Entrenadores caducos no, gracias

Como en las últimas semanas está tan de moda el debate de la continuidad, o no, del entrenador (aunque realmente es un debate que siempre está ahí y parece que a todos nos gusta) he aprovechado la ocasión para hablar precisamente de ellos: los entrenadores. La figura del técnico, líder, jefe, o como queramos llamarlo (incluyo a todo el cuerpo técnico) es clave para garantizar un buen funcionamiento del equipo y sus cualidades siempre repercuten en los éxitos, o fracasos, a largo y corto plazo. Hasta aquí no creo que cuente nada nuevo. Si nos fijamos y escuchamos a los entrenadores más relevantes de los últimos años, tipo Pep Guardiola o Simeone, nos percataremos de que siempre hablan de un objetivo común: ganarse la confianza y el respeto del grupo, para así, conseguir el máximo rendimiento de la plantilla.

Ahora, tal vez, os preguntaréis a qué viene todo este rollo. Pues muy sencillo. Entiendo que cuando los resultados vienen mal dados, todos nos desesperamos, nos entran los nervios y pedimos que rueden cabezas, en la mayoría de las ocasiones, sin entrar a valorar lo que puede llegar después. Muchas veces parece que con un simple cambio de cara es más que suficiente. En nuestro caso, todos los que estáis a favor de la destitución de Luis César ¿habéis echado un ojo a la lista de entrenadores que hay libres?, ¿alguno garantiza mejorar lo que ya hay?, ¿cuántos serían capaces de ganarse la confianza y el respeto del grupo? Y no es tan fácil teniendo en cuenta que son muchos y cada uno de su padre y de su madre… Ojo, con esto no quiero decir que no encontremos buenos entrenadores en el paro porque haberlos, haylos. Pero me llama poderosamente la atención, o mejor dicho, me cabrea bastante, escuchar algunos de los nombres que sieeeeempre salen a la palestra en estos casos. No sé por qué narices, en esta ciudad muchos aficionados siguen anclados en el pasado y piden jugadores y entrenadores que aquí tuvieron su época, pero son pasado.

Y voy a poner el ejemplo con el que me llevan los demonios: David Vidal. No sé las veces que he podido escuchar este nombre en los últimos días. En sus años “mozos” reconozco que era un buen entrenador ¡dios me libre de decir lo contrario! Ahí está su currículum. Pero seamos serios, sus métodos ya están caducos, el fútbol evoluciona y en su última etapa llegó pasado de vueltas. En cierto modo entiendo el cariño que le puedan tener sus fans. Es un hombre graciosete (aunque nunca me hizo gracia) y siempre le gustaba ser el centro de atención con sus repetidas y cansinas bromas, y lo que es peor, ridiculizando a sus jugadores durante los entrenamientos.

Recuerdo perfectamente su primer entreno en su segunda etapa, tras la destitución de Antonio Calderón. Al terminar, nos acercamos mi compañero Vicente Albujer y una servidora y le preguntamos: “Míster,¿cómo ve al equipo?” Respuesta al mismo tiempo que torcía el bigote como solo él sabe hacerlo (léase en tono David Vidal): “Fatal, muy mal, mucho peor de lo que yo pensaba. Esto no va a tener arreglo”. Me acuerdo de estas palabras como si fuese ayer, porque en ese momento, comprendí que nuestra andadura en Segunda División había terminado y nos íbamos de cabeza a Segunda B. Si el entrenador que acaba de llegar es el primero en arrojar la toalla porque piensa que su equipo no tiene arreglo y lo da por perdido ¿qué podemos esperar? Si el encargado de dirigir la nave no da un duro por sus jugadores ¿qué podemos esperar? Y así pasaron las jornadas. El equipo no levantaba cabeza y nadie daba con la tecla, pero nada de esto parecía importar mientras muchos estuvieran entretenidos en el circo de los entrenamientos, aplaudiendo y echándose unas risas con las eternas tonterías del señor Vidal. Solo faltaban las palomitas. Ese panorama sí que era triste. Al final acabó por ser destituido, pasó con más pena que gloria y aun así, años después, piden su vuelta. Curioso.

Recuerdo que se autodefinía como “el salvador de los casos que no tienen remedio”, pero lo cierto es que en su segunda etapa (en la primera, nos guste o no, nos acabó salvando la suficiente calidad de la plantilla), ni fue salvador, y ni él mismo tenía remedio. Genio y figura, sí, pero nunca supo ganarse la confianza de su plantilla en sus dos etapas, ni el respeto, del que hablaba al principio. “Pequeños” detalles que a algunos entrenadores a veces se les olvida y que también influyen para alcanzar el éxito, o por el contrario, estrellarse en el fracaso.

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