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Aúpa Alba

Capítulo 16: Kuba

El sábado conocí a Kuba, polaco y de Florida, o algo por el estilo, según me contó. Una cosa rara, pero buena gente, como todos los polacos. Buena gente y sufridores por naturaleza, todos ellos poseen el cóctel genético adecuado para ser potenciales hinchas del Albacete Balompié, o del Real Murcia –que en cuanto a penas es casi lo mismo–, como han corroborado comprando acciones a cascoporro. Kuba apareció por la grada cerrando el desfile escaleras arriba de una banda de varios yanquis polacos y se me sentó al lado. Disfrutó como un enano del Albacete-Osasuna y de todo lo que no era el Albacete-Osasuna, sobre todo de lo segundo, de mi desesperación, de mi cabreo y de mis celebraciones rabiosas, de la histeria y la euforia colectivas y de tantas muestras de amor hacia el hombre del silbato de oro, el grande, el único, el veterano, el del pitido inconfundible. Buena gente, Kuba. No entendía nada y se divertía tela. Le asombró el buen nivel de los dos equipos. Le gustó el campo y le gustó el partido. Sus amigos son más de béisbol, claro, pero Kuba, buena gente, es de soccer, de fútbol, al contrario que Figueroa Vázquez, que el fútbol pichí pichá, lo que a él le gusta de verdad es ser protagonista, ser estrellita, el cadáver en el velatorio y el pelmazo que hay en todas las bodas dando por saco hasta que el cantante de la orquesta le deja subirse al escenario y creerse Loquillo un rato con los primeros botones de la camisa desabrochados y dos cubitos reducidos a canicas flotando en el DYC aguado, destrozando “Feo, fuerte y formal”, porque no vino al Carlos Belmonte para hacer amigos pero sabemos que siempre podemos contar con él cada vez que nos apetezca convertir un buen partido de fútbol en otra cosa, en un show barato, en un esperpento.

Kuba, en un acto de profunda sabiduría que sólo puede ejercer quien no le va nada de nada en un partido, pasó como de comer mierda de Figueroa Vázquez durante los 90 minutos, y le envidié, y quise imitarle, pero no pude, quizá porque los dos somos gente sufridora pero él es un frío eslavo y yo un mesetario pasional, quizá porque él no había visto nueve meses atrás aquel otro Albacete-Osasuna y yo sí. Envidié a Kuba porque lo único que anhelan los árbitros como Figueroa Vázquez es atención y lo que les alimenta es justo eso, tener a todo el coliseo supurando bilis contra él, ÉL, FIGUEROA VÁZQUEZ, DEL COLEGIO ANDALUZ, mira mamá, ¿me has visto, mamá? Mamá, mírame, no, no estás mirando, mírame, ¡MÍRAME! Octanos en vena para un ego diésel. Gente sabia, Kuba. A los petardos, ni caso. Así se extinguirían antes, pero no puede uno contenerse: somos mesetarios pasionales y casi todos ya habíamos visto nueve meses atrás aquello que vimos. Círculos viciosos.

 

A pesar de todo, el Albacete no perdió. Remontar un marcador inicial adverso, aunque el destino acabe devolviéndonos a la casilla de salida, siempre aviva el orgullo. Osasuna fue mejor a ratos y, cuando parecía que llegaría la sentencia y daríamos esquinazo a los agobios de los descuentos defendiendo ventajas mínimas, Osasuna volvió a marcar. Ese segundo gol rojillo que durante 45 minutos temí aquella tarde de Sábado de Pasión hasta que Rubén Cruz convirtió su penal, ese segundo gol que desde entonces nunca he dejado de temer se presentó al fin el sábado. Debí haberle hablado a Kuba de todo aquello. De Ferrando y de Enrique Martín, de todas las emociones vividas y todos los ascensos y descensos que se han visto desde el asiento donde reposó su culo polaco y yanqui. Quizá hubiese entendido un poco mejor el motivo de todo, la desesperación, el cabreo, las celebraciones rabiosas, la histeria y la euforia colectivas y las muestras de amor hacia el hombre del silbato de oro. “En América el deporte es como gente yendo a gastar dinero, aquí es más como… la vida”, dijo al empezar la segunda parte. Me hizo enmudecer. Su primer partido en el Carlos Belmonte, seguramente también el último, y cómo nos había calado. A todos. Gente sabia, Kuba. Debí haber hablado más con él, aunque sólo fuera para enseñarle a decir lo primero que se enseña a un extranjero en un Albacete-Osasuna arbitrado por Figueroa Vázquez, lo elemental, lo necesario, el grito de libertad saveljichiano: SKURWYSYN! Hay que decirlo más.

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