RESPECTO A LA IDA: Elche CF 0-1 Albacete Balompié

Un polémico gol, una clara expulsión a Zozulia y un penalti escandaloso no pitado. Con esos tres detalles podemos recordar lo ocurrido aquel día en el Martínez Valero, donde los manchegos supieron sufrir para llevarse la victoria.

Ante más de dos mil seguidores albaceteños desplazados a Elche se presentaban los de Luis Miguel Ramis. Allí le esperaba Pacheta con un equipo que no terminaba de arrancar y que estaba coqueteando con los puestos de descenso.

El Elche salió dominando al partido, con ganas de doblegar a un conjunto que lo estaba haciendo muy bien hasta el momento. Varios fueron los intentos, sobre todo de su delantero de aquel momento, Sory Kaba, que dio trabajo a la defensa manchega.

Pero el que se adelantó en el marcador, no exento de polémica, fue el Albacete. Néstor Susaeta ponía un centro al área, para que fuera rematado por el que se supone llegaba con más ventaja, y ese no era otro que el Torito Acuña, el cuál, haciendo un movimiento extraño con la mano, hacía que despistara a Jose Juan y el balón fuera para dentro.

El gol espabiló más a un Elche que lo intentaba de todas las maneras posibles, pero entre Tomeu y la poca puntería ilicitana no conseguían perforar la portería del manacorí. Y antes de llegar al descanso, llegó otro momento clave, la expulsión de Román Zozulia, que entraba de manera peligrosa sobre Josan, lo que le costaría la roja directa.

La segunda parte pintaba mal para el Alba, con uno menos y con un Elche asediando la meta manchega. Todo hacía prever que los de Pacheta al menos igualarían la contienda, pero el equipo de Ramis sabe sufrir y en aquella ocasión también ocurrió. Los acercamientos se produjeron de diferentes maneras, por banda, con centros al área, disparos desde lejos, pero nada, la portería de Tomeu era infranqueable.

A pesar de todo, pudo acabarse el sufrimiento visitante si el colegiado hubiera pitado un claro penalti sobre Mathías Olivera, que se marchaba con una gran jugada y encaraba al portero para hacer el cero a dos, pero fue empujado por detrás, derribándole, sin dejar golpear al balón y cerrar el partido.

Y por fin se llegó al final, en unos de esos partidos que todavía se recuerdan por como se dio, tanto en las jugadas claves que se produjeron, como en la manera de conseguirse esos tres puntos. El Albacete demostraba que era un equipo sólido y difícil de batir. De hecho, aguantó una parte entera con un jugador menos, que a pesar del asedio local, se volvieron con los tres puntos tanto el equipo como los casi tres mil aficionados que se desplazaron en masa aquel día a disfrutar de su Alba al Martínez Valero.

Un Albacete que sigue demostrando su candidatura al ascenso (0-1)

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