta carrera contra nuestra propia sombra a la búsqueda de una segunda victoria liguera consecutiva en casa que jamás llega, por más que se nos ponga a tiro tras ganar el primer partido. Hasta nueve veces hemos tenido la oportunidad: la última la perdimos contra el Rayo Vallecano después de dar correctamente el paso previo derrotando al Numancia. Quizá merecimos ganar, con toda la vacuidad que el verbo merecer implica en esto del fútbol, en cualquier caso hicimos un partido de esos que se dicen “serios”, competimos en igualdad de condiciones con un aspirante al ascenso, supimos levantarnos tras el gol rival –confirmando que el milagro de Alcaraz ha sido recuperar para el equipo una salud mental normal– e igualar el marcador, tuvimos contra las cuerdas al rival en la segunda parte, en definitiva, hubo poco o nada que reprochar a los chicos, pero no se ganó.

Nunca fui un aficionado exigente (de hecho no creo que como afición seamos precisamente exigentes, como sí lo son otras y de qué manera, somos un poco quejicas, a veces tirando a jodones, pero no de los que agobian pidiendo imposibles), pero tengo miedo de que todo esto no sea suficiente. Aunque sentarse a contemplar un partido del Alba últimamente no sea el martirio que llegó a ser en jornadas anteriores, aunque Lucas Alcaraz parezca haber pillado el punto a la limitada plantilla que tiene y la haya puesto a funcionar con un programa simple, de mínimos y de urgencias, y llevemos cuatro jornadas sumando, aunque todo eso sea tan cierto como que dormiremos unos días más fuera del descenso, sigo temiendo que no sea suficiente. El problema es que no sé si puedo o debo exigir más, que me siento como Sabina en la canción cuando preguntaba: “¿Ustedes me han mirado? ¿Pedirles, además, que me quisieran? ¿No les parece que era pedirles demasiado?” Quizá sólo quede confiar, abnegada y silenciosamente, en que el trabajo de jugadores y técnicos siga cristalizando en goles y en puntos, que llegue al fin el día en que la portería vuelva a quedarse a cero y que salgamos con vida del largo puerto de montaña que nos ha puesto delante el calendario. Quizá sólo quede confiar en que a la décima sea la vencida y la próxima vez que tengamos dos partidos seguidos en casa y ganemos el primero podamos dar carpetazo a esta maldición, porque ya se nos acumulan como una montaña de necrológicas de famosos ancianos o enfermos sin redactar, y que esa hipotética segunda victoria cierre este ciclo de quince años de mareos, descensos y ascensos, temores, incertidumbre, mucha mediocridad y muy poca ilusión. Quizá sólo quede confiar en que todo eso llegue con la misma seguridad con la que ha de llegar la muerte, incluso para Kirk Douglas.

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