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Aúpa Alba

De cincuenta hasta un salto del «Toro»

Once mil ochocientos veinticinco, fue la cifra que nos ofrecía ayer el Albacete Balompié de la asistencia del partido. Con una simple resta de capacidad podemos calcular aquellas personas que a las seis de la tarde eran felices, pero posiblemente un poco menos que casi los doce mil presentes.
El partido no fue el mejor en cuanto a espectáculo, sin contar los diez minutos finales por supuesto. La táctica se abrió paso durante la primera parte y nadie fue capaz de salirse de la pizarra en la segunda, dos equipos serios atrás, sin conceder y sin apenas arriesgar.

No es fácil empezar ganando tan pronto y no dejarte llevar por un público que pedía más y más. Los de Ramis tuvieron la frialdad suficiente para esperar su momento, tirar contras cuando hubo que tirarlas y acabar jugada cuando el peligro de contraataque era palpable. Si arriba estuvimos espesos, atrás estuvimos muy serios.

Pero lo mejor no fue eso, lo mejor era ese sonido envolvente en cada jugada, cada balón dividido, en cada protesta, en cada fallo y en cada lamento. Ese suspiro al ver salir el balón de la bota de Tejero y ese grito al testarazo de Bela, una gozada.

Tener la oportunidad de ir al Carlos Belmonte y faltar era un pecado. Cada gesto se convirtió en una batalla, cada protesta en una guerra. Los diez minutos finales simplemente apoteósicos. Álvaro Peña dió sentido al juego, Acuña subió la temperatura con su calentamiento para más tarde subir a las nubes, Ramis miraba a Tejero y Febas contra el portero como un padre mira a sus hijos en su primer día de colegio, qué momentos por favor.

La gente se levantaba, gritaba, estaba histérica; parecía el último minuto, del último partido del año, era una sensación de que o te marcaban o  marcabas en cualquier momento. No contaba el Mallorca con un toro volador por supuesto. Aún no sé si saltó o empujó la Tierra hacia abajo, menudo animal.

Quedan cinco mil rezagados, cinco mil que se fueron ayer a la cama un poco menos felices que el resto, cinco mil que pasarán la semana preguntado si estuviste en el Carlos Belmonte y que si fue para tanto, que estás pensado en volver o que simplemente nunca has ido y te quieres animar. Pues mírale a los ojos y recupera un eslogan para la causa: «Entre ir o no ir… siempre ir, que nos quede la experiencia». De cincuenta hasta un salto de Acuña.

Artículo realizado por León Morata Ydáñez (@09lmy)

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