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Aúpa Alba

Capítulo 8: ‘Profecía’

Foto: UD Las Palmas

Como todo profeta en condiciones, Mani se consideraba el último de todos, el sello de las revelaciones de Dios. Como todo profeta heredero de la tradición persa, el pensamiento de Mani era esencialmente dualista, aunque también se hallaba influido por el gnosticismo. Con estos ingredientes, si no te lanzas a fundar una religión universalista que dé carpetazo a todas las demás es porque no eres nadie en el Oriente Medio del siglo III, y Mani podía ser muchas cosas, pero no desde luego un cualquiera, ni hablar; era el último de los profetas hasta que llegase Mahoma y él pasase a ser el penúltimo, en resumidas cuentas, sin duda estaba llamado a grandes cosas. Mani construyó su doctrina sobre un pilar central, la eterna oposición entre el bien y el mal, la luz y la oscuridad, el 4-2-3-1 y el 4-4-2, nada nuevo en realidad, y este combate sin fin explicaba cuanto era y sucedía en el mundo. Dado que destruir el mal es imposible, el creyente debía tratar de mantenerse alejado de él todo lo que pudiera; sólo así aspiraría a alcanzar el Reino de la Luz.

La Ruta de la Seda, que como toda ruta comercial no sólo transporta productos sino también ideas, propició que las de Mani no quedasen encerradas dentro de la Persia sasánida y las llevó a los dos confines del mundo. En Occidente, a pesar del triunfo por goleada del cristianismo, el fantasma de Mani aún resucitó un par de veces bajo el disfraz de las herejías de los bogomilos y de los cátaros tan de moda en los best-sellers pseudohistóricos de la lejana década del 2000. En pleno siglo XXI, las enseñanzas de Mani hallaron de forma inesperada un nuevo terreno abonado para crecer. Se trataba de un colectivo relativamente pequeño, no más de un puñado de miles de personas asentadas en su mayoría en una modesta capital de provincia del sureste de España, sólo diferenciado del resto de la sociedad capitalista postindustrial en la que vivían por la contemplación –algunos autores prefieren el término “padecimiento”– periódica de los partidos de un equipo de fútbol llamado Albacete Balompié.

 

Apenas transcurridas ocho jornadas de la temporada 2019/2020, de las que la mitad se contaban por victorias del equipo y la otra mitad por derrotas bastante lamentables, comenzó a instalarse entre el colectivo una cierta sensación de desasosiego ante lo que parecía una tensión constante entre dos principios opuestos que operaban sobre la realidad que veían semana tras semana. En esa pugna, un fenómeno provocaba inequívocamente el paso irremediable de lo positivo a lo negativo: la recepción de un gol por parte del Albacete Balompié. Cuando esto sucedía, las tinieblas envolvían al equipo; si esto se evitaba, la victoria era posible, de hecho era hasta segura.

Después de una desesperante derrota en Las Palmas en la que dos goles postreros e inútiles maquillaron la crudeza de otro 3-0 en contra, un desequilibrado publicó en el medio digital ¡Aúpa Alba! un artículo delirante, impropio de la seriedad de la casa, en el que analizaba el comportamiento del equipo a la luz de la doctrina maniquea, dieciséis siglos más antigua que el fútbol, pretendiendo explicar esta extraña situación deportiva según el pensamiento dualista, la lucha de opuestos y la extrema necesidad de alejarse todo lo posible del sistema 4-4-2 para acercarse a la Luz. Aquella sarta de chorradas pasó desapercibida, la disputa de un nuevo partido en jornada intersemanal contra el Racing de Santander desvió la atención y el texto sólo fue leído por dos, a lo sumo tres personas; si bien recibieron esta interpretación con perplejidad, quisieron saber más sobre Mani y su doctrina. Y ese sería el germen de la nueva comunidad maniquea que, esta vez desde Albacete, se extendió por Occidente durante los siglos posteriores ante la decadencia irreversible del cristianismo y como reacción natural de las depresivas sociedades europeas frente al islam, constituyendo las bases de la civilización hegemónica de nuestros días: su esquema de pensamiento dualista y gnóstico y su culto semanal, esa ceremonia dolorosa y catártica, memoria de los antiguos, homenaje a aquellos pioneros de la fe, en la que los miembros de cada comunidad nos reunimos para reproducir antiquísimos vídeos de ese deporte que ya no se practica en los que podemos ver qué y cómo era realmente aquel equipo, nuestro equipo, el Albacete Balompié.

 

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