El hombre que disparó a Basilio Sancho

Basilio. Basilio Sancho. Qué bien suena. Qué español, qué rotundo, qué de toda la vida, de mesón de carretera entre los amarillos eternos de la Meseta, de taberna de Los Serrano, de tu charcutería de confianza en el mercao. Qué jodido iba a ser meterle un gol al Txopo Basilio. Eso no lo viste venir desde nuestro hogar de alquiler por 15 euros y dos horas en la grada lateral descubierta del Cerro del Espino. Qué poquito viste venir desde allí, no viste el pase imposible de Noblejas y el escorzo de Aketxe, Mestalla, el vuelo y el aterrizaje de emergencia, no viste a Rey Manajaguantando, aguantando y aguantando y disparando en el momento adecuado, con la potencia y colocación precisas, y no viste a Basilio estirándose en balde mientras la pelota se colaba entre sus guantes y el palo camino de las redes de Gol Norte bajo mi mirada incrédula y el grito y la catarsis y las luces como estrellas de otras galaxias entre la niebla. No lo viste venir, por supuesto, no podías. Entonces nos cegaba otra niebla más espesa y venenosa, la de una necesidad que embotaba y cercaba incluso la imaginación. Alégrate. Seguiremos siendo el niño que éramos mientras nos quede algo que no veamos venir y capacidad para sorprendernos.

Nunca has soñado en grande porque lo grande ya lo viviste al principio, cuando aquel tío de Tavernes te regaló una caja y una vez abierta de ella voló la ilusión poco a poco, año a año, y al final, al cerrarla, sólo te quedó la pasión, la militancia, la soledad compartida entre locos, lo que te llevó a Majadahonda aquella tarde y te dejó con ganas de más después de perder la paciencia chocando contra la pared, contra el Txopo Basilio, al que tardaríamos 264 minutos, un empate, una derrota y un salto de categoría en meterle un maldito gol, en derribar la pared y estirar la mano por la brecha para agarrar la ilusión que se escapó y devolverla a la cajita que te regalo tío César y que tanto se parece a la cajita que tío Luis Miguel ha regalado por Navidad a ese niño, esa niña que está naciendo al fútbol soñando en grande y aún no entiende las batallitas de papá y el abuelo mientras empieza a librar las suyas.

 

El domingo, cuando la portería de Gol Sur desapareció entre la espesura y el tiempo de descuento moría y la victoria se consumaba, miré hacia Preferencia y a pesar de toda esa niebla blanca, casi opaca, os adiviné entre dos luceros de linterna, allí estabais, de pie, tal como os recuerdo, tal como erais, el abuelo y tú sonriéndoos, felices, jóvenes, etéreos, sin saber que alguien os espiaba a través del tiempo. Se te notaba en la cara que no ibas a ver venir nada de lo que había de suceder, que no te imaginabas Cartagena, Oviedo, Cádiz, Sestao, Ponferrada, Majadahonda, Matapiñonera, Lorca, Mestalla. Quise gritaros, hacerme oír entre diez mil almas, pero entonces Saúl Ais Reig silbó y os esfumasteis junto a tantos fantasmas, y me quedé solo, solo y triunfante y en ascenso directo, asomado a la cumbre más de una década después. Eso tampoco lo vi venir.

Lo único que había visto venir era el gol del Rayo en cada jugada, en cada balón colgado, en cada pérdida peligrosa, pero nunca vino, y ya no estaba Ñoño para acuchillarnos a traición y robarnos la Navidad como nos robó la Semana Santa, y ya no estabas tú para lamentarlo. Sentí que sólo quedábamos el Txopo y yo, dos anacronismos, dos reliquias de un tiempo perdido en algún lugar entre la niebla de entonces y la que cayó el domingo. Quisiera haber podido contarte que fui yo quien saldó nuestrasviejas cuentas con él, quien aguantó y aguantó y aguantó hasta disparar en el momento adecuado con la potencia y la colocación precisas, pero no fui yo ni lo fue Eizmendi al primer intento ni tampoco Aridane al segundo, no fuimos nosotros porque hay viejas cuentas que sólo pueden saldar hombres nuevos y fue Rey Manaj el hombre que disparó y abatió a Basilio Sancho para devolver al Albacete al lugar donde lo conociste, donde te enamoraste de él hace quince años sin importar todo cuanto estaba por venir, Cartagonova, Tartiere, Carranza, Las Llanas, El Toralín, el Cerro, Matapiñonera, Artés, el pase imposible de Noblejasy el escorzo de Aketxe, Mestalla, el 747, Rey Manaj, la niebla, las luces, la gloria, Basilio Sancho (qué bien suena). Se te notaba en la cara que no imaginabas nada de esto. Te lo noto cada mañana a través del espejo. Alégrate.

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