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Aúpa Alba

Capítulo 10: ‘El difícil arte’

Foto: La Liga

«Manolo y yo fuimos a ver a los Rolling Stones la primera vez que vinieron a Madrid, y unos minutos antes de comenzar el concierto unos nubarrones negros se concentraron sobre el estadio y descargaron la mayor tormenta que yo haya padecido. En las primeras gotas Manolo se había quitado la camiseta y la había guardado en la entrepierna, hecha una bola. Cuando más arreciaba el chaparrón salieron los Stones y durante varias canciones nos fuimos empapando todos, en el campo, en las tribunas y hasta en el escenario. Cuando paró de llover Manolo estiró cuidadosamente la única camiseta seca de todo el estadio y se la puso sin alterar el gesto. Es probable que este sea el origen del verso: “Tú que eras un maestro en el difícil arte de no mojarte bajo un chaparrón”.»

El histórico concierto de los Stones en el Vicente Calderón el 7 de julio de 1982 –y el histórico aguacero que lo bañó– es uno de esos hitos que brillan con luz propia en la memoria cultural de un país. Clásico instantáneo. Dos jóvenes músicos, Jaime Asúa y Manolo Tena, estuvieron entre los asistentes; a los pocos meses formaron junto a José Manuel Díez el grupo Alarma!!!, tan breve como fundamental. La poderosa imagen de Manolo Tena y su camiseta seca en mitad del concierto justo después de la tormenta circuló como leyenda urbana en el Madrid de la época, llegó a oídos de Joaquín Sabina, a ratos amigo, a ratos enemigo íntimo de Manolo, y cuando en 1992 le dedicó la punzante “Conductores suicidas”, no pudo esquivar la anécdota y cantarle: “Tú, que eras un maestro en el difícil arte de no mojarte bajo un chaparrón”. Y aunque la génesis del verso esté tan alejada y su destinatario resulte tan ajeno, no se me ocurre ninguno mejor para definir al Albacete Balompié de las victorias insospechadas, el del unocerismo, el del VAR y el penalti, el del poco ruido y por ahora bastantes nueces. Este Albacete al que, pese a todo, no vamos a negarle que ha marcado estilo, que ha patentado un modo de ganar (casi) sin despeinarse por el agudísimo filo de la navaja de esta espídica ciudad.

 

El fútbol es, en general, una suma de artes difíciles. Dentro de ella, ganar partidos suele ser el arte más difícil de todos. Hay que ingeniárselas para llegar al marco rival, anotar gol de alguna manera y evitar por todos los medios que ninguno de los seres humanos sobre el terreno de juego envíe el balón al fondo de tu portería, así que tiene su aquel. En diez jornadas de Liga, el Albacete de Ramis ha ejecutado con éxito esa tarea en la mitad de las ocasiones. Cinco victorias, junto al puntito cosechado contra el Racing, pueden parecer un premio desproporcionado para un equipo a veces tan desagradable a la vista, tan dependiente de la inspiración de un debutante de 21 años para desplegar un juego ofensivo estimulante, tan agraciado por el videoarbitraje como efectivo a la hora de obrar desde los once metros, tan frágil y vulnerabilísimo en cuanto encaja un gol, tan extrañamente seguro y cómodo si debe afrontar el asedio de algún equipo que no podía imaginarse ir perdiendo cero a uno frente a ese inexplicable Albacete; cinco victorias pueden parecer un premio desproporcionado a ojos de quien ignore lo difícil que es el arte del fútbol, el arte de jugar cada partido en Segunda División. El difícil arte de partir eternamente como suplente y cumplir de forma impecable como defensa central, como lateral izquierdo y como lateral derecho. El difícil arte de ganar cada balón aéreo con superioridad insultante y sin siquiera tener que saltar. El difícil arte de dejarse la garganta un viernes por la noche en un estadio ajeno, tan lejos del hogar sobre el mapa como cerca en el espíritu. Empecé a asomarme al difícil arte de ser mayor cuando descubrí las canciones de Sabina. No entendí los versos más desgarrados hasta que no se me desgarró el corazón. No entendí el verso “buscando en la basura un gramo de locura” hasta que no me vi siguiendo al Albacete Balompié al último confín del mundo, al último peaje de la carretera hacia el infierno, al último escalón de la escalera hacia el cielo.

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