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Aúpa Alba

Capítulo 27: ‘Caminantes’

Algo no va nada bien si Andrés dice basta, si pide por favor que se acabe ya la temporada, que no quiere ver ni un partido más de esta banda, sí, Andrés, que llevará –así, a ojo– casi veinte años sin dejar de tragarse partidos de la banda en cuestión; Andrés, que no ha guardado jamás la costumbre de ir desfilando por la frontera entre Tribuna y Marcador a partir del minuto 80; Andrés, que nació después de un empate a cero contra el Logroñés, un partido de esos del Albacete Balompié contra el colista de turno, gélido, condicionado por un viento terrorífico, un partido criminal de los que no ganamos en la vida y que, es más, pudimos perder si el viento no hubiese desviado al larguero un tiro desde el centro del campo de Isidro Villanova Abadía (porque siempre ha de haber un Stark en Invernalia y un Abadía en el Logroñés).

Nacer bajo el signo de un truño de partido como ese te marca el carácter para siempre, te hace resistente a cualquier variedad de antifútbol, a cualquier crimen contra el entretenimiento y la diversión. Por eso me explico todo lo que Andrés ha soportado por los campos de España y en particular en el Carlos Belmonte, y de paso lo que ha aguantado ese cuerpo sin desfallecer en tantas noches de Brugal y kebab. Por eso me preocupa que diga basta, que pida por favor que se acabe ya la temporada porque no quiere ver ni un partido más de esta banda. Por eso sé que algo no va nada bien, aunque esto lo sé sobre todo porque tengo ojos, y lo más triste es que lo sé desde hace ya bastantes jornadas, como casi todo el mundo.

 

Me preocupa lo de Andrés, pero sé que no escoge los verbos a la ligera: dijo que no quiere ver ni un partido más de esta banda, no que no pueda. Todo viene de esas caminatas, Avenida de España abajo, en las que primero anuncias el fin de los tiempos (antiguo tramo Deporte-Pinocho), luego vas desgranando en profundidad las causas del desastre y desahogándote con los responsables (tramo Hispano-Los Valencianos/Sabuco, según la gravedad de la situación) y finalmente, de la punta del parque a la puerta de casa, respiras un poco, y te pones a echar cuentas, y fantaseas con las múltiples maneras de que esta banda pueda salvar su culo y con él tu paz durante los dos meses que dura el verano. En esas caminatas lo aprendimos todo, la debilidad de la carne, lo frágil de nuestra voluntad, aprendimos que no querer significa justo lo contrario de no poder ver un puto partido más de esta banda.

El domingo a mediodía hubiésemos repetido el ciclo. Estaríamos aún eufóricos por el gol-milagro de Fuster pero lo primero habría sido decir que esto es una mierda, que así bajamos segurísimo al pasar por el solar del viejo Deporte, que haciendo estos partidos infames en casa no nos salva ni Dios ni mucho menos Lucas Alcaraz al cruzar los setos de la mediana de la Circunvalación. Él me hubiese dicho que se le puso dura al ver el cambio de Jiménez y yo contestaría que antes quito a Ojeda, y luego nos daríamos la razón en que Zozulya está fatal, pésimo, fecal. Te ha dominado sin despeinarse la Ponferradina y no te has llevado un saco porque no les ha dado la gana y se han dedicado a especular, explicaría él en la puerta del Cheers, y antes de llegar donde la vieja tienda del Alba yo ya le hubiera sacado el tema de la espaldinha de Yuri y, hablando de espaldas, con qué gustito y qué facilidad se la cogía el tal Kaxe a nuestros centrales, que aun así no han estado mal, y ahí él replicaría que son lentos, pero ea, Kecojevic por alto lo caza todo, Sergio Sánchez sabe mandar. Supongo que, pasado el Hotel Los Llanos, empezaría a atisbarse, siquiera de refilón, algún comentario con tufillo a esperanza, aunque no lo dijésemos muy alto. Aunque nos lo guardásemos para los adentros. ¿Has visto qué saque de Tomeu? ¿Has visto cómo ha saltado el Torito Acuña para prolongar? ¿Has visto a Fuster, medio roto, hecho mierda, con qué fe, qué rabia, qué talento la ha cazado y la ha clavado? ¿Nos has visto a nosotros? Tan hasta la polla de todo, tan asqueados tras mil meses sin ganar, y sin embargo aquí, como siempre: bajando la Avenida con cara de  gilipollas.

Después de tantas caminatas, sé bien que Andrés no escoge los verbos a la ligera. Por eso me escribió para decirme “vente el siguiente fin de semana de partido, y vamos a ver cómo el Numancia nos jode la vida por enésima vez y celebrar después mi cumpleaños”. Han pasado 25 febreros desde que Albacete y Logroñés empatasen a cero uno de esos partidos que parecen destinados a repetirse una y otra vez ante los ojos machacados de la afición. Pudieron ganar ellos, pero también nosotros. La tuvimos en un cabezazo en el último suspiro, como contra la Ponferradina, y entonces tampoco fue gol ni ganamos de carambola. Eso dicen las crónicas. Si naces bajo el signo de un partido así, como él, estás preparado para todo. Por arrastre o por imitación, me preparó a mí también. Suyo es el corazón que veo bordado en el escudo y suya es la cara que le pongo al murciélago. ¿Y qué hacemos con el futuro? En la duda tiembla el miedo eterno al pozo. En la certeza se impone aún el presente. Anduva. Después, el Numancia. Y tras salir del partido del Numancia otra vez la caminata, pero ahora sí, de verdad, de cuerpo presente, como si nunca nos hubiésemos ido de casa (pudiendo… pero también queriendo).

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