¡Hay que quejarse! ¡Y fuerte!

La actuación de Figueroa Vázquez este sábado en el Carlos Belmonte fue de traca, de las que hacen historia y se recordarán pasen los años que pasen

Figueroa Vázquez, nunca dos apellidos dijeron tanto a la vez, nunca dos apellidos despertaron sentimientos tan oscuros en la mente de los aficionados del Albacete Balompié.

Nos las prometíamos muy felices. La semana pasada ganábamos en casa al líder y todo parecía un camino de rosas. El equipo conseguía la tercera victoria consecutiva, incluso se podían llegar a ganar, de una vez, los dos encuentros consecutivos en casa esta temporada. Hasta que Figueroa Vázquez apareció en la casilla como colegiado para el Albacete – Osasuna.

 

Ya se presagiaba lo que podía ocurrir durante la semana, cuando a comienzos, nos dábamos cuenta de que el árbitro designado era el andaluz, Jorge Figueroa Vázquez. Sevillano de 38 años de edad y con 7 temporadas de «experiencia» en Segunda División.

A muchos nos rondaba la cabeza la espeluznante actuación que la pasada temporada este aficionado del pito representó en el Carlos Belmonte, precisamente ante Osasuna. Expulsaba a Esteban Saveljich, con doble tarjeta amarilla, por una acción que no era ni merecedora de la misma, y que el Comité de Apelación tuvo a bien retirar. Pues nada más y nada menos que 4 partidos fue la sanción para el central argentino del Albacete tras aquella expulsión.

Lo de hoy no pintaba bien. Y es que desde el pitido inicial ya se atisbaba la cara con la que este señor, por llamarle de alguna manera, venía a Albacete. Un penalti más que dudoso le brindaba a Osasuna la oportunidad de adelantarse, y que no desaprovecharían. Tampoco lo hicieron con todas las faltas que quisieron sacar. Era tirarse o notar el más mínimo contacto por parte de un jugador blanco, tirarse al suelo y el colegiado allá que iba con el pito. Y no culpo a los jugadores rojillos, sino al pintamonas del árbitro que en un partido sin una triste patada mal dada, acabó mostrando nueve tarjetas amarillas y dos rojas.

Y es que el partido fue limpio, noble y con buen fútbol. Salvo cuando aparecía Figueroa Vázquez que no hacía más que interrumpir y poner al público muy nervioso. Tanto que al final acabó contagiándose y acabando de los nervios, como el propio míster Luis Miguel Ramis comentaba al término del encuentro.

Persecución a Zozulia

Y entre tanto, déjenme decirles una cosa. Y es que lo creo ciegamente. Los árbitros van en contra de Zozulia, no creo que en contra del Albacete Balompié, pero sí en contra del delantero ucraniano. Tienen algo contra él.

Que ha debido hacerles algo muy grave, porque sino, no se entiende, esa manía persecutoria que tienen con él.

Dejemos claro que Zozulia no es un hermanito de la caridad con las defensas rivales, pero no juega sucio, solamente juega duro, muchas veces al límite, pero no siempre.

No podríamos decir lo mismo de las defensas rivales. Que ‘cascan’ igual o incluso más a Zozulia que viceversa. Por no hablar de cuando finjen como bellacos las embestidas del delantero.

A falta de quejas públicas y oficiales por parte del Albacete Balompié, que ha optado por la vía moderada, callar de puerta hacia fuera y quejarse donde tengan que hacerlo en privado, ya estamos nosotros, para dar voz al escándalo, y para denunciar que Figueroa Vázquez no debería pisar más el Carlos Belmonte, ni acercarse si quiera.

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