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Aúpa Alba

Ser del Albacete Balompié, es una religión

Cuestionar que ser del Alba tiene que ver con pertenecer a una religión o secta, no es en mi caso discutible.

Ya va haciendo tiempo que tomé conciencia de este detalle, cuando remontándome a los finales de los 60 y principios de los 70, me viene a la memoria un hecho que todavía recuerdo con claridad, y a estas alturas, con una sonrisa y por supuesto, sin rencor.

 

Para los que no han vivido aquella época oscura de nuestra historia, os recuerdo que los profesores de religión (católica, no cabían más opciones, incluso en los colegios públicos, como era mi caso), se permitían el lujo de interrogarte los lunes por la mañana sobre si habías cumplido el precepto de ir a misa el domingo anterior, bajo condena de palmetazo en la cabeza (si, en la cabeza) en el caso de que inocentemente confesaras que no. Pero es que mi hermano y yo teníamos una excusa que lo justificara: “No hemos podido ir a misa porque hemos ido con mi padre a ver al Albacete Balompié, que jugaba fuera…”.

Bien. Ese argumento no servía como coartada y recibíamos estoicamente el golpe del profesor, que, o tal vez era de fuera, o no le gustaba el fútbol, o era más papista que el mismísimo Papa. No tenía compasión ante esa excusa, de la que estábamos convencidos que estaba plenamente justificada. En fin…

La verdad sea dicha, nos importaba bien poco, porque era un penitencia demasiada pequeña si lo comparamos con la pasión con que a los 7 u 8 años seguíamos al Albacete Balompié, que así se llamaba antes de lo de Benito Floro, lo de llamarlo Alba y de poder verlo en televisión en colores.

Porque podíamos sentirnos unos privilegiados por poder seguir a nuestro equipo por esos campos de Regional Preferente o en su caso, en Tercera, donde veíamos a nuestro equipo en pueblos como Torre Pacheco, Petrel, Orihuela o Yecla, por poner algún ejemplo. Comparados con esos campos, el Belmonte era Maracaná, donde los rivales se venían abajo y los árbitros se venían arriba, porque había una pista de atletismo que les separaba del peligro. Esos partidos contra el Almansa…

De esos tiempos remotos, y recordándolo con mi hermano, nos quedan dos imágenes que como un tatuaje se graban para siempre. Mi padre era muy amigo del entrenador del Albacete de aquellas temporadas, lo que nos permitió cumplir el sueño que haría feliz a cualquier niño. Estar en la caseta con el equipo antes de salir a jugar, y sentarnos en el banquillo durante el partido. ¿Cuánto pagaríamos ahora por repetirlo? Sumemos además, haber podido disfrutar de las mil y una historia que nos contaba un tío nuestro, que jugó como delantero centro en el Alba, a principios de los 60.

La vida te lleva por donde quiere, y con unos veinte años salimos de Albacete a vivir fuera una temporada, y como tantos otros, la temporada se convirtió en definitiva.

Ya no tenemos familia en Albacete, ni siquiera volvemos a la Feria, pero el compromiso con tu equipo nunca desaparece. Tal vez puede que sea porque somos y seremos devotos de una religión llamada “Albacete Balompié”, y nos encanta transmitir ese sentimiento a nuestros hijos, a pesar de vivírlo en la distancia. Todo muy romántico y muy sentimental.

Pero ahora, pasemos a plantear una hipótesis que lamentablemente podría llegar a producirse. Imaginemos un escenario en el que por circunstancias económicas, el Albacete Balompié con toda su historia, llegara a desaparecer y se refundase en Albacete C.F., C.D., o algo por el estilo. ¿Se mantendría ese sentimiento? Dilema.
Ese es otro tema del que si acaso, hablaremos en otra ocasión.

@covirco

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