La mala vejez del córner en el Albacete

De mis primeras veces en el Belmonte, allá por 1991, hay un recuerdo que se repite constantemente y que guardo con bastante nostalgia. Un jugador de los de blanco cogía el balón con las manos y lo posaba al lado de un banderín, entonces el público sacaba las manos de los bolsillos y los que comían pipas sacrificaban el puñado que les quedaba en la sudorosa palma de la mano para ponerse a aplaudir. Y el estadio retumbaba «GOL-GOL-GOL-GOL», así hasta que el balón sobrevolaba el área y todos callaban para ver qué ocurría.

Es un recuerdo que debo tener demasiado idealizado o edulcorado, hasta el convencimiento de que hubo una vez que un córner a favor era una cosa buena para mi equipo. Pasaron los años y esa sensación fue perdiendo fuerza. Los saques de esquina del Alba me recuerdan en su trayectoria al actor Kevin Costner, incluso podría llegar a llamarlo Kevin Córner.

Al principio muy bien, en 1991 se estrenó ‘Robin Hood’ y debí ver esa película 50 veces por lo menos, mi madre me la ponía en bucle. ‘El Guardaespaldas’, ‘Bailando con Lobos’, más tarde ‘Tin Cup’, hasta ‘Waterworld’ que era malísima, pero a partir de ahí ya todo se empezó a venir abajo. Igual que con los córners en el Belmonte.

Es que en 25 años el córner en Albacete ha envejecido peor que el local donde estaba Simago. Si hoy en día viésemos un córner de aquellos que lanzaban Zalazar, Menéndez o Chesa, no tengo muy claro que fuésemos capaces de reconocerlos como tales, incluso algún niño le preguntaría a su padre con asombro si eso de centrar al punto de penalti es legal.

Es durísimo cuando ves córners que acaban con una cesión a tu portero o incluso con el delantero rival encarándolo mano a mano. Entonces miras de reojo y te pones a añorar a lanzadores como Dani Ruiz, Iván Díaz o Xavi Jiménez. Ahí te das cuenta de que algo hay que hacer. No sé si la solución pasa por hacer una recogida de firmas en Change.Org o por abrir una ONG para recuperar los córners en nuestro equipo.

Lo que está claro es que tenemos que recuperar la esencia de los córners y conseguir que el estadio vuelva vibrar cuando vea a un tipo de blanco al lado del banderín. Y no lo que ocurre ahora, que casi todos preferimos que el árbitro se equivoque y pite saque de puerta.

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