Capítulo ‘extra’ 20: ‘Teoría pura de la Copa’

La naturaleza de la Copa, no la Copa del Rey, sino LA Copa, que con distintas denominaciones es la misma en todos los países, entronca directamente con tradiciones europeas más antiguas como el carnaval medieval, en lo que tiene de subversión temporal y pactada de todo orden establecido. La naturaleza de la Copa trasciende cualquiera de sus formatos cambiantes, pero mientras algunos la constriñen y tratan, con desigual éxito, de domarla todo lo posible, otros, como el implantado en España en 2019, facilitan una manifestación más desatada y salvaje de ese espíritu. Eliminatoria a partido único. El club de inferior categoría actúa como local. Y más allá no se extiende más que una selva virgen por la que avanzar a machetazos hasta dar con El Dorado o la nada. En las jornadas de Copa las reglas del planeta fútbol quedan en suspenso y, frente al pánico de los clubes de Primera al ridículo y la indiferencia más o menos generalizada de los de Segunda, se abre el tiempo del romanticismo para los equipos del Tercer Estado, del disfrute para el espectador neutral: televisiones autonómicas, directos por redes sociales, transistores, sorpresas, emoción, carambolas, hazañas de héroes plebeyos. Regreso al futuro.

El Tudelano hubiese deseado un rival de Primera y el Albacete no tener que chuparse más de 500 kilómetros a mitad de semana, así que cierta resignación mutua presidió el primer capítulo de la historia de los Tudelano-Albacete. La Copa, siempre afrontada por los clubes de Segunda desde un punto de vista tan eufemístico a la hora de referirse a los “menos habituales”, nos dio la oportunidad de conocer, por fin, al suplente de Tomeu Nadal, el cedido y jovencísimo Gabriel Brazão, que intervino con acierto cuando fue necesario y salvó magistralmente un gol con el pie en la ocasión más clara de los locales. La Copa nos permitió reconciliarnos con un Robert Ergas que, libre de la exigencia física y táctica del fútbol profesional que le sobrepasó contra el Tenerife, firmó una notable actuación defensiva, y nos regaló la esperada alternativa a canteranos como Fer Navarro, que demostró haberse ganado una oportunidad de mayor enjundia si llega el día en que Benito falte de nuevo o descienda sensiblemente su nivel. El primer asalto de Copa nos dio, en fin, lo que suele ser normal: un Segunda, el Alba, que se adelantó aprovechando una buena jugada que resolvió con su calidad Ojeda y se dedicó a sestear mientras el modesto, el Tudelano, se echó en brazos de la épica toda la segunda parte para exaltación del público, arrinconó a su Goliat, creó peligro, lo intentó hasta el final, mereció empatar y no lo consiguió para desilusión y orgullo final de la afición. Y, como no podía ocurrir de otro modo tratándose del Albacete, el primer asalto de Copa cedió su cuota de espacio a lo paranormal-autoparódico: los apagones eléctricos, los penaltis a favor fallados, la prolongación eterna del unocerismo como un designio del Yahvé del Antiguo Testamento.

 

Con todas las reservas que pueda despertar la particularísima coyuntura de la Copa del Rey, en el estadio Ciudad de Tudela volvió a ganar un partido el Albacete Balompié después de un mes y dos días sin hacerlo, después de los sucesos de Vallecas, y ésa, ante la obligación de despedir el año en un Carlos Belmonte que ha vuelto a atragantarse como en otros tiempos peores, fue la mejor noticia de todas las que podíamos recibir el último miércoles antes de Nochebuena mientras quedamos a la espera de lo inesperado, de que resulte premiado nuestro único décimo de lotería: el de ganar al Elche, como en otros tiempos mejores, un sábado a las cuatro con olor y sonido de Navidad, como en otros tiempos mejores, quizá bajo una niebla apocalíptica, mágica, trascendental, como en otros tiempos mejores y no tan lejanos.

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