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Aúpa Alba

Capítulo 23 (bis): Saben aquel que diu

Fui al médico para que me quitara las ganas de fumar, y la verdad es que lo ha conseguido. Ahora fumo sin ganas. Tras este chiste de Eugenio subyace el sentimiento que oprime a una parte –sospecho que no minoritaria– de la afición del Carlos Belmonte casi tres meses después de la última victoria en casa. Otra parte de ella directamente está dejando de ir, devolviendo poco a poco a las gradas el aspecto desazonador que de costumbre han tenido. A veces pienso que el Estado, por pura responsabilidad social, debería ordenar imprimir en las entradas y los abonos del Albacete los mismos mensajes que figuran en las cajetillas de tabaco. Pero sería un poco injusto rebajar el partido contra el Fuenlabrada al nivel de otros gravísimos atentados dignos de llevarse ante la Sala de lo Tedioso-Administrativo, como las visitas aún recientes de Elche o Mirandés. Los primeros 45 minutos del Albacete, aun estando a muchos kilómetros de la perfección, permitieron al público disfrutar de un equipo con cierta iniciativa, sin ansiedad patológica al tener la pelota en su poder, resolviendo los tímidos intentos del rival de acercarse al área con una seguridad defensiva justita pero eficaz y creando varias situaciones de peligro sobre la portería contraria: esto, que parece lo mínimo que deberían hacer (y, sin duda, hacen) casi todos los conjuntos de Segunda y de cualquier categoría cuando actúan como locales, fue percibido por la parroquia casi como una revolución, un final feliz del Antiguo Régimen de nulidad futbolística e indigencia competitiva, lo que habla con rotunda claridad sobre el nivel del espectáculo al que estábamos ya acostumbrados. Un bocata de zanahoria para el descanso que sabía a gloria después de tantos palos. Pero la revolución, más que revolución, era revisión de otro chiste de Eugenio, que seguramente hoy no pasaría los filtros de la corrección política: Le dice un marido a su mujer, “Nena, estás haciendo progresos. ¡Sólo has estado tres cuartos de hora al teléfono! ¿Quién era?” “Se habían equivocado.”

Hay una frase en ‘Cien años de soledad’ que se diría que el Gabo escribió pensando en nuestra (a veces dulce) condena, en nuestra tradición insoslayable. Cuando uno lee que “Era como si Dios hubiera puesto a prueba toda capacidad de asombro, y mantuviera a los habitantes de Macondo en un permanente vaivén entre el alborozo y el desencanto, la duda y la revelación, al extremo de que ya nadie podía saber a ciencia cierta dónde estaban los límites de la realidad”, el misterio de la localización de Macondo queda al fin resuelto: estaba ahí, ¡siempre estuvo ahí!, en la prolongación de la Avenida de España, justo tras cruzar la Circunvalación. El martes los habitantes de Macondo descubrieron y vieron en acción el verdadero potencial de Álvaro Jiménez, que tras espantar sus fantasmas –cualesquiera que fuesen– en Ibiza se plantó en el Belmonte y llevó por su banda el peso de casi todo el juego ofensivo del Albacete. Incluso se permitió un lujo vedado por alguna extraña razón que se nos escapa a nuestros futbolistas, el disparo desde fuera del área, que de vez en cuando se practica en el fútbol y puede terminar en gol, y en efecto, el de Álvaro terminó en gol, el más bonito de los que hemos celebrado esta temporada (que no el más celebrado), aunque el listón en ese aspecto, si es que existía, estaba a ras de suelo. Jiménez, en su primer, y esperemos que no último también, gran partido con el Albacete, fue sustituido por un Azamoum al que, en menos de un minuto, el árbitro mostró tarjeta amarilla. Del alborozo al desencanto. De la revelación a la duda. El permanente vaivén.

Quizá Ramis erró al retirar a Jiménez y después a Ojeda, el último futbolista veloz que quedaba sobre el césped cuando aún había posibilidad de contraatacar, echando al equipo atrás en la recta final, pero no fue él quien erró las ocasiones que tuvieron sus jugadores para doblar la ventaja, ni fue él quien erró la entrega que terminó en el gol del empate. Cada aficionado elige libremente su propio reparto de responsabilidades en este clima desagradable que, mientras el Albacete cumple dos meses sin ganar, nos precipita a un nuevo episodio cainita toda vez que cesaron los ataques exteriores ante los que cerrar filas. Ramis sí o #RamisOut, Mauro culpable de todo o sólo de una parte, agoreros u optimistas. Ante nuestras narices, una visita al Lugo: nuevo entrenador que cuenta sus dos primeros partidos por derrotas, un punto de los últimos 15 posibles. ¡Parece un trabajo para Resurrecciones Albacete, Sociedad Ilimitada! Una cuestión de fe para nosotros, que afrontamos cada partido con el espíritu de aquella mítica publicidad que el New York Times le hizo a Lola Flores: “No canta. No baila. No se la pierdan”.

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