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Aúpa Alba

Capítulo 29: Badalona ‘61 y Talavera ‘85

Foto: EL PAIS

Es posible, casi seguro, que Albacete sea el viaje más emotivo de cuantos puede hacer un aficionado de Almendralejo a lo largo de su vida. Los mayores recuerdan y la leyenda se incrusta desde el nacimiento en el cerebro de los niños como una pieza fundamental de la memoria compartida de la Tierra de Barros. Pepe Tirado marcó un gol en el descuento y con él no sólo llevó al desaparecido Club de Fútbol Extremadura a Primera División; también convirtió Albacete en La Meca de su hinchada y el Carlos Belmonte en templo sagrado y mistérico, un lugar al que regresar eternamente. Un símbolo poderoso con un significado radicalmente diferente al que guarda para sus habitantes originarios, para la afición local que lo vio profanado aquella noche de junio del 96.

Tantos años después, el Extremadura, con un nuevo club para sostener el antiguo sentimiento, jugó de nuevo en el estadio del que hablan las historias de los veteranos del Francisco de la Hera. Pienso en los pocos y exultantes aficionados azulgranas que acompañaron a su equipo, en lo que significó para ellos regresar o conocer el Carlos Belmonte. Lo pienso y me pregunto qué otros templos tiene el albacetismo como escenarios de hitos radicalmente trascendentales de su relato histórico. No me refiero a invasiones masivas de la marea blanca, ni a sonoras victorias a domicilio, ni a teatros de salvación como Cartagonova, sino a otro lugar que represente para nosotros lo que representa el Belmonte dentro del imaginario futbolístico de Almendralejo o de Salamanca, el solar de una gloria definitiva, lejano y conquistado, devenido en objeto de mitificación y nostalgia perpetua. Quizá Las Llanas y Mestalla se acerquen, pero no dejaron de ser penúltimas paradas; muletazos hermosos pero noestocadas finales. Se acerca también Zaragoza, al evocar el recuerdo feliz de la fiesta mixta del regreso a Primera, pero el hecho de haberse producido gracias a un gol ajeno en un escenario ajeno y por adelantado le resta fuerza visceral. El Vicente Calderón representa una hazaña copera inolvidable pero, a fin de cuentas, sin mayor trascendencia real más allá de la reafirmación del orgullo en unos tiempos difíciles.

 

Tras nueve temporadas en Tercera e incluso una sin ni siquiera salir a competir, el Albacete Balompié regresó a Segunda en junio del 61, una década después de su primera participación. Superó a La Felguera en la primera eliminatoria de la promoción y tomó ventaja en la ronda final ganando 1-0 al Badalona en el entonces nuevo Carlos Belmonte. En la vuelta, el Albacete aguantó un empate a uno y coronó su ascenso en el camp de la Avenida de Navarra, aunque fue un regreso efímero. No volvería a Segunda hasta el 19 de mayo del 85. El Alba llegaba a la última jornada empatado a puntos con el Algeciras y la Balona pero con ventaja para ocupar la segunda plaza de honor gracias a la diferencia de goles. Una victoria en El Prado talaverano garantizaba el ascenso. El Talavera no se jugaba nada y aun así no regaló el partido. Mariano Hernán fue el elegido para marcar el tanto de la gloria.

Badalona’61 y Talavera’85 han sido los dos momentos cruciales de la historia albacetista, en forma de ascenso de categoría, que fueron culminados lejos de Albacete.Después de todo, para el drama, la rabia y la felicidad, casi siempre reservamos las lágrimas para soltarlas en casa. Después de todo, en casa marcaron Rubén y César y Tomeu frenó a Rafa Mir, en casa rebotó a traición el balón de Simeón en el área del Levante, en casa hizo Zalazar dos goles el 9 de junio del 91. Pero por valor y trascendencia, El Prado y la Avenida de Navarra son dos lugares a reivindicar en nuestra memoria compartida. Contra el empuje del tiempo y, con él, del olvido, el esfuerzo colectivo por preservar el patrimonio del Albacete Balompié pasa también por eso. Por no dejar de escuchar mientras podamos a quienes vivieron Talavera y a los pocos que aún recuerden Badalona, para que el día que regresemos al Prado miremos al lugar donde Hernán nos devolvió a Segunda con la misma emoción de los extremeños que miraban hacia la portería Norte del Belmonte, esa donde Eugeni marcaba el gol de la victoria.En 2015 el viejo Camp del Centenari de la Avenida de Navarra fue derribado.

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