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Aúpa Alba

Balaguer: Paradas de guante blanco

Esta semana, Aúpa Alba recupera por segunda vez la figura de un portero y lo hace con el recuerdo de otro nombre mítico, un guardameta que llegó sin hacer ruido pero que dejó poso en nuestra ciudad hasta el punto de ser, junto a Pedro Parada, el único futbolista que ha estado en los dos ascensos a Primera División, el primero como jugador y el segundo como técnico, del Albacete Balompié

Hoy, viajamos en el tiempo para rememorar la carrera deportiva de Juan Carlos Balaguer.

Corría la temporada 90/91 y en el Albacete futbolístico, de la mano de Benito Floro, se estaba gestando algo grande. Bajo la batuta del técnico gijonés, el Alba llegaba a Segunda División por cuarta vez en su historia e iba a sorprender a propios y extraños con un fútbol innovador y vistoso en el que cobraban importancia figuras secundarias e incluso desconocidas hasta entonces como la estrategia a balón parado o el uso de psicólogos deportivos. Entre refuerzos de relumbrón como el de José Luis Zalazar, aparecía el nombre de un joven portero valenciano, Balaguer, formado en la cantera del Valencia donde hombres como Sempere u Ochotorena le cerraban las puertas del primer equipo. Su llegada presuponía una competencia que pondría las cosas difíciles a uno de los fichajes estrella de aquella plantilla, Luis Gabelo Conejo. El propio guardameta, recordaba para Aúpa Alba su llegada a nuestro equipo: “Llego a Albacete de la mano de Floro, que conocía muy bien todo el fútbol levantino. Benito tenía muy buena relación con mi entrenador de entonces en el filial del Valencia, Carlos Simón. Al parecer, preguntó mucho por mí durante toda la temporada anterior y convenció al Alba para que me hiciese una oferta. Ante la falta de oportunidades en Valencia y la opción de debutar en el fútbol profesional, decidí aceptar.”

TRAYECTORIA DEPORTIVA

Juan Carlos Balaguer (Valencia, 1.966) comienza su carrera futbolística, siendo todavía un niño, al ser reclutado por el equipo infantil del Valencia. Con el conjunto de su ciudad natal se plantó en categoría juvenil donde los técnicos encargados de la cantera deciden, ante el superávit de porteros, prescindir de sus servicios. Lejos de abandonar, Juan Carlos ficha por el Don Bosco, una de las escuelas de fútbol con más solera de la capital valenciana (de allí han salido jugadores como nuestros ex Chesa y Pablo Redondo u otros de sobra conocidos por todos como Soldado o Iborra). Durante los 2 años que pasa con su nuevo equipo, donde curiosamente coincidiría con el actual presidente del Albacete Balompié, José Miguel Garrido, que actuaba como defensa central, se convierte en imprescindible y su nombre es relacionado de nuevo con el mismo equipo que le descartó unos años antes, el Valencia CF. Finalmente, Juan Carlos regresa a su club de origen y se incorpora al filial valencianista de Tercera División. Tras varias temporadas en las que se va afianzando, poco a poco, en la portería del Mestalla, lograría ascender a Segunda B al reestructurarse la categoría de bronce que comenzaba su actual formato de cuatro grupos en la temporada 1987/88. El filial che queda encuadrado en el grupo III, donde coincide con nuestro Albacete, no siendo capaz de mantenerse. Tres temporadas más jugaría nuestro protagonista de hoy con los valencianos alternando, las dos últimas, entrenamientos con la primera plantilla a las órdenes de Víctor Espárrago. Sin embargo, fueron prácticamente nulas las oportunidades que Juan Carlos dispuso con el charrúa que solamente lo alineó, a pesar de sus grandes actuaciones con el Mestalla donde fue considerado el mejor futbolista varias temporadas consecutivas, en un partido amistoso disputado en Segorbe ante el equipo local en la pretemporada 89/90. Aquel día, Balaguer, que compartió vestuario con grandes futbolistas como Giner, Eloy, Quique o nuestro ex, Miguerl Ángel Bossio, entró al descanso sustituyendo a Sempere, uno de los artífices de su ausencia en el primer equipo de su tierra.

Después de una última temporada en la que Espárrago le comunica que prefiere contar con tan solo dos porteros en los entrenos, el Alba de Benito Floro se cruza en su camino y, ante la experiencia del fútbol profesional, y a pesar de que la competencia con Conejo se antoja insalvable, decide hacer las maletas rumbo a la capital manchega desoyendo ofertas de Segunda B, económicamente superiores. Como él mismo nos contaba, no se equivocaría con aquella decisión: “Considero mi etapa en el Albacete como la mejor de mi carrera. En mi primer año allí conseguimos un inesperado ascenso, afianzándonos después en Primera, el sueño de cualquiera que se dedique al fútbol. Además, después, ya como entrenador volví a ascender otra vez, con lo que he tenido la suerte de ser partícipe de las dos mejores épocas de la historia del Alba. Está claro que acerté viniendo a Albacete.”

Su primera temporada en nuestra tierra (90/91), es una de las más bonitas, si no la más, de la historia del Albacete Balompié. El Queso Mecánico comenzaba a forjar su leyenda. Después de estar en las primeras posiciones durante todo el año, la última jornada liguera frente al Salamanca (2-0) significó el éxtasis para la ciudad de Albacete que, por primera vez, iba a disfrutar del fútbol de élite. En lo personal, Juan Carlos, como se intuía tras el fichaje de Conejo, sería suplente del costarricense, disputando solamente 2 partidos ante el Bilbao Athletic (2-0) en tierras vascas, y en una extraordinaria victoria local frente al Figueras (5-1). Balaguer cumplía su sueño y llegaba a Primera División. Él mismo nos contaba así algunos retazos de aquel mítico ascenso: “Se formó un gran grupo donde todos nos llevábamos muy bien. Pasábamos muy buenos momentos en el vestuario o en los viajes lo que evitaba que estos se hiciesen tan pesados. Las bromas y el buen ambiente eran una constante aunque a Floro, que era muy concienzudo, no siempre le sentaban bien. Recuerdo una vez, en el vestuario, que nos hizo leer una jugada de ataque para escoger después, al azar, a un futbolista de campo al que le preguntaba cual sería su posición en el cierre de esa jugada. El escogido fue Martín, un delantero sevillano que jugó muy poquito aquel año que, ante la pregunta de Benito, señaló directamente a la posición que más tiempo ocupó aquella temporada, la grada. La cara de Floro fue un poema. Al final, este buen compañerismo fue muy importante para alcanzar el ascenso.”

Su estreno en la máxima categoría no fue muy diferente al año anterior. El Albacete siguió asombrando a la España futbolística con un fútbol total y bajo la batuta de Floro en el banquillo y Zalazar en el campo, el Alba se quedó a un pasito de meterse en Europa. Mientras tanto, el portero valenciano vio la mayoría de la liga desde el banquillo, hasta que en la jornada 27, Conejo causa baja y el ansiado debut de Balaguer en Primera División se da en el Molinón ante el Sporting (0-2). Después de este primer partido, de nuevo el meta de la Comunidad Valenciana asistió como espectador de excepción a la brillante trayectoria de su equipo. Finalmente, Conejo decide no renovar su contrato y Floro le da a Balaguer la recta final del Campeonato con la firme intención de rodar al hasta entonces portero suplente de cara al próximo año donde, teóricamente, partiría como titular. En estos últimos partidos, Albacete descubre un portero sobrio, poco dado a la floritura, pero muy capaz de defender la portería manchega con plenas garantías. A pesar de esto, su primer año en la élite quedaría marcado por un penalty inexistente sobre Meho Kodro que supondría su expulsión, la derrota de su equipo y, a la postre, la no clasificación para la copa de la UEFA. En el siguiente vídeo se puede apreciar ese lance de juego:

A la retirada de Conejo se une la marcha de Benito Floro al Real Madrid y la “promesa” que tenía Balaguer de su anterior técnico de partir como teórico titular queda en el aire con la llegada de Julián Rubio al banquillo y la cesión por parte de Osasuna de unos de los porteros más prometedores del panorama español, Jesús Unanua. No obstante, con el míster de Montealegre la situación de Balaguer parece seguir siendo óptima y comienza la temporada en el once inicial en la derrota ante el Sevilla (3-4). Sin embargo, una indisposición rumbo a Pamplona en el segundo partido liguero le hace ceder el puesto ante Unanua que, a partir de ese momento, y hasta el cese de Rubio, robaría todo el protagonismo al meta valenciano que, otro año más, daba la impresión de que vería pasar la liga desde el banquillo. La marcha del equipo no era todo lo buena que cabría esperar y la directiva manchega decide dar un vuelco de timón a la situación con la llegada de Víctor Espárrago al banquillo albaceteño. De nuevo, el mismo entrenador que permitió su marcha del Valencia se cruzaba en su camino. No obstante, esta vez, el desenlace iba a ser distinto. El técnico uruguayo, desde el primer momento, confía en su antiguo pupilo que se convierte en insustituible hasta el final de temporada.

Tras conseguir la permanencia en una agónica promoción ante el Mallorca con Balaguer ya plenamente asentado bajo la meta manchega y renovado por tres temporadas más, el Albacete sorprende a todos con la reincorporación de Conejo que, tras un año semiretirado en Costa Rica, regresaba al fútbol español. Otra vez más, nuestro protagonista enfrentaba una nueva temporada (93/94) sin partir como teórico guardameta titular. Durante la pretemporada, los esfuerzos del Albacete fueron los de rodar al costarricense que parecía ocuparía el marco albaceteño. Así las cosas, Espárrago, como todo hacía prever, dio su confianza al arquero centroamericano y Balaguer tuvo que asistir, de nuevo desde el banquillo, a las 12 primeras jornadas ligueras hasta que una lesión en la mano de Conejo le llevó de nuevo a calzarse los guantes en Logroño (2-2). A pesar de la pronta recuperación del portero tico, Juan Carlos no se movería de la titularidad hasta final de temporada. Con él en la portería, el equipo, que estaba haciendo una discreta campaña, se disparó en la tabla hasta el punto de rozar los puestos europeos. Solo el dejarse llevar en el último tramo liguero impidió que aquel Albacete de Víctor Espárrago lograse el sueño de clasificación europea.

Al cierre de la temporada 93/94, Víctor Espárrago se marcha al ambicioso proyecto del Valladolid. Su sustituto, Luis Suárez, confía en el meta valenciano al que alinea en la primera jornada liguera. Por fin, tras haber peleado como un jabato por la portería del Albacete parece que Balaguer se había convertido, por méritos propios, en el dueño y señor de la meta manchega. Pero nada más lejos de la realidad. Suárez decide, para sorpresa de todos, dejar el Alba tras el primer partido de liga y, su sustituto, el viejo conocido Benito Floro, no iba a contar demasiado con nuestro protagonista de hoy. Paradojas de la vida, el mismo entrenador, Espárrago, que no contó con él para el primer equipo del Valencia fue el que le dio, en Albacete, la continuidad necesaria para convertirlo en un portero de buen cartel. Sin embargo, el que fuera su principal valedor a la hora de que llegase al fútbol profesional, Floro, lo relegaba prácticamente al ostracismo. Fernando Marcos primero y un jovencísimo Molina después, le cerraron las puertas incluso de las convocatorias siendo la temporada 94/95 una de las más complicadas para Juan Carlos.

La siguiente campaña, se inicia con un insistente rumor que sitúa a Balaguer como portero suplente de Zubizarreta en el Valencia. La retirada de Sempere hace necesaria la incorporación de un segundo portero que supla con garantías las posibles ausencias del internacional vasco. Sin embargo, Luís Aragonés, técnico de los che, confía en el joven Bartual y Juan Carlos sigue, una temporada más (95/96), la última, en el Albacete Balompié. Esta temporada final alterna titularidad con Fernando Marcos hasta el cese de Floro en la jornada 30 y se convierte en pieza clave para Iñaki Saéz a partir de entonces. Tristemente, el Alba pierde la categoría, después de cinco magníficos años en Primera y Balaguer no es renovado por la dirección deportiva de los manchegos dejando tras de sí 6 temporadas, 80 partidos y una relación especial con Albacete que, como él mismo nos cuenta, se ha convertido en su ciudad: “Más que recuerdos sobre Albacete, lo que tengo es presente, día a día. No hay mes que no pise Albacete. Sigo en contacto permanente con la ciudad, tengo casa, mi hijo se crió allí y se siente albaceteño. En definitiva, siempre que el trabajo me lo permite, vuelvo a la que ya es mi ciudad pues me considero un mancheguito más”.

ADIÓS AL ALBA Y ACTUALIDAD

Tras desvincularse del Albacete al cierre del ejercicio 95/96, con 30 años, Balaguer recaló en las filas del Mérida, recién descendido a Segunda División. Allí se topa con toda una institución con los extremeños, el sevillano Paco Leal. Aún así, Sergio Kresic apuesta por su nuevo fichaje y disputa como titular las 14 primeras jornadas de liga, siendo uno de los porteros más destacados de la categoría. Solo una inoportuna lesión le aparta de la meta emeritense y, cuando regresa, Kresic ya había sido sustituido por Jorge D’Alessandro que continuó alineando a Leal hasta el final de temporada. Aquel Mérida hizo una brillante campaña que le llevó a terminar líder, consiguiendo así Juan Carlos, un nuevo ascenso a la máxima categoría de nuestro fútbol. Ya en Priemra, los extremeños deciden apostar por nuevos porteros (Navarro Montoya y Leo Franco) y tanto Balaguer como Leal se ven obligados a hacer las maletas.

El destino de nuestro protagonista de hoy, sería su tierra, Valencia, para unirse al proyecto del Levante. Allí, sería suplente casi todo el año de otro ilustre guardameta, Patxi Villanueva y, aunque en Diciembre estuvo a punto de ir a Valladolid en Primera División, donde entrenaba Kresic, finalmente, el Levante, envuelto en un mal año institucional y deportivo, con multitud de cambios de entrenador, no permitió su marcha y acabó descendiendo en la que sería su última experiencia como futbolista en el fútbol profesional. Después de su paso por el club de Orriols, ya con 32 años, emprende una nueva aventura en el Murcia de Segunda B donde se reencontraría con el técnico que lo encumbró en sus comienzos en Mestalla, Carlos Simón, y con un antiguo compañero en sus buenos años en Albacete, el argentino Daniel Toribio Aquino. Tras clasificarse para play off pero no conseguir el ansiado ascenso, Balaguer que disputó 24 partidos aquella temporada (98/99) firma por la UD Talavera, equipo donde destaca un jovencísimo Antonio Calle y en el que, con 33 años y casi 15 como profesional del fútbol, decide colgar los guantes.

Muy poco estaría Balaguer alejado del balón ya que, solo un año después de su retirada, el Albacete le brinda la oportunidad de convertirse en entrenador de porteros. Puesto que ocuparía durante las 8 siguientes temporadas, consiguiendo un nuevo ascenso a Primera con César Ferrando (como decíamos más arriba, solo Pedro Parada, segundo entrenador entonces y él, han conseguido estar en los dos ascensos a Primera de los manchegos) y permaneciendo 2 temporadas más en la máxima categoría.

Tras desvincularse del Albacete por problemas con la directiva presidida por Ubaldo González, ha seguido impartiendo sus conocimientos como preparador en las filas de Castellón, Villarreal y Hércules, entidad en la que se encuentra ahora mismo.

Desde Alicante, no deja de mirar de soslayo la clasificación de nuestro Alba:” Claro que sigo al equipo. Pasé, como jugador y entrenador, 14 años en el Alba y eso es mucho tiempo. Siempre estaré eternamente agradecido tanto al club como a la ciudad de Albacete en la que he vivido y sigo viviendo cada vez que voy, muy bien. Desde el club, salvo mi último año allí que la directiva me hizo la vida un poco difícil, siempre me han tratado fenomenal y eso no se olvida”.

Desde estas páginas, hemos querido recordar a un gran portero que, con la humildad por bandera, supo ganarse, a base de esfuerzo y trabajo, la simpatía de toda una afición.

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