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Aúpa Alba

‘Fair play’, Soledad

 

 

Hace años, ante la creciente violencia en el mundo del fútbol, tanto dentro como fuera del terreno de juego, nació el espíritu del ‘Fair play’, del juego limpio. Se iniciaron campañas para promover un deporte sano, fomentando el espíritu competitivo sin que éste supusiera un enfrentamiento “a vida o muerte” en el que, muchas veces, los jugadores más agresivos utilizaban armas más allá de las reglamentarias para imponer sus objetivos. Fuera del césped se llevaron a cabo acciones para que las aficiones de los diferentes clubes vivieran la pasión por sus colores sin tener que jugarse el tipo por ello. Aunque acontecimientos como el sucedido en el Atlético-Depor de hace unos meses nos retrotraigan a épocas más oscuras, se ha avanzado mucho, pues lo que ahora son acontecimientos puntuales, eran habituales décadas atrás, y además, hay otros ejemplos –la eliminatoria del Alba contra el Sestao es buena prueba de ello- que nos enseñan que nos dirigimos por la senda correcta. El último paso en esta dirección es el llamado “Fair play financiero”, que busca una competencia financiera leal entre los equipos, y la propia supervivencia del negocio del fútbol, intentando que un club gaste lo que tiene, y no más. La UEFA fue la primera que lo implantó y la LFP, en España, fue poniendo en marcha medidas concretas, controlando el presupuesto de sus miembros y estableciendo criterios mucho más estrictos para poder participar en la competición, además de luchar seriamente contra el amaño de partidos, otra lacra ante la que antes se miraba hacia otro lado.

El Albacete Balompié, recién ascendido a la Segunda División después de tres duras temporadas en el ocaso de la Segunda B, no ha sido ajeno a todos estos pasos, especialmente en el ámbito económico. El club, que tuvo que pasar por el Concurso de acreedores, necesitó la ayuda de la familia Iniesta y la llegada de un inversor dispuesto a apostar por la entidad, José Miguel Garrido, para empezar a ver la luz al final del túnel. Con el retorno al fútbol profesional, se ajustó a todas las exigencias imperantes, y negoció con más de veinte acreedores, entre ellos la Seguridad Social, el pago de las cantidades pendientes, sin que en ningún momento dejara de hacer frente a lo acordado en el Convenio. Jugadores y empleados reciben puntualmente su nómina y existe un proyecto de futuro que, bajo el prisma de la austeridad, muestra la viabilidad de una entidad arraigada profundamente en el corazón de la sociedad albaceteña. Solo falta un pequeño detalle: el acuerdo con Hacienda. Son múltiples los argumentos del Albacete para pactar un calendario de pagos con la Agencia Tributaria, pues el Departamento de Recaudación que preside Soledad García, se había mostrado muy generoso en situaciones como el concurso de la empresa Nozar, tal y como se puede leer en este artículo (http://cincodias.com/cincodias/2014/10/17/empresas/1413561784_376639.html). Además, todavía resonaban los ecos de la amnistía fiscal y la Agencia Tributaria había ofrecido “acuerdos” en el pasado a diferentes evasores fiscales que ahora conocemos tras la publicación de la “Lista Falciani” (http://cincodias.com/cincodias/2015/02/10/economia/1423596666_244639.html). Sin embargo, la Agencia Tributaria, tan generosa en esas ocasiones, decidió que el Albacete Balompié debía hacer frente al pago “inmediato” de 1,8 millones, argumentando que el IRPF es inaplazable, pues cambió a mitad del partido las reglas del juego (http://cincodias.com/cincodias/2013/12/16/economia/1387221743_554254.html) y decidió que se jugaba a otra cosa. El “Fair play” no parece muy acorde con ese viraje en las normas tributarias, más aún si comprobamos como la propia Hacienda estableció que el IRPF se podría aplazar “si peligraba la supervivencia de la empresa” (http://www.lavozdegalicia.es/noticia/economia/2014/03/13/hacienda-permitira-aplazar-pagos-irpf-solo-peligra-empresa/0003_201403G13P36991.htm). Con los ingresos embargados casi en su totalidad y teniendo que hacer frente a pagos de empleados, jugadores y del convenio, ¿no peligra la empresa? ¿Con qué balón estamos jugando, Soledad? ¿Con el que perdona millones de euros a personas que ocultaron sus fortunas al fisco? ¿Con el que se aceptan quitas de 88 millones de euros a una empresa? ¿O quizá con el “balón foral” que permite a Osasuna continuar su actividad sin problemas a pesar de tener una deuda con la Hacienda navarra de 47 millones? Es necesario saber a qué estamos jugando, o quizá el problema es con quién lo estamos haciendo. ¿Es lícito que una persona enfrentada públicamente con los gestores del fútbol profesional sea la que tome decisiones que puedan conducir a la viabilidad o no de los clubes? Siempre podría quedar la sombra de la sospecha de que el árbitro haya decidido el resultado de antemano y, en el mundo del “Fair play”, parece poco ético que se decidan sobre la marcha cambios en los reglamentos que pueden acabar suponiendo un gol en contra del sentido común.

Una sola cosa, Soledad: juegue limpio.

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