Capítulo 33: ‘Brindis al sol de lo imposible’

Tan peligroso como vivir amarrado a la nostalgia sin cruzar las puertas del baile es cerrar los ojos y dejarse caer de espaldas en brazos de la ucronía, confiando en que va a estar ahí detrás para sujetarnos, ignorando que nunca está. Lo primero es una forma embriagadora de olvido de la realidad y lo segundo una justificación contra ésta. Una palangana de excusas, supuestos y futuribles en la que lavarse unas manos manchadas por la vida. Cada uno escoge su manera de huir, siempre hacia delante pero sin poder dejar de mirar atrás. En el hipotético caso. Imagínate que. Y si, y si, y si. Si Tomeu no hubiese cometido un error que no suele cometer. Si algo o alguien hubiese frenado a Malbasic en el segundo decisivo. Si Gentiletti se acerca un momento a la banda en el Nou Estadi y le amputan el brazo al empezar el descuento. Si Césped midiese mejor su entrada sin hacer tropezar a Manu Vallejo dentro del área. Si el Getafe no nos quita a Mathías antes de tiempo. Si renovasen a Enrique Martín, si éste sacase más a Quim Araújo. Ay si Aketxe falla ese remate. Si Jona marcara todo lo que debería, siquiera la mitad. Si el Cartagena llega a jugarse algo en la última jornada. Si no le cuelgan el marrón a Monteagudo después de largar a Pepe Botella. Si Ferrando se queda atendiendo su tienda de deportes en Tavernes y Floro y Candel no llegan a conocerse. Si el 1 de agosto de 1940 nadie acude al café Colón. Si mi abuela tuviera cojones, sería Nino y la querría aún más.

La ucronía nunca está para sujetarnos porque sus brazos son columnas de humo. Está vacía, no tiene esqueleto ni otro fundamento, aunque su atractivo es innegable. Una amante siempre dispuesta, a cuya cama volver cuando la realidad golpea y la razón exige vacaciones, pero sin cuerpo que colonizar. Es un brindis al sol de lo imposible. Si Tomeu no hubiese cometido ese error que no suele cometer, el Albacete tendría dos puntos más; estaría un poco más cerca de Osasuna, un poco más lejos del Granada. Si Tomeu no cometiese errores de vez en cuando, quizá no sería humano y jugar con él implicaría adulterar la competición. Si Tomeu no hubiese obrado tantos milagros, el Albacete tendría muchos menos puntos; estaría lejos del Granada y aún más lejos de Osasuna. Si Tomeu fuese humano más a menudo, no hubiéramos salido del Carlos Belmonte el Domingo de Ramos con sensación de derrota a pesar de haber conseguido un empate en un partido regular –con los litros de sangre y sudor que cuesta ganar cada centímetro en esta guerra–, a pesar de acabar la jornada en puestos de ascenso y depender de nosotros mismos para atravesar las puertas de la gloria o quedarnos en el umbral.

 

Los números sí son de verdad, el aquí y el ahora, no son ninguna ucronía. Tenemos lo que tenemos y nunca lo que nos merecemos; tenemos lo que tenemos y no lo que tendríamos si hubiesen pasado tantas cosas y otras tantas hubiesen dejado de pasar. Tenemos 61 puntos y una ligera diferencia goleadora que nos concede el segundo puesto. Tenemos ocho partidos por delante contra rivales que son gigantes disfrazados de molinos discretos y rivales que bajo disfraces de gigantes ocultan una vulnerabilidad tan humana como la nuestra. Tenemos una pulsión irracional por volver al estadio que nace de una ilusión que se sacude el polvo de años de letargo. Tenemos un equipo imperfecto, humano, entrañable y magnífico. Tenemos a Eugeni Valderrama. Tenemos una ciudad que siempre parece igual cuando volvemos a casa, nos quedan amigos con los que abrazarnos en un gol y una terraza de verano en la que celebrar el ascenso, o imaginar cómo hubiéramos ascendido si hubiese pasado esto o aquello.

One Comment

  1. Pingback: 1×33: Brindis al sol de lo imposible – Agorerismo mesetario

You must be logged in to post a comment Login

Deja tu comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.