BannerMarmolesSimonOK
Aúpa Alba

Capítulo 28: ‘Por no ser mejor que nadie’

Puede que el clima extremo de Albacete sea la única explicación posible para entender el extremismo de su afición, dualista y pendular, tan ajena a los grises. Existe un debate eterno que adopta mil rostros y que tiende a degenerar con demasiada facilidad en intercambio de reproches. Conformismo o inconformismo, disfrutemos sin preocuparnos demasiado o no desperdiciemos una oportunidad histórica; crítica o apoyo ciego; subecarrismo o los pocos miles de siempre, lo bonito de un Belmonte a reventar o dónde estabais la tarde que vino el Zamudio. Un archipiélago de islas o blancas o negras desperdigadas en un océano gris donde parece prohibido navegar a la deriva. En Albacete, un mal mes de competición después de varios meses luminosos cae como lluvia sobre polvo para amasar el barro donde hundimos las piernas mientras nos zurramos a garrotazos por la custodia de la razón sobre algo más complejo y menos trascendente de lo que nos gustaría admitir. Puede que sea por lo extremo del clima o por la infinitud de caracteres que ha de haber en la viña que el Señor plantó al final de la Avenida de España.

El Albacete Balompié en el feudo del colista. A ver cuándo se anima alguien a componer una ópera sobre eso. Que lo haga Casimiro Ortega a lo Clint Eastwood, en plan testamento artístico. Que sea Manolo García el tenor principal y se cante aquello de “líneas de cal, vertederos de amor”: en Tarragona afloró su trocito peor, el de todos. ¿Dónde estaban entonces, cuando tanto les necesitábamos? Dicen que en Segunda, la Segunda de las sorpresas, nadie es mejor que nadie pero no creíamos que nos pudieran vencer, y si lloramos ante la puerta de Ocón Arráiz por esa mano pardilla de Gentiletti, de nada sirvió. Que sea Rozalén, a quien mi madre todavía confunde con Amaral, la soprano protagonista y se cante aquello de “como el Albacete Balompié en casa del colista, veo correr la bola en la hierba”. Será Martín, será el bajón, serán los 50 puntos, pero esta noche tampoco hicimos un gol. Que en el próximo partido en casa cambiemos el himno por esa de Carolina Durante que dice “pido perdón por no ser mejor que nadie”, aunque gracias al cielo se nos olvida que ya no ganan, que ya no marcan, sobre todo cuando es fin de semana y vuelven a jugar, porque después de todo aún sentimos la llamada a la insurrección contra esta Segunda y después de todo seguiríamos muriendo por vos, por el murciélago con tres torres en la barriga.

 

La existencia de estadios eternamente malditos no encuentra mejor antídoto que la certeza del hogar como refugio, como último lugar donde acogerse a sagrado cuando el mundo ya nos ha cerrado todas sus puertas. Eso le ocurre al Albacete Balompié esta temporada, pero no siempre sucedió así. La negación del hogar nos ha condenado durante largas épocas y desde hace tres años condena al Fundación, privado de todo en el Carlos Belmonte por Rayo Vallecano, Sporting de Huelva y Valencia. El Funda no gana en Primera ante la mirada de las gradas del Belmonte pero lo hizo cuando había que hacerlo para llegar hasta donde está hoy. Aquel día Vanesa regaló a Alba el gol que abrió la lata de la gloria. Cinco años y muchos palos después, volvieron a pisar juntas el césped donde hicieron historia. Quizá lo que menos importase entonces es que por tercera vez las invitadas a la fiesta se llevasen los regalos. La jugadora número 12 volvió a correr por la banda, símbolo de ese número 12 que siempre y a pesar de los garrotazos, en la Liga que toque, mira desde la grada al murciélago batir las alas, por mucho que a veces le cueste por el peso de las tres torres que lleva en la barriga.

You must be logged in to post a comment Login

Deja tu comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.