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Aúpa Alba

Todas las horas hieren

Cada vez que lamentamos un gol en contra, cada vez que tenemos que abrir la ventana de la cocina para que se vaya una mosca, cada vez que hacemos click sobre un titular engañoso, estamos diciendo “Viva el Rey”. Cada vez que el Rey se sube el sueldo, está diciendo “Viva el Rey”. La centra, la remata y se besa el escudo. De eso no cabe duda, Casado. Todo es viva-el-rey, porque la vida es la escena inicial de ‘El rey león’ en carne y hueso, sin dibujitos. Pero, ¿qué hay de cuando le gritas “asesino” a Rey Manaj? ¿También estás diciendo “Viva el Rey”?

Etimológicamente, le estás llamando a voces “fumador de hachís”.

 

No llaméis porretas a los futbolistas con tanta ligereza. Les podéis buscar un problema con el TAS.

Los historiadores y sociólogos del futuro no encontrarán fuente más preciosa a la hora de reconstruir el pensamiento de los Sapiens del siglo XXI que los comentarios destacados a los vídeos de YouTube. Como especie, no nos gusta rendirnos a la evidencia fácilmente. La realidad es una tuerca oxidada a la que nunca se termina de dar una última vuelta. El primer comentario que aparece bajo el videoclip del éxito de Wham! ‘Wake me up before you go-go’ es lapidario: “¿Cómo no nos dimos cuenta de que George Michael era gay?” El primero debajo de ‘Wicked game’, de Chris Isaak, es aún mejor: “Me hace echar de menos a la ex que nunca tuve”. Casi como la grada de Son Moix y el Torito. Nunca se echa de menos a un ex hasta que te mete un par de goles en tu propia casa años después. Nunca se echa de menos a un ex al que recordabas como un paquete, pero son esos y sólo esos los ex que siempre te marcan uno o dos goles en tu propia casa años después. Todas las horas hieren, todos los goles hieren. Pero sólo matan los que marcan los ex. Qué nos van a contar. Alguien respondió al comentario sobre George Michael: “Tal vez lo sabíamos y no nos importaba”. ¿Cómo no supieron que Acuña, todo huevos, todo alegría, todo corazón, nada de goles, estaba destinado a clavarles un par precisamente a ellos? ¿Tal vez lo sabían y no les importaba? Igual que yo sabía que Dani Rodríguez lo haría con nosotros. Y no me importaba.

Fue un 23 de septiembre, a mediodía. El Albacete se preparaba para viajar a Marbella y defender, por primera vez, el flamante liderato conquistado el domingo anterior. Mientras Floro se devanaba los sesos decidiendo cuántas mudas echar en el petate, dos jóvenes contraían matrimonio en Ciudad Real. La vida estaba a punto de florecer y el mundo a punto de estallar para todos.

Veintinueve años después, el muro de Berlín y el telón de acero ya sólo eran un párrafo en el último tema de los libros de Ciencias Sociales de secundaria y el Albacete había ido y vuelto del cielo y de cien infiernos. Un 23 de septiembre, a mediodía, no llamé a mis padres para felicitarles el aniversario porque estaba viendo al Albacete ganar en Mallorca y asaltar, por unas horas, las plazas de ascenso directo. Llamé por la noche, porque soy mal hijo pero con moderación, y después de felicitaciones y agradecimientos el viejo me preguntó, como cada domingo, qué había hecho el Albacete. Y pensé en lo poco que le importa al viejo el Albacete, un equipo de un deporte que no le gusta y de una ciudad que no es la suya, y por el que sin embargo me pregunta cada domingo. Y comprendí que quizá de eso se trate ser padre. Y las lágrimas se me asomaron al balcón, miraron mejilla abajo, y no se tiraron. Pero estuvieron a punto.

Un 24 de septiembre Arévalo publicó en Twitter una fotografía de la noche en que juntó en Madrid a Carlton Banks y Benito Floro, y todo el mundo recordó entonces el baile de Carlton Banks, y todo el mundo recordó a Benito Floro, y lo más meritorio, todo el mundo recordó a Arévalo. Todos recordaron, en general, lo felices que fueron en los 90. Nadie recordó, ese 24 de septiembre, que se cumplían veintinueve años del día en que el Albacete de Benito Floro defendió por primera vez su liderato en Marbella y ganó 2-4. Entonces la vida aún no había florecido, el mundo no había estallado todavía. Pero estaban a punto.

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