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Aúpa Alba

95, 96, 05, 11, 16

No, no es la combinación ganadora de esta semana del euromillón. Son los descensos del Alba que el que escribe ha vivido. Sin ser de los veteranos, en poco más de 20 años ya he vivido 5 descensos de nuestro Alba. Es una media interesante, ciertamente.

“Lo” del Salamanca (1995)

El tristísimamente famoso día del Salamanca, he de decir que me cogió demasiado joven, no lo sentí demasiado (casi lo siento más ahora, viendo imágenes de la tele y testimonios de la gente, me pongo en su pellejo), solo recuerdo al mítico Carmelo Ayllón en una radio que había puesta (siempre la radio) con voz de funeral, lo cual me hizo pensar que iban mal las cosas. Y que el partido se acabó muy muy tarde. Alguien en el colegio, en la escalera, al bajar camino a la calle o al recreo, me dijo la semana anterior que se salvaban seguro porque acababan de ganar 0-2 al “Murcia”. Creo que me dijo eso o lo habré ido yo reconstruyendo con los años. También me acordé de él. Nebulosas de alguien que si no podía estar sentado más de 3 minutos, iba a estar 90 viendo a once tíos en paños menores corriendo detrás de un balón.

 
 

El entrañable Extremadura (1996)

El que ya sentí un poco más (bastante más, me costó mis buenas lágrimas) fue, curiosamente, el que la gente como que sintió un poco menos. El del año siguiente. Parecía como que estábamos de prestado y que la Primera División había sido poco menos que un obsequio federativo. Se esperaba bajar porque éramos un equipo con fisonomía de Segunda al que pusieron en un despacho a competir en Primera. Encima me acuerdo de que la gente comentaba que “menos mal que nos había tocado el Extremadura y no el Mallorca”. Hay que decir que el Mallorca era un coco, tenía de presidente al Doctor Beltrán, que se gastó en la plantilla lo que no había en los escritos, con cesiones y fichajes de ensueño, pero, lo que son las cosas, le tocó al Rayo y los muchachos de la franja roja los eliminaron. Las cosas de la terrorífica promoción. Pero no, no iba a ser el Extremadura la perita en dulce que esperaba la gente. De hecho, en Almendralejo perdimos entre semana 1-0, con gol de Manuel (el rubio aquel con el 7 que te fabricaba un túnel con un cortauñas por debajo del césped y te hacía gol, lo más ratonero que los terrenos de fútbol patrios han visto). Además, Zalazar tiró una falta fuera del Francisco de la Hera directamente a la calle y a mi me hizo mucha gracia.

La vuelta fue un domingo por la noche o algo así. Yo había hecho la comunión unos días antes y claro, estás en el momento ese capillita en el que te intentan inculcar ir a misa o por lo menos dejarte ver por la parroquia (cosa que se queda en los dos domingos siguientes después de tomar la comunión, como mucho) y le pregunté a mi madre si estaba bien pedir por el Alba. Espero que me contestara que si, porque si me dijo que no, tampoco le sirvió de mucho. También esa comunión, cuando gran parte de los niños se pidieron la equipación del Madrid de Teka, algunos la del Barça de Kappa y alguno la del Atleti porque acababa de ganar el doblete, yo me pedí la del Alba, con medias y todo. Ante la incredulidad y la chanza de todo el mundo. Me había pedido una equipación de un equipo que seguramente bajaría a Segunda, con otras dificultades añadidas como que era final de temporada y ya no les quedaban, que el merchandising futbolero no era lo que es ahora e hicieron cuatro equipaciones mal contadas, y para más inri, en aquella época solo la tenían en Deportes Leo. Y en Catali creo que también pero no estoy seguro. Costó un parto, hubo que pedirla a no sé donde, creo, pero ahí me vestí con la equipación de la CCM. Sin quitármela en todo el verano.

Pues eso, partido de vuelta, todos pensando en que a esos zagales extremeños que vestían como el Barcelona pero con una marca que no conocía ni Cristo, en plan chándal del Barça de los inva, les iba a caer la del pulpo, y ahí estaba el partido, con un perenne 0-0. Aparte de que su portero (Amador) era un valladar, me daba la impresión de que los 11 jugadores del Extremadura estaban calvos, llevaban el 6 y se llamaban Pedro José. Qué partido hizo el tío. Descomunal. Era como Portu pero pelón y sin barba. ¿Que chutaba Bjelica? Ahí estaba Pedro José salvando el gol ya seguro en la misma línea. ¿Que atacaba el Extremadura? Ahí estaba el 6 calvo conduciendo el contragolpe. ¿Que había córner para el Extremadura? Ahí estaba Pedro José para sacarlo y para rematarlo después. Una pesadilla de hombre. Es un futbolista mitiquísimo de los 90 pero para mi un villano. Suena fatal decirlo pero es así, nunca lo pude ver. Como a otro calvo, Fernando del Valencia que siempre nos metía goles y al que lo sigo odiando mucho cuando sale en la tele. Además le pasa como a todos los calvos prematuros, que parece que no envejecen nunca.

Cuando no quedaba tiempo casi, el Extremadura, que habría pasado dos veces del medio campo en todo el partido metió un chirlo impresionante de falta directa desde unos 15 kilómetros y nos mandó a Segunda. Ellos a la Liga de las Estrellas con todo el mérito y gozando de la simpatía de toda España. La mía en aquel momento no. Luego de mayor entiendes que su trabajo consiste en ganar. No en fastidiarte a ti.

Villarreal, Levante y el abismo hacia el mundo de los mayores (2005)

Tercer descenso. Villarreal en 2005. Sinceramente, tengo una memoria bastante buena para las cosas que en teoría no sirven para nada, pero no recuerdo especialmente ese partido. O sea, recuerdo estar viéndolo y tal por el PPV pero como con la cabeza en otra parte. El Villarreal se jugaba meterse en Champions y nos ganó con un gol de Riquelme de penalti. La vergüenza de aquella temporada fue tremenda. Dolió el descenso porque el club llevaba una línea muy buena. Temporadas tranquilas (alguna de notable alto) en Segunda con don Julián Rubio y Paco Herrera poniendo los cimientos y Ferrando trayendo la felicidad dos años seguidos. Y se nos había olvidado un poco lo que era hacer las cosas rematadamente mal y que encima hubiera castigo final sin un triste Leganés al que agarrarnos. Y luego estaba el internet, y el foroalba y todo aquello, que te enterabas de las faenas nocturnas de la plantilla, de los desmanes, cruceros y “Rólexes” del Consejo, o si de uno se fundía el sueldo en las tragaperras y se te llevaban los demonios. Qué vamos a contar de una temporada que empezó con José “botella” González de entrenador y con Jaime, que era un mediocentro que había sido campeón de Europa con el Madrid, llevando el número 13. Si, el 13. Cuando se cerró el mercado, allá por la cuarta o quinta jornada, le pusieron el 15 (creo), pero ahí quedó la anécdota de ver a un jugador de campo con el 13. No podía salir bien aquella temporada. Estaba claro. Y fue un desastre.

El 13 lo acabó llevando Pindado. Leyenda del Alba. Y lo podía haber llevado Balaguer, que era el entrenador de porteros y que recuerdo que Castelo en el AS publicó que se habían pensado en el club darle de alta ante la escasez de guardavallas. El entrañable “Bala”, con cuarenta primaveras, de portero de Primera División con el número 13 (en honor a sus eternas guardias en el banquillo a Conejo) hubiera sido bastante gracioso. Al final, ya digo, ficharon a Pindado que creo que solo jugó en Santander el último partido, sin nada en juego. A saber cuánto dinero se llevaría por partido jugado, igual porcentualmente se sacó más que Paquirrín por bolo.

Que me voy del tema, no recuerdo especialmente el día del descenso en Villarreal, el partido que si recuerdo nítidamente fue el de la semana anterior en casa con el Levante. Mucha gente recordará lo que pasó ese día. Para quién sea muy jovencico o estuviera en una cueva, o en la Ruta Quetzal con el maestro y recientemente fallecido de la Quadra Salcedo, resulta que el Alba estaba en Primera División, en una dinámica en la que no le ganaba a nadie casi desde la Copa de la Coronación del Rey Alfonso XIII, llegó el Levante jugándose bajar (que bajaron) y sorpresa, el Alba ganó, y bien ganado por 3-1. Y alguno más que pudo caer, que recuerdo un uno contra uno de Walter Horacio Peralta (leyenda blanca) que la tiró al palo izquierdo de Gol Norte a cámara lenta. Pero a cámara superlenta como si fuera una escena de salvamento de los Vigilantes de la Playa. La pelota surcaba el césped a una velocidad similar a la bola de bolos que lanzaba el Señor Burns.

Me pareció vomitivo lo que pasó ese día. El equipo, como digo, le pasó por encima al Levante (el portero del Levante también pasó por encima, en este caso para quedarse, de la rodilla de Mark González) y a unos jugadores incapaces ni de empatar con nadie le salió el partido del año. Parecían colosos enfervorecidos por el calor que hacía aquella tarde, así de pronto. Se dejaron la vida en un arranque de dignidad deportiva sin precedentes. Unido al fiestón que había en la grada porque bajaba el Levante (yo pensaba, en qué cosas encuentra la gente consuelo), a las barbaridades que nos cantaron los del Levante, las cafradas que contestaban los de aquí, y a Sergio García haciendo gestos despectivos a los vivos y a los muertos, que antes que llevar el pelo como Falete lo llevaba de punta y azul, me pareció un día bastante desagradable, en general. A pesar de que ganamos. Y el fútbol, un simple partido de fútbol, me dio pie a empezar a plantearme que el mundo de ilusión y en el que todo el mundo es majo, que se genera dentro de la protección en la que uno suele vivir en sus primeros años, lo que estaba era lleno de ponzoña. Ese pensamiento que suele tener uno cuando abandona la niñez y hasta la adolescencia (o más bien ellas te abandonan a ti), comienza a caminar por el mundo él solito y observa “lo que hay” sin filtro y sin cortar. Y con espíritu crítico. Hasta con el cinismo del que no tiene aún ni la etiqueta del Anís del Mono y ya se cree por encima de lo divino y lo humano. Salí del Belmonte esa tarde de mayo convencido de que, esos jugadores a los que aún admiraba eran una especie de meretriz vendida al mejor postor, que los resultados deportivos se adulteraban desde arriba, siendo los aficionados meros títeres, que todo era insulto y crispación y que la gente solo albergaba maldad y veneno en sus corazones. Me faltaba una nube sobre la cabeza lloviéndome a mi solo.

El Numancia o la más importante de las cosas menos importantes (2011)

Cuarto descenso. Numancia. En el Belmonte. 11 de mayo de 2011. El día del terremoto de Lorca. Que se dejó sentir bastante aquí y dejó una tarde-noche rara. Como con un ambiente nublado, cargado y triste. Y el mal cuerpo al ir enterándote por la radio o los primeros smartphones de la gente que iba falleciendo. Más importante todo eso que un resultado futbolero. Qué duda cabe. Pero he aquí, que ese día, el Alba, coronando una temporada simplemente patética, volvió oficialmente a los barrizales, a viajar con el bocadillo de panceta y la coca-cola y al césped artificial “de última generación”. Con cuatro partidos por jugarse aún. Tras 21 años saboreando las mieles de “ser gente” en el fútbol nacional, nos veíamos abocados al olvido. A salir en un recuadrito las alineaciones del partido del domingo en el Marca en una página junto a otros 40 partidos de Segunda B. Y a no salir en el FIFA, claro. Tiene muchísimos paralelismos con el descenso de Ponferrada, un miércoles perdido de Mayo, con muchísima pena pero ninguna gloria, con escaso honor, un partido bastante decente del equipo perdido por un postrero giligol… Me acuerdo de unos del Barcelona bañándose en la fuente porque habían ganado no sé qué cosa intrascendente, a los que honestamente, me dieron ganas de hacerles lo que Jesús Gil prometió que le haría al Tren Valencia.

Ponferrada. Punto y ¿seguido? (2016)

Y claro, está, Ponferrada. Botillo amargo. La herida abierta. El descenso de hace unas horas (escribo esto la madrugada del miércoles al jueves, la misma noche del descenso). El twitter tiene cosas guays, puedes compartir cualquier absurdez que se te pase por la cabeza, que se yo, o meterte con Jona, o si te toca por circunstancias ver el partido solo, sentirte acompañado por locos como tú, que dedican dos horas de un miércoles de mayo a 30ºC pre-puente a esto, pero igual que antes descendías, o perdías el partido, luego como mucho veías el resumen en la tele o si caía el periódico en tus manos, o evitabas ambas cosas, y ya está y a otra cosa, ahora mismo, que puedas leer a cualquier hora material nuevo relacionado con el partido es como una especie de regocijo en el dolor. Que puedas leer a gente de por poner ejemplos, Valladolid, Gijón, Málaga, Villarreal, Pamplona… que se solidarizan (buscando retweets o porque les sale del corazón, que cada uno sabe con qué intención escribe) con el dolor de las aficionados del Alba y le reconocen toda su historia y valores, te provoca una llorera que no te la ha podido provocar ni Jona dándole al césped en vez de al balón a dos metros de la portería, ni pensar en que nos toca visitar el puñetero campo del Arroyo otra vez, al que juramos no volver nunca más en mayo de 2014, puño en alto, en plan Escarlata O’ Hara. Es como esa gente que te deja/te manda al Calabazas Club (como diría el genio Andrés Montes) por whatsapp, que, parece que no, pero los hay, antes, cuando esto sucedía en persona, sus palabras resonaban en tu cabeza pero al fin y al cabo acababan perdiéndose. Ahora tienes una conversación de whatsapp disponible para leerlas, analizarlas y releerlas cuando quieras y rebozarte en tu dolor cual puerco en su cochiquera. Total, desde 1995, dos ascensos deportivos y cinco descensos. Por suerte cero desapariciones. ¿Qué fácil es ser del Alba, verdad?

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