Capítulo 23: Pedir cabeza

Quedan pocas cosas que me quiten las ganas de suicidarme. Los jugadores que piden cabeza en mitad de la piña de celebración de un gol son una de ellas. Sobre el césped se desparrama un magma de brazos agitándose, piernas entrelazadas y cabezas sudorosas y entre tanta pulsión irracional un tipo que te pilla por banda, se lleva los índices a la sien y clavando sus ojos en ti, que sólo piensas en chillar, desahogarte, comerle la boca a tu compañero, te dice “¡EH! Cabeza, eh, ahora cabeza”. Ellos son la espada invisible del Leviatán de Hobbes. Cada vez que el contrato social está a punto de estallar en mil pedazos, ahí aparece ese jugador para templar gaitas con el gestito, “cabeza, eh, ahora cabeza que falta mucho todavía”. Qué haríamos sin esa invitación a la calma que esconde un augurio de probable fatalidad. Cuando dejé de soñar con ser Ronaldo el gordo primero y con levantar Preferencia de sus butacas con pases filtrados y faltitas colocadas a la escuadra después, empecé a soñar con ser el tipo que pide cabeza en la piña del gol. Acabé siendo el que pide cabeza al resto de los colegas en la discoteca cuando apremia la euforia al ver que alguno empieza a bailar pegadito y susurrarse cosas entre la oreja y el cuello con una chica, ahí entro yo con los índices separándose del vaso de tubo y apuntando a las sienes, cabeza, chavales, que queda mucho y todavía la podemos cagar. De eso va la vida, de eso va el fútbol: de colectivizar los éxitos de otros pero individualizar sus fracasos. También de cumplir objetivos en versión cutre, como soñar con ser Ronaldo el gordo y quedarse en gordo a secas o fichar a Muntari en 2019.

 

En Córdoba tienen una peña dedicada a Pepe Murcia. La descubrimos Andrés y yo paseando por el centro de la ciudad el verano pasado. Unos azulejitos blancos con elescudo del Córdoba pintado bien hermoso, coronado por la leyenda “PEÑA DEPORTIVA CORDOBESISTA PEPE MURCIA”. Nos hicimos fotos, porque la relatividad del fútbol es maravillosa. Personas que son símbolos o sinvergüenzas en función de la geografía. Incluso Jona. En el panorama peñista cordobés, sin embargo, nada hace sombra al carisma del Frente Penitente. Ojalá se llame así por estar integrado por aficionados bocazas que defenestraron fichajes antes de tiempo y pagan el atrevimiento de su ignorancia encadenados en los vomitorios del Arcángel, contemplando vídeos de goles del delantero que no les valía, milagros del portero que no iba a parar ni los taxis, carreras de 30 metros del lateral al que parecía pesarle el culete. La noche anterior el Alba había hecho oficial el fichaje de Rey Manaj y, sin conocerlo de nada ni haberlo visto jugar, lo despedazamos mientras buscábamos un sitio para cenar. Rey Manaj, macho, Rey Manaj. Te salvas en la última jornada dando toda la pena y tu primer fichaje es Rey Manaj. Directores deportivos en paro de paseíto por Córdoba. Si algún día llega una filial del Frente a Albacete, aquí tiene a sus dos primeros penitentes.

Lo normal cuando viene alguien a pedirte cabeza en mitad del éxtasis del gol es mandarlo levantinamente a fer la por mucha razón que pueda tener, porque bastante cabeza tenemos ya todos los días y bastante nos la calientan. Cabeza, que dice el Teletexto que faltan cinco puntos, que faltan ocho según La Liga. Cabeza, que podemos encadenar la típica rachita de quince derrotas, que en Segunda nunca se sabe. Cabeza, que marcamos goles pero no entran lo suficiente en la portería como para subir al marcador. Lo normal es mandarlo a la mierda, aunque eso signifique mandarse a la mierda a uno mismo, que tampoco está de más.

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