Capítulo 20: ‘Representantes’

Cómo nos representa Fulanito, decimos extasiados, y hay que ver cómo nos representa Menganito, exclamamos, Fulanitismo y Menganitismo como forma de  vida, jugadores que por su casta, por el peso de sus huevos o por ser aguerridos e incansables más allá de su calidad técnica se elevan ante nosotros como encarnaciones del arquetipo de futbolista ideal, “representantes” del escudo y de los valores que le atribuimos. Los buenos, los valientes, los bravos, nos representan en lo colectivo pero en lo individual y lo cotidiano los que nos representan son más bien pocos y a menudo malos, y eso jode más admitirlo. Tampoco es para avergonzarse. A mí me representaba mucho Paco Peña hasta que vi jugar a Walid Cherfa. Entonces empecé a valorar la posibilidad de haberme equivocado. A mí no me representaba mucho Manaj hasta que acabó en el hospital con un traumatismo craneoencefálico después de recibir tremenda patada en la cabeza cuando se iba solo hacia la portería del estadio en el que no había podido demostrar su valía, camino de marcar un gol rabioso con el que gritar “este soy yo, recordadme ahora y llorad lo que no supisteis aprovechar como club”, y después de ser amonestado el karateka con una amable amarilla. Entonces empecé a valorar la posibilidad de estar, una vez más, equivocado. Esa patada en la cabeza en el instante de enfilar los últimos metros del resarcimiento personal la hemos encajado todos, siempre donde y cuando más duele, siempre sin castigo ni indemnización. Por desgraciado, Manaj ya nos representa en lo individual además de, por bueno, en lo colectivo. No es algo al alcance de muchos.

La gloria es efímera y la lucha es eterna. No lo digo yo, lo dice el Granada Club de Fútbol, pero funciona como un buen resumen de todo en esta vida. De los trece minutos que fuimos líderes de Segunda División entre el gol de Bela y el de Vico. Tiene su mérito adaptar algunos cómics al cine de acción real, pero se valora poco a los que reproducen jugadas del Pro Evolution Soccer sobre estadios de verdad. La combinación efectiva y vertical en campo rival, el roce suave a la tecla circular para centrar desde el piquito del área, el remate en plancha y con la frente, el balón que besa el larguero y para dentro. Robert Downey Jr. como personificación de Marvel y Tejero y Bela de Konami. Cuando cuesta creer que el mando que tenemos entre manos es el de la televisión y no el de la consola es que las cosas se hacen bien. También en los videojuegos hay paradas imposibles y palos que parecen imantados para evitar goles, pero Tomeu y su portería de Los Cármenes saben que la realidad, además de la ficción, supera la realidad virtual. Eso también funciona como un buen resumen de todo en esta vida.

 

Últimamente procuro ser optimista y sacar algo positivo de todos los partidos que me trago. La mejor noticia del Granada-Albacete fue comprobar que Fede Vico era de verdad futbolista después de más de dos años con la duda, aunque también tiene su contraparte negativa, porque significa que ya no puede representarme. Cuando no demostró nada de lo que se prometía de él lo consideré un gran espejo, pero ahora debo buscar otros en los que descubrirme. Quizá sea Ortuño, con esa manera de observar impasible la jugada final, de encallar en el borde del área mientras Acuña hace volar un último balón sobre la portería a la espera de ser rematado en el segundo palo de forma agónica y catártica y dar la victoria y el liderato, esa manera de tirar la toalla ante la vida como Superman dejando que Lois Lane se espachurre tras caer al vacío porque, total, todos morimos igualmente antes o después. En una ocasión, estando el Albacete por debajo en el marcador, David Vidal vio a Cherfa tocándose las narices en el carril de Preferencia, yendo tranquilamente a por el balón para sacar de banda sin cansarse demasiado, y le gritó: “¿Qué, Cherfa, quiere un café?” Por supuesto, Cherfa no aceleró el paso.

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