Un país ingrato

Ingrato: desagradecido, que olvida o desconoce los beneficios recibidos. Desapacible, áspero, desagradable. Que no corresponde al trabajo que cuesta labrarlo, conservarlo o mejorarlo. La RAE tiene respuestas para todo. La portería es un país ingrato, muy ingrato.

Angustia: aflicción, congoja, ansiedad. Temor opresivo sin causa precisa. Aprieto, situación apurada. Sofoco, sensación de opresión en la región torácica o abdominal. Dolor o sufrimiento. Angustia pura, sin cortapisas ni analgésicos, a tumba abierta. Intento dar con la palabra exacta para definir a Raúl Valbuena y sólo puedo pensar en angustia, y no sé por qué, y no me gusta. No me gusta porque Valbuena me gustaba y tampoco supe nunca por qué. La vida es más sencilla de lo que nos empeñamos en creer. Unos días estás en el once y otros no. Punto. A veces las cosas suceden y ya está.

Valbuena jugó más de cien partidos con el Albacete y ganó dos títulos: encajar el primer  gol de Fernando Torres y encajar el primer gol de Messi. Las imágenes siempre estarán ahí para recordárselo, para recordárnoslo. Valbuena ganó una Copa del Rey y no fue con nosotros. Todos sus momentos felices se vistieron con la camiseta del Zaragoza, de donde venía siempre y a donde siempre se iba, como esos padres de familia huidizos e intermitentes que tienen dos vidas y dos mujeres y varios hijos con cada una y nunca llegan a conocer del todo el significado de la palabra hogar. Quizá Valbuena sabía que sólo podía ser feliz en Zaragoza y por eso siempre defendía la portería del Albacete con aquella imborrable y eterna expresión de angustia. Quizá no, quizá no era feliz en ninguna parte.

Hay mucha poesía en la soledad de los porteros porque hay mucha poesía en la soledad; la hay en todas las cosas que son una mierda. No sé cómo se llega a ser portero, pero sé que es la única demarcación estrictamente vocacional de los equipos de fútbol profesionales. Puede que no tan vocacional como tomar una pala y hacerse enterrador en un cementerio cualquiera, pero sí muchísimo más ingrata. La portería: otro de tantos países ingratos en mitad de un mundo ingrato en su totalidad, un país desértico y congelado al mismo tiempo. Hay una foto de Valbuena en los infantiles del Leganés, año 1989, compartiendo formación con Vivar Dorado, Movilla y Víctor (el del Valladolid, el Villarreal, el Cartagena), y ya entonces exhibía ese rictus de angustia, ese ceño fruncido como de estar constantemente mirando al sol de cara, de cargar con el peso de una responsabilidad demasiado grande, de ser el único soldado en el ejército de la República de la Portería, ese país tan ingrato, siempre amenazado, siempre al borde de un bombardeo, nunca apacible.

Valbuena terminó el partido en el Camp Nou con el balón entre las manos y, como nadie se le acercó para pedírselo, se lo llevó a casa después de que todos sus compañeros se lo firmasen. Como recuerdo por haber completado una buena actuación. Tantos años después todavía lo llaman cada vez que Messi bate un nuevo récord goleador para recordarle que él se comió el primero de todos. Parece que lo lleva bien. Algún día espero llamarlo yo y preguntarle por el balón, si lo tiene al lado de la Copa del Rey que no ganó con nosotros como souvenir de un día cualquiera de trabajo ingrato, premiado con recibir un gol para pasar a la historia de la forma más ingrata posible. Algún día espero llamarlo yo y preguntarle: “Raúl, ¿qué era aquello que tanto te angustiaba cuando defendías nuestra portería?”

One Comment

  1. Pingback: Un país ingrato – Agorerismo mesetario

You must be logged in to post a comment Login

Deja tu comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.