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Aúpa Alba

Josep María Sala: Motoret

Hoy, Aúpa Alba recupera la figura de uno de esos futbolistas que dejan una magnífica impresión allá por donde pasan. Uno de esos jugadores que enarbolan el trabajo por bandera y se preocupan más por el conjunto que por su papel individual. Un profesional modélico que siempre aportó el equilibrio necesario en todos sus equipos y nunca abandonó la condición de jugador titular para todos los entrenadores que tuvo a lo largo de su carrera deportiva

Esta semana, Aúpa Alba, recuerda a Josep María Sala.

El 30 de Junio de 1.993, el Carlos Belmonte vivió uno de esos partidos que no se olvidan. El Albacete se enfrentaba al Mallorca en la disputa de la ya extinta promoción de ascenso y pasó muchos apuros para solventar la papeleta ante el club balear.

A pesar de contar con un muy buen resultado del partido de ida disputado en el Lluís Sitjar (1-3), el Mallorca en solo veinte minutos igualó la eliminatoria y, pese a que Antonio puso algo de tranquilidad con un tanto al filo del descanso, la parroquia albaceteña no respiró aliviada hasta que Brito Arceo decretó el final de los noventa minutos.

Aquella noche, el Mallorca perdió una magnífica oportunidad de volver a Primera División. Sin embargo, tres de sus futbolistas, que bien pudieron ser cuatro de no haber sido tan elevadas las pretensiones del cuadro bermellón por el traspaso de Milojevic, causaron tan grata impresión a los técnicos manchegos, que se convirtieron, no sin suspicacias, en refuerzos del Albacete para la 93/94.

En concreto, Fradera, José González, más recordado de su paso como entrenador que como jugador y, nuestro protagonista de hoy, Sala, fueron incorporados aprovechando la complicada situación económica de los mallorquines a cambio de tan solo 55 millones de pesetas (una temporada antes, el Sevilla ofreció más de 100 millones por Fradera).

El propio Sala, declaraba esto acerca de su llegada a Albacete a la prensa deportiva de la época: “Estoy contento con volver a jugar en Primera. No obstante, me siento un poco raro al dejar Mallorca después de tantos años pero el club tiene unas necesidades económicas que satisfacer y si mi marcha ayuda en algo, bienvenida sea.”

TRAYECTORIA DEPORTIVA

La extensa carrera deportiva de Sala (Sant Hipòlit de Voltregà, 1.964), comienza en el modesto equipo catalán de la Cambra. Su trabajo y buen hacer en la medular, no pasa desapercibido para los ojeadores del Sabadell que rápidamente lo incorpora para su cantera en 1.982. Ese mismo año, todavía en edad juvenil, debuta en Segunda División y disputa sus primeros partidos como profesional en el centro del campo de un equipo que no pudo evitar el descenso de categoría.

Las siguientes temporadas, el Sabadell y Sala no paran de cosechar éxitos. Solo un año después del fatídico descenso, los arlequinados vuelven a Segunda para ser importantes. De la mano de Uribarri, apenas dos temporadas después (85/86) consiguen el ascenso a Primera División con un gran equipo comandado por el internacional Perico Alonso y en el que también jugaba un hombre que, con el paso del tiempo, sería vital en la historia de nuestro Albacete, César Ferrando. En lo personal, Sala, muy joven todavía, se iba haciendo cada vez más importante en los esquemas de su técnico.

La campaña 86/87 significa el debut de Sala en la máxima categoría y el Sabadell cumple sus objetivos logrando la permanencia. Su participación, aunque importante, no es todo lo destacada que se esperaba y la continuidad del “motoret”, apodo por el que empieza a ser conocido entre la prensa catalana, queda en entredicho al final de temporada. Finalmente, nuestro protagonista de hoy, renueva su contrato y continúa un año más, el último, en las filas del club barcelonés. Esa temporada, Sala se iba a convertir en el jugador más importante de su equipo y su nombre comienza a relacionarse con conjuntos importantes del panorama nacional como Espanyol o Málaga. En lo colectivo, su equipo, en el que coincide por primera vez con otro ilustre ex albacetista, Esteve Fradera, pierde la categoría, a la que todavía no ha conseguido regresar.

Al cierre de aquella temporada, Sala decide cambiar de aires y desoyendo los cantos de sirena de equipos de Primera, decide aceptar la ambiciosa oferta del recién descendido Mallorca que paga veinte millones de pesetas por sus servicios, se convertiría en pieza clave para Serra Ferrer e iba a vivir alegrías como el ascenso de categoría ese mismo año, y sinsabores como el descenso, dos temporadas después, o la amarga derrota en la promoción ante el Albacete, siendo indiscutible en todas y cada una de las cinco temporadas que pasó en las filas del club mallorquín.

De esta manera, y tal y como relatábamos en párrafos anteriores, Sala, junto a José González y Esteve Fradera, llegaba a nuestro Alba la temporada 93/94 de la mano del técnico Víctor Espárrago. Su cometido en tierras manchegas no iba a ser fácil ya que llegaba con la difícil papeleta de suplir a todo un emblema del queso mecánico, Catali, que acababa de rescindir su contrato para ir al Toledo. El medio catalán, no solo cumplió con el papel que se le encomendó sino que, además, junto a Menéndez, se echó el equipo a sus espaldas durante la ausencia de Zalazar que estaba disputando la clasificación para el mundial de Estados Unidos con la selección uruguaya. Con la vuelta del “cabeza”, Sala volvió a su rol habitual y se convirtió en el perfecto escudero de la estrella charrúa en el centro del campo de uno de los mejores Albacetes de la historia.

Sus 37 partidos disputados, le valieron la prórroga automática de su contrato y Sala continúo una temporada más defendiendo los colores del Alba en la que, con Benito Floro, que llegó tras la espantá de Luís Suárez, en el banquillo, las cosas no salieron tan bien como se esperaban y el Albacete perdería la categoría en una fatídica promoción frente al Salamanca (después se mantendría por las irregularidades de Celta y Sevilla).
Además, el de Sant Hipòlit se lesionó gravemente perdiéndose más de tres meses de competición y no renovó su contrato para recalar en el ambicioso proyecto del Badajoz entrenado por Colin Addisson. Allí coincidió con viejos conocidos de la afición albaceteña como Pedro Cordero, o ilustres personalidades del fútbol español como el tristemente fallecido Tito Vilanova. Con los pacenses, jugaría tres años en los que, como era habitual, sería titular indiscutible con todos sus entrenadores acabando siempre, curiosamente, en la sexta posición de la tabla clasificatoria de Segunda División.

En la temporada 97/98, con 34 años, Sala vuelve al Albacete de Gigi Maifredi y forma, junto a Tito, un gran centro del campo que, sin embargo, no se vio reflejado en la clasificación final de un equipo que titubeó con el descenso durante mucho tiempo y tuvo que ser rescatado, como otras veces, por Julián Rubio. La 98/99 fue la última campaña de Sala en las filas del Alba. Rubio siguió contando con su labor oscura pero siempre importante en mediocampo y el catalán terminó la temporada con 32 partidos y la sensación de que todavía podía rendir a gran nivel durante algún año más.

Atrás quedaban 2 etapas, 4 temporadas, 130 partidos y 4 goles con la camiseta del Albacete Balompié

ADIÓS AL ALBA Y ACTUALIDAD

Al cierre de la temporada 99/2000, ya con 36 años, Sala, lejos de retirarse tras su segunda etapa en el Albacete, decide volver a sus orígenes y firma por el Sabadell con la intención de echar una mano al club de sus amores que se encontraba en Segunda B. Todavía estira su segunda etapa en los arlequinadaos durante tres campañas más, portando el brazalete de capitán y convirtiéndose en uno de los jugadores míticos de la entidad vallesana. En estos tres últimos años en Sabadell, donde coincide con algunos ex del Alba como Manu Almunia o Juan Carlos Sanz, Sala ocupa posiciones más avanzadas que nunca, y consigue las cifras goleadoras más altas de su carrera deportiva, obteniendo 5 goles en cada uno de ellos. Uno de esos goles, el 8 de Diciembre del 2.012 ante el Novelda, lo convierten aún a día de hoy, en el goleador más veterano (38 años y 229 días) del cuadro catalán.

Tras cerrar su etapa con los blanquiazules, el mítico “motoret” todavía tiene cuerda y juega una temporada más, la 2003/2004, ya con 40 años, en las filas del Manlleu de la tercera catalana, equipo donde se retira.

En total, el cuentakilómetros del de Sant Hipòlit acaba marcando más de 600 partidos ligueros repartidos en todas las competiciones de nuestro fútbol, 217 de ellos, en primera división.

Nada más colgar las botas, el Manlleu le ofrece hacerse cargo de sus categorías inferiores, puesto que ocupó hasta hace un par de temporadas. Consultado por la emisora catalana Catalunya Radio, acerca de si le gustaría volver al fútbol profesional, esta vez en los banquillos, el motoret relataba lo siguiente: “Claro que me gustaría, estoy abierto a hacerlo si un día surgiese la oportunidad pero es muy complicado hacerlo en estos momentos. Están surgiendo muchos entrenadores jóvenes, conocidos ex futbolistas y después de varios años centrando en las categorías inferiores es muy difícil entrar otra vez en ese mundillo si no lo hiciste en su día”

En la actualidad, Sala, que sigue residiendo en su pueblo natal, Sant Hipolit de Voltregà, nos contaba lo siguiente acerca de su día a día: “Ahora mismo, llevo la escuela de fútbol de mi localidad, lo que compagino con la dirección del Pradenc FC, equipo amateur, de Prat de Llucanés, que disputa la Tercera División regional catalana, donde soy entrenador.”

Este ha sido nuestro recuerdo del mítico motoret, uno de esos futbolistas que los buenos aficionados siempre recuerdan con cariño.

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