Capítulo 35: ‘Héroes’

Foto: La Liga

No me gustan esas cámaras grabando en los vestuarios la última arenga del entrenador a su equipo. No porque me altere especialmente la violación de un tabú, la profanación de un espacio considerado sagrado, sino porque son un dedo con la uña muy afilada para hurgar en la herida cuando los planes no salen bien. Cuando sí salen queda de vicio, queda de lujo, alguien enlaza el vídeo del míster a lo Mel Gibson con media cara blanca y otra media azul y después un mal resumen de dos minutos de la victoria y todo encaja como el zapato de cristal de Cenicienta. Causa y efecto, del dicho al hecho, del discurso al método. Pero la épica es muy tramposa. Cuando los planes no salen, la épica militar y motivacional implosiona y las máscaras del héroe degeneran en caricaturas. Ramis dijo a los jugadores en las entrañas de El Sadar que tenían respuestas para todo, también para revertir aquello que viene mal dado, y las cámaras lo grabaron.

El problema es que también grabaron lo que sucedió después: la demostración de que esos jugadores no tenían respuestas para todo, o al menos no para Osasuna. La realidad siempre tiene gasolina para aguantar un asalto más que la épica, siempre pega con más fuerza el último gancho. El combate contra la realidad es el más duro de todos, por eso no me gustan las cámaras en los vestuarios. No me gusta observar cómo la realidad deja en evidencia tantas buenas intenciones, cómo se acaba burlando de todos. La derrota ya es castigo suficiente como para hurgar en ella contemplando la intrahistoria de una decepción. En los vestuarios de La Romareda también hubo cámaras grabando. Ramis les dijo entonces algo mucho más certero, más crudo, menos épico y más real: que la clasificación no da superpoderes.

 

No, los futbolistas nunca tienen respuestas para todo pero, a tan pocos partidos del final de la Liga, la clasificación, aunque no les dé un gran poder, sí conlleva una gran responsabilidad. El Albacete Balompié no tiene la responsabilidad de regresar a Primera División. La responsabilidad del héroe no es ganar siempre sino pelear hasta el final, y la de Luis Miguel Ramis y sus futbolistas no es ascender a toda costa sino saltar al césped de cada estadio como ya demostraron que podían hacerlo en el Martínez Valero o Los Pajaritos de Soria y recordar a cada visitante durante 90 minutos por qué nadie ha podido aún con ellos en el Carlos Belmonte. La aptitud determina la exigencia y la actitud determina la responsabilidad. La aptitud del Albacete hizo mudar la exigencia del mantenimiento de la categoría a la lucha por el ascenso. La actitud en tantos días difíciles y tantas victorias sangradas lo ha hecho responsable de dar la cara hasta el final. No se le exige a Ángel Moreno que sea Tejero ni se le debe exigir que cargue sobre sus hombros con el peso de todos los canteranos que nos ilusionaron y se diluyeron. Se le hace responsable de dignificar su camiseta en dos escenarios de Primera y él lo hace. Ángel Moreno no tiene superpoderes pero tiene los ojos tan brillantes como ojalá lo sea su futuro. El Albacete no tiene superpoderes ni respuestas para todo pero tiene al Granada a tiro con un partido pendiente y la responsabilidad de estar a la altura de su propia actitud de toda la temporada. Lo dicen en una película de superhéroes: si no eres nadie sin tu traje, quizá no deberías llevarlo. Si no has ganado en El Sadar, quizá no mereces el ascenso directo. Es una épica maniquea y tramposa que funciona en las películas, pero la realidad siempre aguanta uno o seis asaltos más, para lo bueno y lo malo. No hemos ganado en Pamplona, ni Málaga, ni Granada, ni A Coruña, ni Cádiz, ni Oviedo. Y sin embargo seguimos ahí. Tan capaces de lograrlo, tan responsables de pelearlo hasta el último segundo.

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