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Aúpa Alba

Capítulo 38: ‘Nunca antes una derrota’

Mucho que decir y poco que contar. Yo creo que se perdió el partido, se empató el partido, no pudimos ser campeones. Yo creo que estaría escrito así. El equipo ha corrido, no ha jugado demasiado bien, tuvo muchos atrancos, quizá estuvo demasiado nervioso… nos faltó marcar un gol. Porque ellos es verdad que contraatacaron un par de veces, dos veces, tres veces, con mucho peligro. El que llevó el peso del partido fue el Deportivo pero no con buen sentido, no con buen tono. No pudo ser, qué le vamos a hacer. Yo desde aquí tengo que decir, por el gran disgusto que tiene el equipo, por el gran disgusto, que yo sigo pensando que tengo que felicitarlos. Porque se han dejado la piel, porque han sido cabeza todo el año, han sido perseguidos por un gran equipo, han tratado de estabilizar, los han puesto nerviosos, han hecho lo que han podido, han hecho bien. Yo creo que son las reglas del juego y no tengo mucho más que decir. Ha sido una pena, una vez que lo teníamos a buen nivel, las posibilidades, es triste y es duro sobre todo porque, posiblemente, una vez en la vida podíamos haber conseguido, y no pudo ser. Yo creo que ya, más preguntas, ni les podría contestar, porque no sé ni qué decirles. Muchas gracias en nombre de todos, porque yo he pasado un mal día, pero una vez que lo pasas tan mal, ahora estaba muy entero mientras algunos de los jugadores lo estaban pasando muy mal. Realmente mal. Yo siento una gran tristeza por esas gentes de la calle que yo veía todos los días. Los lunes, los martes. Esa gente mayor, esos niños, que tenían una ilusión tan tremenda, y que yo pensaba que podríamos desilusionarlos, porque podía pasar esto. Porque ya no es la primera vez que me pasa, o que le pasa a las gentes, y ha pasado. Hasta fuimos a fallar un penalti cuando no había tiempo ni para respirar. Tuvo que darse todo así. Muchas gracias, hasta la próxima y… que Dios reparta suerte.

El Albacete Balompié perdió el que parecía destinado a ser el partido de nuestras vidas. A pesar de correr, jugar escandalosamente bien al fútbol y llevar casi siempre el peso y la iniciativa con buen sentido y con buen tono, a pesar de ser devorados por los nervios en los minutos finales. Al Albacete le faltó puntería y le sobró clemencia, justo lo que nunca puede faltar y lo que jamás ha de sobrar en el partido de los partidos contra un rival al que si algo le sobra es calidad y puntería y si algo desconoce es la clemencia. El Albacete ni siquiera dispuso, como el SuperDepor de Arsenio, de un penalti cuando no quedaba tiempo ni para respirar, un último guiño, una última oportunidad del destino para seguir abrasándose las manos en el clavo del ascenso directo. Al igual que aquella Liga perdida del Depor, tuvo que darse todo así, estaría escrito así. Con esa pluma cruel con la que el fútbol escribe tantas historias.

 

El Carlos Belmonte cayó por fin un año y un mes después del libre directo de Gus Ledes que dio el triunfo al Reus. Fue aquella una derrota sin dignidad ni orgullo, un gol terrorífico en el instante final como castigo a un partido feo y cobarde. Casi 400 días después, el gol de Adrián Ramos nos hizo mortales de nuevo en nuestro templo, pero la derrota llegó como les llega a los equipos verdaderamente grandes: después de intentarlo durante más de noventa minutos, sin dejar de creer un solo segundo en sus posibilidades, sin miedo a nada ni a nadie, sin dejar una sola bala en la recámara. El Albacete Balompié de Ramis demostró por fin que no sólo es un conjunto formidable, sino que también es capaz de mirar a la cara a sus rivales más poderosos. En el mismo camino que le condujo a la derrota, el Alba culminó su evolución de todo un año y terminó de darse la mano con el último de sus hinchas. Nunca antes una derrota convenció a tantos de la llegada de la victoria final. Nunca antes una derrota alimentó tanto el orgullo y la pasión de una ciudad. Perdimos, como perdió Arsenio la Liga del 94. Para el Deportivo no hubo más jornadas después. Al Albacete aún le quedan tres partidos y una aventura en la promoción, y a nosotros nos queda toda la ilusión y toda la fe en el mejor equipo del mundo. Y la certeza de que la derrota nunca condena al olvido cuando llega con honor.

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