A la atención del encantador de percebes

En medio del fuego cruzado entre los alegres por la destitución de Luis César y los esperanzados por el arranque de una nueva etapa, quiero hacer un hueco para hablar de los méritos. Y es que Sampedro cerró en Zaragoza casi tres años al frente de una nave que poca gente habría pilotado con semejante valentía

Llegó en 2013 con un equipo depresivo, triste y abocado a la mediocridad, e hizo su trabajo con sobriedad. En ese verano vivió desde la distancia lo más negro del surrealismo manchego, con inversores que llegaban y no eran inversores sino domingueros avispados, con una plantilla hecha en quince días y con una sensación de provisionalidad que echaba para atrás. Pues a él no le frenó todo aquel esperpento e hizo su trabajo con brillantez.

En esa temporada logró que Albacete recuperase la ilusión por ir al estadio, devolvió el fútbol a la ciudad y cruzó por la Segunda B como si fuese Moisés por el Mar Rojo. Su equipo no solo ascendió con el récord histórico de puntos, sino que nos regaló un partido inolvidable con el Sestao. Himno, llenazo, borrachera… cuánto necesitábamos algo así.

La vuelta al fútbol profesional no fue fácil, quizás porque su vanguardista visión del fútbol no casaba con esa categoría ni con el canon del fútbol modesto. No sé cuántas veces habréis visto ir ganando al líder (UD Las Palmas) y meter dos delanteros más mientras peleas por huir del descenso, yo era la primera vez que lo veía. Hubo una racha pésima que se apañó, sin embargo aquello fue un aperitivo de lo que se viviría esta temporada. Salvó al equipo y volvió a hacer su trabajo, esta vez algo más apurado.

Este año Sampedro no ha logrado hacer su trabajo, aunque todo empezase medio bien. Su tozudez por jugar de determinada manera y su obstinación por según qué jugadores han terminado pudiendo con él. Los manchegos y los gallegos somos muy diferentes (hablo desde la experiencia), a nosotros nos pierde la imprudencia y a ellos la indefinición, así que la relación ha terminado por romperse. 

Espero que la historia le guarde un sitio privilegiado en la memoria de la afición, porque el encantador de percebes nos deja infinitamente mejor que lo que nos cogió. Gracias, Luis.

 

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