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Aúpa Alba

Juan Sabas: El revulsivo

Esta semana, queremos recordar a un futbolista de esos que, a pesar de que tuvo una estancia corta en nuestro equipo, es ampliamente recordado por todos. Es de ese tipo de futbolista que cala pronto en el aficionado por su tipo de juego y, entre la gente que lo conoció, por su calidad humana

Hoy, recordamos a Juan Sabas.

Para hablar de la estancia del protagonista de este artículo en el Albacete, nos tenemos que remontar a finales del siglo pasado, en concreto, a la temporada 1999/2000. El Alba venía de dos temporadas convulsas en las que los problemas institucionales se trasladaron al campo y el coqueteo con los puestos de descenso fue más que una realidad. Por tanto, el objetivo para ese año, no podía ser otro que recobrar la paz y la tranquilidad y, para ello, se apostó por la continuidad de Julián Rubio en el banquillo y la llegada de jugadores jóvenes con una excelente proyección como Javi Guerrero, Álvaro Rubio o Aitor Ocio, entre otros. Pero la afición necesitaba engancharse con algo más, alguien conocido que pusiera la guinda y el punto de experiencia que aquella plantilla necesitaba. Y es ahí, cuando aparece Juan Sabas: “Al Albacete llego procedente del Mérida, en Segunda División. Después de hacer una gran primera vuelta con ocho goles, en la segunda, tras la llegada del brasileño Barata, cuento con menos minutos, solo puedo hacer un gol y en Junio, decido cambiar de equipo. Después de un verano con algunas ofertas, el Alba me ofreció dos años de contrato y esa posibilidad me hizo muchísima ilusión. Mis padres tienen ambos origen manchego, de Ciudad Real, y eso hizo que llegase a Albacete muy ilusionado”, nos contaba el delantero madrileño.

TRAYECTORIA DEPORTIVA

¡Ahí va Juanito Sabas, el vaquerito más rápido del oeste vallecano!

Esta frase que Gaspar Rosety dedicó a nuestro protagonista en un partido del Rayo, le ha acompañado durante toda su trayectoria deportiva. El apodo de vaquerito no le abandonó nunca y vino a definir perfectamente lo que sería su larga y extensa vida deportiva: Sabas fue durante la mayor parte de su carrera futbolística como ese vaquero que se asomaba al saloon, desenfundaba rápidamente sus pistolas y agitaba el orden de las cosas.

Pero Sabas (Madrid, 1967) no comenzó su carrera futbolística en los grandes escenarios de Primera división. Ni siquiera en las categorías inferiores de algún poderoso equipo, no, nuestro protagonista de hoy, se fajó, durante años en los duros campos de tierra de las categorías menores del fútbol español. Su primer equipo, allá por el año 85, fue el Rayo Fátima de la regional madrileña, al que sucedió, ya en tercera división, el Montilla del barrio de Villaverde. De ahí, Sabas, volvió a sus orígenes y pasó por dos equipos ciudadrealeños, el Tomelloso y el Valdepeñas, para llegar, con veinte años, al equipo que le dio el primer empujón hacia la élite, el Pegaso. Ahí, el madrileño, se destapó como un excelente goleador y contribuyó notablemente a los éxitos de su equipo que durante su estancia logró un ansiado ascenso a Segunda División B, así como la permanencia holgada en esta categoría.

A partir de aquí, lo que todos conocemos. Debut en 1989 en Primera con el Rayo Vallecano, donde coincidió, entre otros, con Hugo Maradona, hermano del astro argentino, o con Botella, viejo conocido de la parroquia albaceteña. Cuatro temporadas en el Atlético de Madrid, en las que ganó dos copas del Rey y empezó a forjar la fama de revulsivo que ya no le abandonaría nunca, y tres más en el Real Betis donde, saliendo casi siempre desde el banquillo, se convirtió en uno de los ídolos de la afición verdiblanca que, cada vez que saltaba a calentar, siempre entre aplausos y ovaciones, no dudaba en dedicarle aquello de “Juanito Sabas cuando salgas al campo, Juanito Sabas meterás un gran gol”.

Su última temporada en Primera División, la jugó en el ya extinto Club Polideportivo Mérida, donde, a pesar de hacer una gran papel con siete goles conseguidos, no pudo evitar el descenso de categoría. Continuó un año más con los emeritenses en la categoría de plata hasta llegar a nuestro Albacete Balompié en la temporada 99/2000.

Su llegada a nuestro equipo no pudo ser mejor, y en el primer partido de liga, como no, entrando desde el banquillo en sustitución de Curiel, Sabas iba a hacer dos goles que encarrilaban un partido atascado frente al Eibar, que acabaría 3-1 a favor del Albacete.
Aquella temporada, el Alba iba a tener un año cómodo, en mitad de la tabla, algo que ya era mucho comparado con los anteriores, y Sabas se iba a ganar el favor de la hinchada albaceteña acabando como máximo goleador, junto a Dragan Vulevic, con siete tantos cada uno.

 

 

ADIÓS AL ALBA Y ACTUALIDAD

El siguiente año, iba a ser para olvidar dentro de la carrera de Juan Sabas. Nuestro protagonista, lo comenzó de manera más que esperanzadora, partiendo como titular y anotando el gol de la victoria en la primera jornada frente al Tenerife. Pero, a partir de ahí, todo se fue torciendo, otros jugadores como Javi Guerrero, Mikel e incluso Wellington o Golokolosov comenzaron a dejarle cada vez con menos minutos, lo que unido a una relación difícil con su técnico Julián Rubio, hacen que el madrileño abandonase el Albacete en el mercado invernal rumbo al ilusionante proyecto que se supone estaba llevando a cabo el Linense en Segunda B.

Curiosamente, como el mismo Sabas nos contaba, el propio Julián Rubio, es una de las personas que el madrileño guarda con más cariño de su paso por nuestro equipo:
“Como recuerdos, me quedo con una ciudad que me encanta, una afición maravillosa, con esa gente emblemática dentro del club que te hacían la vida más fácil: Pedro Martínez Bravo, los utilleros Toni y David, Ferre de la Rosa, Manolo Bleda… y recuerdo mucho a Julián Rubio, que aunque tuve con él sus más y sus menos, al final, te das cuenta que era un buen tipo, y que todo lo hacía por el bien del equipo”

Como decíamos, Sabas salió en Diciembre rumbo al Linense donde se iba a encontrar con una de esas situaciones complicadas que el fútbol depara de vez en cuando a los futbolistas. Él mismo lo relataba así en una entrevista concedida al diario el País, hace unos años: “Llegué allí y vi que la gente no cobraba, los utilleros no limpiaban las botas, la ropa no era buena… En fin, no eran condiciones para un profesional. Era como volver a mis orígenes de juvenil. Me equivoqué de destino” y unos días antes del cierre del mercado invernal, arregló las cosas para marcharse, dicen que perdonando mucho dinero, y acabó recalando en el Hércules que se encontraba en Segunda B. Tampoco fueron mucho mejor las cosas en tierras alicantinas y aquel mismo año, Sabas acabó reforzando al Ciudad de Murcia de Quique Pina, casi recién fundado, y que luchaba por alcanzar la categoría de bronce del fútbol español.

Sus últimas patadas como futbolista, fueron otra vez en esos campos de tierra madrileños de los que salió, en las filas del club que lo dio a conocer, el Pegaso.

Sabas, nunca se ha desvinculado del fútbol, y nada más colgar las botas, y aunque fijó su residencia en la ciudad de Sevilla, pronto comenzó una nueva carrera en los banquillos enrolándose en las categorías inferiores del Atlético de Madrid hasta que recibió la llamada de su ex compañero en el Atleti, Abel Resino, para que lo acompañase como segundo entrenador en su andadura como técnico.

Los banquillos de Ciudad de Murcia, Atlético de Madrid, Levante, Valladolid y Granada, han visto pasar al protagonista de estas líneas como asistente del toledano. Finalmente, tras acabar contrato en Granada, Sabas decide emprender camino en solitario y lanzarse a la aventura de ser primer entrenador, llegando a sonar su nombre, aunque tímidamente, como sustituto de Antonio Gómez en nuestro Alba.

De esta manera, Juan Sabas, nos detallaba su vida actual, de nuevo, vinculada con la tercera división madrileña de la que salió: “Actualmente, cumplo mi segundo año como entrenador y director deportivo de la U.D. San Sebastián de los Reyes, del grupo VII de tercera división. Por otro lado, colaboro como comentarista en la cadena COPE.”

Este ha sido nuestro particular recuerdo del vaquerito Sabas. Quién sabe, si dentro de un tiempo, no lo volveremos a ver como técnico en el Carlos Belmonte.

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