Tragedia más tiempo

Sin duda, hay muchas cosas que se nos pueden reprochar a los aficionados del Albacete, pero no saber reírnos de nosotros mismos definitivamente no es una de ellas. Y eso, tratándose de un colectivo de desgraciados que –salvo algunas excepciones que se cuentan con los dedos de media mano– llevan una década penando mucho más que disfrutando a causa del fútbol, o es un claro síntoma de que sabemos afrontar todo esto con el poco dramatismo que quizá merece o es una prueba irrefutable de que el Carlos Belmonte es un frenopático gigantesco.

La comedia es el resultado de sumar tragedia más tiempo. Lo discutido de su autoría no resta a esta cita un ápice de verdad. En el Albacete Balompié la tragedia ha fluido a cascada limpia, nos ha calado hasta los huesos, y el tiempo, bueno, el tiempo siempre acaba viniendo solo. Si Sartre estaba en lo cierto y el ser humano está condenado a ser libre, el ser humano albacetista parece estar condenado a la comedia. A veces, no lo niego, dan ganas de dejarlo. De dejarlo de verdad, aunque el futuro sólo depare aburrimiento. Pero lo cierto es que nunca lo dejamos. Las demás drogas todavía tienen mucho que aprender del fútbol.

 

Escribo sobre Neuton Piccoli como podría escribir sobre cualquiera. Sobre Nicolás Crovetto o Fernando Jorge Fajardo. Sobre Trésor Kandol, Guillaume N’Kendo, Esteban Buján, Jeremías Caggiano. El fichaje fallido como una de las Bellas Artes, perfeccionada hasta el paroxismo por la secretaría técnica de un club aparentemente deseoso de entrar en la Historia a cualquier precio. Si no puedes acceder a ella por las puertas de la gloria, hazlo por la gatera del absurdo. Quizá fue simplemente cosa de incapacidad supina de unos y de otros. Eso es lo peor de la tragedia cuando llega de forma tan patética, tan anodina: que las responsabilidades se acaban diluyendo entre la ambigüedad.

Puede que sin sentido del humor el Albacete llevase muerto bastante tiempo, y eso que ha coqueteado con ello muchas más veces de lo que un club suele resistir. Quién sabe, quizá esté ahí nuestra verdadera identidad, esa que llevamos tanto tiempo buscando como un Arca perdida en cuyo interior descansan las certezas que necesitamos: no en la cantera, no en el folclore, por supuesto no en el buen juego. Al fin y al cabo, parece que últimamente el sentido del humor ha caracterizado y ha dado más a esta pobre tierra que las hojas cortantes, la leche cuajada o los hojaldres rellenos de crema. A decir verdad, sólo nos ha hecho ser nombrados un poco más en la televisión pero, como decía Krahe, en esta vida todo es vanidad.

Lo que más me duele al pensar en toda esa marabunta de nombres olvidados, de rostros derretidos como en una pintura negra de Goya, es la duda. La posibilidad remota de que, quizá con un par de partidos, con algún puñado generoso de minutos, alguno de ellos hubiese resultado ser un futbolista aprovechable. Hubo quienes tuvieron esas oportunidades y demostraron que, efectivamente, merecían de todo menos un contrato profesional. Gluscevic, Balboa, Meyong Zé, Álex Pérez. Confieso que siempre he fantaseado con ver jugar a todos aquellos fantasmas que, como Neuton, pasaron por el Albacete Balompié como una mosca que se cuela por la ventana, revolotea por la habitación y se marcha por donde ha venido. Siempre he deseado resolver esas incógnitas. Haber corroborado que sí, que eran tan malos como prometían. Supongo que morirnos con tantas dudas es otra más de nuestras tragedias, pero el tiempo siempre acaba pasando y los esperpentos del pasado se convierten en risas. Al menos nos sirve para que, en comparación, el presente nos parezca un poco mejor. Nos sirve, en definitiva, para no dejarlo. Aunque a veces nos muramos de ganas.Neuton

One Comment

  1. Pingback: Tragedia + Tiempo – Agorerismo mesetario

You must be logged in to post a comment Login

Deja tu comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.