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Aúpa Alba

Capítulo 16: ‘Todo lo decís de nosotros’

Foto: La Liga

Existen y aún circulan cientos de leyendas urbanas asociadas al tiempo y al espacio de la Ruta del Bakalao. Se hablaba de una célebre camiseta en la que se podía leer la frase: Somos todo lo que decís de nosotros, y todavía peor. Impresa, tatuada, como el lema oficioso de una nación mitificada. En una entrevista, el filósofo Ernesto Castro recicló esta anécdota adaptándola al trap: al igual que sucedía con la Ruta en los 90, “cualquier cosa que se diga del trap se queda corta, de hecho el trap se alimenta de sus propios haters, de sus propios trolls, no hay ni chiste ni descalificación ni insulto, por grueso que éste sea, que no se quede corto… El trap va más allá de lo justo o de lo injusto.” Algún día Castro conocerá la historia del Albacete Balompié y podrá desarrollar un tratado realmente definitivo. Sabrá que pasar de jugar en 2ªB a quedarse a un mísero punto de la UEFA en 25 meses es tan posible como bajar de Primera División vía promoción dos años consecutivos. Es posible si eres el Albacete, que tuvo cuatro entrenadores y utilizó más de 30 futbolistas en la misma temporada y salió airoso. Practicó sobre el césped el mejor fútbol en mucho tiempo mientras la institución agonizaba en los despachos. Dejó sin ficha a su máximo goleador en enero y terminó último. Tenía once puntos de ventaja sobre el descenso y después de once jornadas sin ganar se salvó casi de milagro. Fichó a Cacá y no a Kaká, a Bíttolo y no a Vitolo, al hermano malo de Jesús Navas, al de Callejón, fichó jugadores que nunca debutaron y jugadores que ojalá nunca hubiesen debutado. Cualquier cosa que se pueda no ya contar o pensar, sino incluso concebir, sobre el Albacete Balompié se quedará corta, será superada por la inexorable tendencia de este club a romper sus propios límites.

El Albacete se presentó en Zaragoza después de dos derrotas desalentadoras, con una defensa de circunstancias y unas malas sensaciones que se vieron confirmadas en cuanto el balón echó a rodar. El Real Zaragoza cuajó un partido completísimo ante su afición, no cedió la iniciativa al rival ni por un instante y buscó concienzudamente la victoria mientras el Alba resistía mal que bien las acometidas aplicando el habitual protocolo “nos defendemos y ya vemos”. Y entre estas idas y venidas nació, vivió y fue muriendo el partido, con un Zaragoza cada minuto más desesperado por la histórica actuación de Tomeu Nadal, quien tras la doble acción del penalti convenció a los locales de que no había otra opción que las tablas. Y con todos contentos llegó la enésima vuelta de tuerca sobre lo imposible, el último requiebro de la broma infinita que es siempre el Albacete Balompié y más que nunca en esta indescifrable temporada 2019/2020. Eddy Silvestre enganchó el peor remate de la historia, con la espinilla, mientras caía al suelo, y el balón pegó dos botes en el área y entró llorando de la risa, incrédulo, como preguntándose si de verdad su destino era terminar en esa portería en el último segundo del encuentro.

 

Agotado ya más de un tercio de la competición, Álvaro Jiménez, uno de los fichajes más interesantes del último verano (¡un extremo, hosanna en el cielo, por fin un extremo puro de verdad!), ha aparecido poco y ha demostrado menos todavía. Con todo, Ramis tuvo a bien concederle la titularidad en La Romareda. Y allí, en La Romareda, jugó Álvaro un partido que me hizo recordar el sobrenombre que la afición del Sevilla impuso al delantero internacional marfileño Arouna Koné –por entonces el fichaje más caro de su historia, 12 millones de los de 2007– una vez se descubrió que a su olfato goleador le producía alergia la humedad del Guadalquivir: Kasemo Koné. ¿Kasemo Koné, si ni siquiera es propiedad del Albacete? ¿Llamará de nuevo el Getafe a nuestra puerta en enero para recuperarlo a mitad de temporada? Después de varios años de cachondeo del Pizjuán, Koné cambió de aires, se marchó al Levante de Juan Ignacio Martínez, marcó 15 goles y compró un pasaporte a la Premier. ¡Lo que es la vida! La mejor noticia para Álvaro es que ya nadie espera nada de él. Sólo queda mejorar. Sabemos que puede ser un gran asistente: el pase en profundidad a Kagawa que no terminó en gol por la misericordia del palo así lo demuestra. La próxima vez puede intentar repetirlo en dirección a la portería que no defienda Tomeu. De derrota en derrota hasta la victoria final.

Tras batir el récord de victorias seguidas por uno a cero, el Albacete ha alcanzado la mitad de esos simbólicos 50 puntos que nos secuestran tantas horas de sueño. Lo celebré yendo al cine a ver ‘The Irishman’, grandiosa obra maestra de Scorsese, y me emocioné especialmente con una escena en la que el personaje interpretado por Robert De Niro termina un discurso homenajeando al Albacete Balompié 2019/2020: “No creo que merezca este premio, pero también tengo bursitis, y tampoco la merezco.” Sospecho que nadie más en la sala pilló la referencia.

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