Capítulo 14: La mitad del amor

Un gol y un adiós del 24 para llegar a 24 puntos y cincominutos, la vida es eterna en cinco minutos, la sonrisa ancha, la lluvia en el pelo, no importaba nada, ibas a encontrarte con ella en cinco minutos, cuando sonase el silbato como una sirena, la vida es eterna en cinco minutos, y tú despejando lo iluminas todo, los cinco minutos te hacen florecer, el césped mojado, corriendo hacia el área para defender, y ella, que tantas veces se fue en brazos de otros, que sin querer hacer daño tanto nos hizo, no marchó en brazos de nadie y en cinco minutos quedó en nuestras manos, suena el silbato como una sirena, muchos puntos volaron y no volvieron, pero estos puntos y ella con su sonrisa ancha de victoria no lo hicieron, la lluvia en el pelo, de vuelta a casa por las calles mojadas no importaba nada porque nos habíamos reencontrado con ella, otra semana, otra vez, el mismo amor y la misma lluvia de siempre, de cuando los puntos volaban y jamás volvían, de cuando los puntos se quedan y nos acompañan y ya son 24 después de un gol y una expulsión tonta del 24 y después de aguantar cinco minutos eternos con la sonrisa ancha y la lluvia en el pelo.

Ni más ni menos: veinticuatro, un punto por cada hora del día, unos más brillantes, otros más oscuros, alguno aburrido, veinticuatro al fin y al cabo. Metáfora imperfecta de desvelos y borracheras, de lágrimas y rugidos. Porque se ve un juego bonito nosotros nos ponemos orgullosos, ni más ni menos. Durante mucho tiempo el Albacete ha abusado de nuestra bondad y nuestra paciencia porque somos demasiado buenos algunas veces, y demasiado poco pacientes otras, y de tanta hambre pasada con poco que nos den somos casi felices y si nos dan mucho nos ponen a sus pies. No es una fórmula compleja pero sí complicada. Ni más ni menos merecemos, ni más ni menos esperamos. Estamos orgullosos de nuestro equipo porque en casa se ve bonito, juega bonito y gana bonito y a veces hasta sufre bonito, porque compite y puntúa, compite y también pierde, porque es humano y porque es nuestro, porque Alba Redondo lo lleva por el mundo, porque estuvimos orgullosos de estas alas negras desplegadas y este triángulo blanco invertido y estas tres torres amarillas siendo colistas, siendo una mierda, perdiendo en Arroyo de la Luz y en El Mayayo, estuvimos orgullosos cuando no cabía estarlo, porque el orgullo y la militancia son lo único que no se negocia, lo último que se pierde. Estamos orgullosos porque podemos, porque nos da la gana, porque somos ansí, ansí, como era el mundo enaquel escudo de armas que Baroja vio en una casa de Navaridas.

 

Es tan corto el amor y tan largo el olvido, es tan corta aún la puntuación y tan largos los partidos, tan larga la temporada, es tan breve lo bueno y tan eterno el tiempoque se tarda en perder la costumbre de ser feliz. Este Albacete nuestro, bonito y orgulloso, funcional y carismático, es una invitación al disfrute presente e inmediato. Un cheque en blanco a cobrar en la ventanilladel carpe diem. Disfruto de haber completado la mitad del trabajo en la tercera parte del tiempo. Disfruto de lo que se puede disfrutar. Disfruto del fútbol, que es por lo que llegué y me quedé. “¿Creés en el destino, vos?” Creo en mi equipo, Soledad. Aunque una parte de él no cambie ni vaya a cambiar, y otra parte ya no vuelva a ser el viejo Albacete Balompié. El pasado pasó, y fue bonito y también una mierda. El futuro nos escala por la punta de los talones. El presente son cinco minutos de sonrisa ancha y lluvia en el pelo y nada que importe mientras llega la victoria a echarse en nuestros brazos y cantarle por Calamaro aquello de “dicen que para reír no hace falta mirar atrás, y esta vez, para mí, tienen razón. Qué subidón, qué momento ideal, ya encontré la mitad del amor.”

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