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Aúpa Alba

Capítulo 5: ‘Memorias de Panamá’

He imaginado la escena, aunque podría haber sido real: mientras una niña a la que llamarán Natalia asoma la cabeza por primera vez a este mundo, no muy lejos un noticiero radiofónico informa de que el gran ídolo nacional, Rommel Fernández, ha culminado con un estupendo gol la apabullante victoria de su actual equipo, al que ha sido cedido por el Valencia esa misma temporada, siendo su quinto tanto en el presente campeonato liguero español. Es 22 de marzo de 1993 en Ciudad de Panamá. El día anterior, a ocho mil kilómetros de distancia, el Albacete Balompié ha recibido al Sporting de Gijón en el Carlos Belmonte. Resulta un partido frenético y apasionante que, no sin dificultades, termina decantándose del lado local. Cuando apenas restan cinco minutos y parece que el marcador no se moverá ya del 5-2, un maravilloso centro de Menéndez llega al segundo palo, sobrepasando al central rojiblanco, y allí se eleva en el aire Rommel Fernández, conecta un remate de cabeza precioso y envía el balón al fondo de la portería del viejo Gol Norte dibujando una parábola perfecta. Nunca ha vuelto el Albacete a marcar seis goles en Primera División. El día que la pequeña Natalia cumplía un mes y medio de vida, el 6 de mayo, Rommel perdía la suya en la para siempre terriblemente célebre carretera de Tinajeros. Los partidos entre Albacete Balompié y C.D. Tenerife quedarían eternamente consagrados a la memoria del Panzer y el Estadio Revolución, el Coloso, el mayor de Panamá, abandonó su nombre para tomar el del ídolo muerto. Es el lugar donde juega sus partidos el equipo nacional; es el mismo Estadio Rommel Fernández donde, más de dos décadas después, aquella niña Natalia ha llegado a ceñirse el brazalete de capitana de la selección y marcar goles importantísimos. A mediados de los 80, para un joven como Rommel, cruzar el Atlántico y disfrutar de una oportunidad en el fútbol europeo suponía la materialización de un sueño; es el mismo camino que en 2019 se le ha presentado a una joven como Natalia. Y su camino empieza en el mismo club donde terminó el de su compatriota: en el Albacete Balompié. Como el cierre de una brecha de más de un cuarto de siglo. Natalia Mills llegó a la ciudad en los días previos a un Albacete-Tenerife. Así estaba escrito.

Encajar un gol a los treinta segundos y que el resto del partido sea una auténtica corrida del rival sin que tu equipo dé la más mínima impresión de poder contrarrestar nada, además de constituir un sólido argumento a favor del suicidio, también tiene sus ventajas en tanto que permite ocupar el tiempo estimulando la imaginación para huir del esperpento que sucede en el césped. Cómo habría agradecido mi organismo no levantarse y dormir la mona como Dios manda, qué buen rato de deporte sin mala sangre hubiese echado yendo al balonmano en vez de al Belmonte, qué cerca estaría de cumplir mi sueño y vestir alguna vez la camiseta del Albacete Balompié si no fuera porque no soy uruguayo. Al final el fútbol no es mucho más que un puñado de sensaciones y de historias que contar, y el Albacete-Tenerife nos recuperó sensaciones antiguas, bien conocidas y desagradables, y nos dejó una de esas historietas que recordaremos entre risas porque la comedia sólo es tragedia más tiempo: la del día que vimos el debut de Ergas. Todo en Robert Ergas evoca el amateurismo más descarnado, y no creo que él tenga demasiada culpa de eso, porque todo en Robert Ergas evoca también las grandes deficiencias de la confección de la plantilla. La afición no pide ascender a Primera División, de hecho la afición no ha pedido algo así en su puta vida, acaso lo ha soñado o lo sueña cada día, y los dos ascensos a Primera llegaron sin que nadie lo exigiese. La afición no pide ganar siempre, ni un juego regularmente exquisito, la afición nunca pide lo imposible. La afición es más fácil de contentar de lo que parece. El Carlos Belmonte ya sabía lo que era un 0-4, y un 0-5, y un 2-8. La afición ha visto de todo, y por eso la afición, generalmente, sólo exige y no negocia una cosa: la dignidad. La dignidad siempre puede recuperarse a tiempo, y el Albacete lo hará, aunque recuperar de paso el fútbol, la pegada y el gol sería bastante oportuno.

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