La locura se desató en el 95

En la tarde de ayer, en el Carlos Belmonte, se vivieron 5 minutos mágicos. El encuentro estaba llegando a su fin, parecía que la cuarta derrota de la temporada iba a consumarse, y que otra vez el Gernika, volvería a tumbar al Albacete de Aira.

Sobre el césped, once hombres que no pensaban lo mismo, en el banquillo otros tantos que tampoco lo querían creer y empujaban sin desfallecer.

Corría el minuto 89 cuando Josan levantó la cabeza y puso un balón pasado al segundo palo donde se encontraba Aridane. El canario, un hombre solidario y nada egoísta, no pensó en aumentar su cuenta goleadora, pensó en marcar. Y así fue, dejó de cabeza el balón para su compañero Héctor, que desde atrás y sin achicarse metía la pierna y ponía el empate en el marcador. El público respiraba aliviado porque veía como al menos un punto se sumaría en el casillero.

Qué decir, de los que abandonaron antes de tiempo a su equipo, incrédulos de que el encuentro se podía empatar. ¡Qué pena!

Como se ha dicho anteriormente, casi todos pensamos que, al menos, un punto quedaría en el Belmonte. Digo casi todos, porque seguía habiendo once hombre sobre el césped que no pensaban lo mismo, y otros tantos en el banquillo que tampoco lo querían creer.

El Albacete siguió y siguió a lo suyo, y en una de estas, Iván Sánchez volvió a levantar la cabeza, puso un centro al área desde la parte izquierda y por el primer palo apareció y saltó más que nadie el que comparte pichichi del equipo con Aridane, el también canario Héctor Hernández cruzaba el balón con la cabeza, imposible de atajar para Altamira y llorando, con más de 4.000 aficionados empujando, el balón entró.

En ese momento la locura se apoderó de todos, jugadores, banquillo y aficionados. Todos menos los que habían abandonado a su equipo antes de tiempo, incrédulos de que se podía remontar. ¡Qué pena!

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